All Them Witches: Un sonido multicolor que arrasó en Madrid

En estos días, en que está siendo demasiado habitual suspender giras y conciertos, hay una asistencia bastante pobre, incluso con grupos de cierto nivel. De hecho, es la tercera fecha en dos años que tengo agendado un concierto de All Them Witches, después del aplazamiento de su fecha anterior en Madrid, también en octubre, pero en 2021, cuando compartían cartel con los franceses Slift, y después de su más reciente caída como cabeza de cartel del festival portugués Sonic Blast en agosto, donde hubiesen redondeado lo que fue un festival increíble. Pero, como dicen, a la tercera, va la vencida. El hecho de que los americanos agotaran las entradas para el concierto de anoche después de un cambio a otra sala de mayor aforo, junto con las ganas que teníamos de verlos, eran ingredientes que predecían que podía ser una gran noche. Y así fue.

These days, when suspending tours and concerts seems to be a far too commonplace thing, the crowds have been dwindling, even with more well-known and popular bands. In fact, it’s the third time in two years that I had tickets to see All Them Witches, after last year’s postponed gig in Madrid when they shared the bill with the French stoners Slift, and after pulling out of the more recent Portuguese Sonic Blast in August, where they would’ve headlined an already amazing festival. However, as they say, the third time’s a charm. The fact that last night’s concert was sold out after already having been changed to a larger venue, plus how excited we were to see them again in Madrid, created the perfect odds to prompt an extraordinary night of music. And it was.

Con un fondo multicolor muy psicodélico y un escenario en general poco iluminado, los de Nashville, Tennessee salieron puntuales a escena en la sala madrileña La Paqui (antigua But). Desde un principio, quedó patente que la base rítmica a cargo del bajista y cantante Charles Michael Parks, Jr. y el batería Robby Staebler, se encargarían de hacernos mover la cabeza sin descanso con un ritmo pausado e hipnótico. Con una compenetración y una presencia que llenaba todos y cada uno de los huecos por los que se colaba la guitarra de Ben McLeod desgarrando riffs y punteos sin excesivos alardes técnicos, pero tremendamente efectivos. Allan Van Cleave a los teclados y puntualmente al violín, arropaba un sonido que, a mi entender, fue perfecto y muy compacto.

Hailing, basically, from Nashville, Tennessee, All Them Witches came out right on time at Madrid’s La Paqui stage, dimly lit by a hallucinogenic and multicolored screen. From the very get-go, it was clear that the rhythm section, made up of bassist and singer Charles Michael Parks, Jr. and drummer Robby Staebler, would keep us tirelessly headbanging to their slow and hypnotic beat. With their stage presence and a rock solid connection that filled each and every one of the voids that Ben McLeod used to sneak in riff after guitar riff of effective yet austere prowess, the foursome produced a perfect and extremely compact sound that Allan Van Cleave tied up beautifully with his keyboard and violin.

En general, las canciones de All Them Witches anoche fueron como el fondo multicolor que respaldaba su actuación. Un montón de estilos combinados que hacen muy difícil definir su música. Enclavados en el movimiento stoner, a mi parecer, poco tienen que ver con los recientes directos que pudimos ver de Elder, Pallbearer o Colour Haze, grupos que quizás sí tienen un estilo más definido dentro del stoner/doom. No, All Them Witches son otra cosa. Tienen teclados ácidos y psicodélicos, baterías de jazz, un poco de twang y slide en la guitarra que a veces recuerdan al blues tradicional y otras al rock sureño, e incluso en algunos momentos, con la presencia del violín, hay algo de folk… y, por supuesto, mucha distorsión. La banda ha reconocido que tienen múltiples influencias muy variadas como Pink Floyd, Grateful Dead, los Allman Brothers, Fleetwood Mac, The Doors, Led Zeppelin, Miles Davis, Neil Young y Nick Drake, y todo eso se refleja en su música.

Really, last night’s set list was not much different from the multicolored background that served as a canvas for their performance: a jumble of mixed styles that make it very difficult to define their music. Apparently stoner-steeped, in my opinion, they have actually very little in common with the live performances that Elder, Pallbearer or Colour Haze have put on recently; bands that perhaps have a more defined style within the stoner / doom movement. No, All Them Witches is something different. They give you acidic and psychedelic keyboards, jazz-infused drums, some guitar twang and slide that sometimes makes you think of traditional blues and others of southern rock, and even at times, thanks to the violin, there’s even some folk in the mix… and, of course, a lot of distortion. The band isn’t shy about referring to their eclectic influences such as Pink Floyd, Grateful Dead, the Allman Brothers, Fleetwood Mac, The Doors, Led Zeppelin, Miles Davis, Neil Young and Nick Drake, and it’s all obvious in their music.

Anoche tocaron algunos de sus temas más conocidos, como el Seger-iano «Charles William», “When God Comes Back” o “Everest” y una de sus canciones más blueseras, “Blacksnake Blues”, editada este año como parte de su Baker’s Dozen. Pero fue con “Diamond” cuando realmente pudo brillar esa compenetración en la base rítmica. Como chelista, sé lo duro que puede ser limitarte a esa base tan repetitiva a veces, pero Parks cumple su acometido con maestría. Es constante, perfectamente en sintonía con Staebler y crea un sostén sonoro inquebrantable para que las melodías puedan fluir. El momento álgido para mí fue cuando Parks, esta vez con guitarra y esa voz suya, grave y potente con toques melancólicos, se juntó con Allan Van Cleave al violín, para interpretar “The Children of Coyote Woman”. A pesar del constante alboroto de esa gente que no va a los conciertos a escuchar la música y no demuestran ni siquiera en canciones como esta, un mínimo de respeto por lo que nos están ofreciendo desde el escenario, la interpretación en acústico fue estremecedora.

Last night, they played some crowd pleasers, like the Seger-tinged «Charles William», «When God Comes Back» or «Everest«, along with one of their more bluesy songs, «Blacksnake Blues«, which was released this year as part of their Baker’s Dozen. However, it was during “Diamond” when that airtight connection in the rhythmic section really bowled us over. As a cellist, I know how hard it can be to limit yourself to such a repetitive bass line at times, but Parks masterfully delivers. He is consistent and perfectly in tune with the powerful Staebler, creating unwavering dark sonic passages so that the melodies can flow above them. One of the best moments, in fact, was when Parks, this time with 6 strings and that deep and powerful – almost melancholy – voice of his, regaled us with the ballad “The Children of Coyote Woman”, alongside fellow multi-instrumentalist Allan Van Cleave on violin. Despite the constant murmur of a few in the crowd who don’t go for the music nor seem to show an ounce of respect (even during songs like this) for the magic happening up on stage, their acoustic performance was hauntingly sublime.

Durante dos horas y con un público totalmente entregado, el cuarteto americano fue desgranando un set list que no decayó en ningún momento, y consiguió que la gente se volviese loca, pasando del movimiento pendular de cabezas a un salvaje pogo y algún que otro momento de crowdsurfing.

En resumen, uno de los mejores conciertos que he podido ver en este año que termina, sacándome la espinita de sus cancelaciones y aplazamientos.

For two hours and with an audience completely entranced and at their feet, the American quartet unfalteringly crafted song after song, managing to drive the crowd wild, from the pendulum-like movement of heads to a frenzied pogo, complete with crowdsurfers relishing in their trancelike state.

All in all, one of the best concerts I’ve been to this year and definitely worth the wait. Thank you, All Them Witches.

 

 

Text & Photos: Rafael Pajares González / Jessica Jacobsen

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