El pasado viernes, Montana Stomp volvió a demostrar por qué su fuego sobre el escenario es la traducción más honesta de su segundo disco The Horse and The Hill —un álbum que ya ha sido celebrado por su madurez sonora y su autenticidad visceral (no solo en esta casa).

La introducción mediante la épica de The Lonely Shepherd que hizo célebre Tarantino en Kill Bill daba pie a la banda que entraba desbocada en escena atacando “RNR Wheels”, abrió el telón como una declaración de intenciones, pura gasolina y sudor.
Era imposible no sentir que la noche iba a ser especial: riffs precisos, una base rítmica que golpeaba como martillo pilón y esa voz imponente de Susana Colt, capaz de sostener tanto el blues más desgarrado como el rock más bruto con una sola nota. “Broken Branch Blues” se deslizó con elegancia amarga, haciéndote respirar el humo de cada nota, dando paso a “Maybe That Day” ese blues con alma, arrastrando cada frase como un deseo que no se olvida.
“Unbroken” fue uno de esos momentos que literalmente te levantaban la piel: profunda, sincera y con el corazón a flor de piel. Susana no fue la única que se rompió entre los allí presentes. Tremendamente emotivo. “Bourbon Call“ y su trago de country destilado en vigor y luz o el tramo final desde “That Song” que evocan al Estranged de los mejores Guns n’ Roses con Oscar Díez en modo guitar hero; el “Hey Baby” de Ted Nugent totalmente llevado a su terreno, un “Troubled Sinner” aún más cañero que en disco quizás con algo menos groovie, la desgarrada “Alice” rompiendo la garganta de la Colt, o el final con “Mister” y su acelerón final en una secuencia que demostró la cohesión total entre los músicos, cerrando con fuego y complicidad pura entre banda y público.
Lo que en disco suena a tierra, sangre y carretera, en directo se traduce en una conexión humana y eléctrica con cada persona en la sala. La química entre Susana Colt, Óscar Díez en la guitarra, y el refuerzo en la segunda guitarra de Chabi Benedé en el primer tramo del concierto, junto con Beto Foronda al bajo, Adrián Garcés en la batería y Josete Meléndez en los teclados fue palpable: no era un simple concierto, sino un ejercicio de conexión total, con la banda empujando desde el escenario y el público devolviendo cada nota con atención, respeto y entusiasmo, como si las canciones se estuvieran escribiendo allí mismo, a base de sudor y electricidad compartida.
Y es que Montana Stomp no solo interpreta su música: la habita. Su propuesta fusiona el southern rock, el blues eléctrico y el rock setentero con naturalidad, y en vivo esa mezcla coge cuerpo y alma. Las canciones respiraron más fuerte que nunca, y la audiencia respondió como corresponde: con entusiasmo, sorpresa y esa sensación de haber compartido algo más que un simple concierto.
Si The Horse and The Hill ya era un disco que late, su versión en directo es demoledora. En Burlada, Montana Stomp no solo tocó: cabalgaron, rugieron y dejaron claro que su lugar está entre esas bandas que, cuando se suben a un escenario, no se conforman con sonar bien —quieren que lo sientas en el pecho, en la sangre.

Set List
- RNR Wheels
- Broken Branch Blues
- Maybe That Day
- High
- Big Blind Special
- Bad Luck River
- Bad Choices
- Unbroken
- Bourbon Call
- The Horse and The Hill
- That Song
- Hey Baby
- Troubled Sinner
- Alice
- Mississippi Queen
- Mister






































