Chuck Prophet, esas mismas cosas viejas

Cuando Neil Young perdió el norte y Bob Dylan extravió el genio, una panda de chavales mantuvo viva la llama durante unos años, hizo germinar la semilla de la nueva música americana, que no era otra sino la misma que había arraigado en nuestros corazones, y nos entregó una colección de discos luminosos y frescos.

Chuck Prophet - Stereo, Alicante, 2017 (08)

Chuck Prophet estaba allí, en la ominosa década de los 80, al lado de Dan Stuart, y desde entonces ha pasado mucho tiempo, aquella banda llamada Green on Red quedó atrás, pero inexplicablemente el Profeta conserva la vitalidad de aquellos días, y su generosa entrega al borde del escenario, algo que cobra una dimensión distinta en salas pequeñas como la Stereo alicantina, hace que la cita con él sea irrenunciable.

Habían calentado la habitación los británicos Curse of Lono, el combo que acompaña al Profeta y sus misioneros en esta gira, y su mezcla de guitarras rockeras y armonías vocales se impuso al desinterés bullicioso de quienes preferían esperar al plato principal conversando a gritos. Remontaron la desmotivación con un set de buenas canciones, honestidad y profesionalidad, se hicieron respetar sin más arma que su música y se mezclaron con el público de las primeras filas cuando el reloj del Profeta marcaba la hora de enchufar sus equipos.

Chuck Prophet - Stereo, Alicante, 2017 (01)

Y como era previsible, y gracias a dios lo fue, lo primero en sonar tras la intro fue “Bobby Fuller died for your sins”, lo que indicaba que esta noche tampoco iba a haber cuartel. Y así fue, casi hora y media sin tregua, en la que Chuck Prophet trajo a nuestras vidas el valor de lo auténtico, de esa música sin imposturas que se renueva en cada disco para volver siempre al origen, esas mismas cosas viejas, como dice él.

Cuando alguien aparece ante ti con una guitarra que ya no brilla, que lleva las señales del tiempo en su pintura, ten por seguro que esa persona tiene algo que decir, mucho que contar, toda la música de su vida en las cuerdas. Aunque solo tenga 54 años, una edad que queda muy lejos de la de los mitos a los que reverenciamos dejándonos demasiados billetes en cada entrada.

Chuck Prophet llenó la noche de música poderosa, la sembró de duelos guitarreros con James DePrato, y nos contó historias que vale la pena escuchar – como la impagable “Jesus was a social drinker”-, rindió homenaje a los caídos del último año de la única manera posible, a golpe de guitarra, con “Bad year for Rock and Roll”, guardó para casi el final el momento en que Stephanie Finch, su mujer, abandonó el teclado para compartir con él el centro del escenario, y nunca faltó una sonrisa en su rostro.

Habló con el público antes, durante y después de las canciones, nos invitó a cantar con él e incluso nos ofreció su desvencijada guitarra acústica cuando decidió pasarse de nuevo a la eléctrica: y aunque había allí quien podía permitírselo, nadie se atrevió a cogerla, en un comprensible miedo escénico que deja en evidencia los artificiales numeritos que gente como el Boss nos ofrece diariamente allá por donde pasa.

Lo que decía, el valor de lo auténtico. Era casi la una y media de la madrugada cuando presentó uno a uno a los miembros de “The Mission Express”, una banda perfecta para sus fines, y se fueron todos ellos a firmar discos, con la misma simpatía con que habían afrontado una parada más en su itinerario por Europa, un estado de ánimo que conecta al Profeta con sus fieles y que transparenta una ilusión que no se ha perdido, la que nos mueve a estar en noches como ésta al pie de las tablas, con una cerveza en la mano. No hubo bises, él se había hecho sus propios bises en cada tema, especialmente en ese “Summertime thing” que nunca acababa, que no queríamos que acabase.

Fotos y vídeos por Juan J. Vicedo

 

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