Dos guitarristas de primera línea, un repertorio sólido y una complicidad palpable marcaron la noche en la Sala Apolo. Smith/Kotzen demostraron en Barcelona que su proyecto conjunto es mucho más que un capricho entre virtuosos.
La sala Apolo albergó una de las duplas guitarreras más interesantes que se han juntado en los últimos años. Forjada a partir de una amistad previa y no uno de esos inventos colaborativos, Adrian Smith y Ritchie Kotzen aunaron fuerzas y creatividad para publicar su primer disco. “Smith/Kotzen” fue publicado en 2021 cuando las restricciones de movilidad por la pandemia aún estaban vigentes. Aquella gira de presentación se nutrió solo de unas pocas fechas en USA y UK, dejando al resto del mundo sin la posibilidad de verlos juntos en el escenario. Por suerte, la cosa ya está normalizada y la presentación de “Black Light / White Noise” nos ha dejado un par de visitas por este país para poder disfrutar de sus composiciones.

Kris Barras Band calienta la noche
Una gira internacional que comenzó en Madrid un día antes, algo que le daba cierta sensación de desconocimiento del setlist en estos tiempos en que la información es casi inmediata. La curiosidad por ver a ambos músicos quedó clara ya desde la cola de entrada. En una época en la que los conciertos se llenan en los últimos minutos, para cuando empezó Kris Barras Band ya había una buena afición. Había mucha curiosidad por saber cómo sonaría en directo la propuesta del exluchador de MMA.

Con un set basado casi exclusivamente en su disco “Death Valley Paradise”, el cuarteto se mostró sólido sobre el escenario. Aprovecharon para presentar “All Falls Down” y “Monsters We Made”, un par de nuevas canciones. Buenos temas de hard rock con un sonido actualizado que calentaron el ambiente que iba llenando la sala Apolo.
Smith/Kotzen toman el escenario
Y por fin llegó el momento esperado. Tras el cambio de set, durante el que pudimos ver cómo el técnico de guitarras de Adrian Smith las ponía a punto con guantes, aparecieron en el escenario. La banda de esta gira la completa Julia Lage al bajo y Bruno Valverde en la batería. Ambos forman un tándem contundente a la altura de las dos figuras principales.

Desde la inicial “Life Unchained” quedaron claras varias cosas. Lo más interesante es que más allá de ser dos músicos superclase, mostraron mucha complicidad entre ellos. Se vio una evidente admiración de Kotzen a su colega y un ánimo continuo a Julia para que adelantara su posición.
Solos, voces y complicidad
Respecto al repertorio, con dos discos a la espalda, quedaba poca opción para sorpresas. Sendos trabajos se repartieron las catorce canciones que sonaron en el set principal. Los fanáticos de las seis cuerdas disfrutaron de grandes solos por parte de ambos. Son bastante distintos, pero han conseguido que el estilo más clásico de Smith y el derroche de notas que Kotzen muestra casen a las mil maravillas.

Otro aspecto es el de las voces. Adrian Smith fue perdiendo fuelle a medida que finalizaba el concierto, pero cumplió y sorprendió demostrando que le puede sacar provecho a su registro.
Bises y guiño a Iron Maiden
Con los bises llegaron las sorpresas. Kotzen sacó de su repertorio “You Can’t Save Me”, cantada con ciertos matices diferentes a la original. Una muestra de cómo las canciones evolucionan con el paso de los años.
Y para terminar el concierto, tocó escuchar al guitarrista de Iron Maiden lanzar uno de sus riffs más conocidos. “Wasted Years” hizo que toda la sala Apolo cantara de voz en grito el estribillo de la canción. Una versión en la que primó más la nostalgia que una ejecución perfecta, algo que a muy pocos les importó para despedir el concierto con una gran sonrisa.

Un gran concierto en el que a muchos les faltó escuchar algún tema más de Maiden, pero esta no era la ocasión adecuada. Smith/Kotzen es ya un proyecto consolidado y no necesitan más concesión a sus carreras en solitario que la ofrecida el pasado día 5 de febrero. Lo cierto es que gracias a él, hemos podido disfrutar de una leyenda de la música a pocos metros. Y eso, en estos días en que los grandes conciertos de estadio parecen ser la tendencia, es un gran plus.
Como reflexión final, no se entiende que un concierto así no cuelgue el cartel de “no hay entradas” cuando la banda madre es capaz de llenar estadios. Ya decía Little Steven que si solo asistiera a sus conciertos un 1 % de los asistentes a los conciertos de Springsteen, llenaría sus salas. Pero claro, en estos días parecen ser más atractivas las grandes masas que las salas pequeñas… A todas luces, un error.