Viña Rock 2026, KKR y Bad Bunny en el Super Bowl: ¿qué está pasando realmente?

«Ama a todos, confía en pocos, no hagas mal a nadie». – William Shakespeare

Hoy, el festival Viña Rock comunicó oficialmente que ha dejado de tener relación con el fondo de inversión KKR y detalló cómo será su nueva etapa. La pertenencia a este fondo, con intereses en Israel, había desatado la polémica (y, por ende, la cancelación de artistas) de cara a la edición de 2026 de un festival que se celebra cada año en Villarrobledo (Albacete). El fondo estadounidense KKR adquirió en 2025 Superstruct Entertainment, propietaria de grandes festivales en España.

Sin embargo, según algunas fuentes, como El Salto, la empresa que gestionará Viña Rock sigue vinculada al fondo proisraelí KKR.

Entonces, ¿qué está pasando?

No tengo idea.

Pero una cosa sí que sé: hoy en día, resulta difícil fiarse de nada ni de nadie. Ni de los bancos, ni de los “falsos hijos” que llaman pidiendo un Bizum, ni de los “no eres tú, soy yo”.

Vivimos en tiempos peligrosos y YO NO ME FIO.

Para empezar, no me fío de los comunicados oficiales. Tampoco del Resurrection Fest. ¿Por qué debería? Motivos para desconfiar existen. El primero: su vinculación con KKR/Superstruct Entertainment. El segundo llegó hoy mismo. En septiembre de 2025, Resurrection Fest anunció que Limp Bizkit sería uno de los cabezas de cartel de la edición de 2026 y que, tras más de diez años sin tocar en España, la banda ofrecería en Viveiro su único concierto en el país en 2026. Hoy, sin embargo, comunicaron que, “tras el éxito arrollador de Fred Durst y compañía agotando sus entradas para el Resurrection Fest EG 2026 en su día de actuación, la banda ha decidido añadir un nuevo concierto en Madrid”.

Las explicaciones no tardaron en llegar:

“… ya hemos avisado hace semanas que se iban a agotar y hay una lista de espera enorme para entradas y otros tantos miles que no podían venir. Es algo de hace poco y que permitirá a mucha gente ver a la banda tras 14 años”, añadiendo que “se planificó como fecha exclusiva pero ante la altísima demanda (prueba de ello es el sold out de entradas de viernes) la propia banda ha querido darle la oportunidad a muchísimos fans que se habían quedado sin plaza, de poder verles en directo”. – RESURRECTION FEST (desde su cuenta de Instagram)

La lectura es sencilla: la banda ha querido dar una nueva y generosa oportunidad a sus fans. No se trata, aparentemente, de sacar más pasta a dichos fans.

Entendido. Pero no me fio.

Tampoco me fío del entusiasmo desmedido en torno a Bad Bunny y su actuación en el Super Bowl. ¿Qué tuvo de extraordinario? ¿Que cantó en español? No es la primera vez: ahí están las actuaciones de Gloria Estefan, Enrique Iglesias, Shakira, Jennifer López (ellas dos en dos ocasiones, la primera junto a J Balvin ¡hace veinte años!).

Si no fue el idioma, ¿por qué el hype? ¿Por las referencias culturales a Puerto Rico? Hablamos de un espectáculo celebrado en Estados Unidos, con referencias a un territorio estadounidense, protagonizado por un artista estadounidense. ¿Eso es excepcional? Y sí, Bad Bunny es ciudadano estadounidense. A diferencia, por ejemplo, de Shakira o de Rihanna, quienes también han actuado…

¿El mérito estuvo en el discurso? ¿En hablar de amor? ¿Really? En 2026, ¿vamos a considerar disruptivo que un artista cante sobre el AMOR, cuando aproximadamente 7 de cada 10 canciones populares giran en torno a ese tema? El amor es, estadísticamente*, el núcleo de la música comercial contemporánea. El mundo me parece cada vez más horroroso, pero ¿os parece una rareza que un artista cantara sobre algo hiper mega presente en las canciones populares de toda la vida?

¿O el aplauso vino porque enumeró países de América durante su actuación? Si el asombro procede de ahí, el listón está peligrosamente bajo. Si fuerais todos estadounidenses, entendería el entusiasmo, porque la geografía no suele ser el punto fuerte de quienes hemos sido criados en EEUU. Pero, en términos estrictos, recitar nombres de países demuestra capacidad de memorización, no profundidad artística. Algo similar a lo que ocurre con ciertos programas educativos bilingües, donde niños de primaria en la Comunidad de Madrid “aprenden” Social Science en inglés memorizando y repitiendo datos complejos mientras todavía están interiorizando expresiones básicas como “Nice to meet you”. Pero empiezo a divagar más de lo habitual…

Ahora bien, sí es un hito que el puertorriqueño haya ganado el Grammy al Álbum del Año con un disco íntegramente en español. Eso merece reconocimiento, sobre todo si celebra la diversidad. Pero que un artista premiado actúe en el intermedio del Super Bowl no es una anomalía: es el procedimiento habitual. Los organizadores buscan figuras populares, y el reconocimiento de un Grammy es un fuerte indicador de ello.

El Super Bowl es, básicamente, una plataforma comercial de tres horas y media interrumpida esporádicamente por jugadas de fútbol americano. Todo lo demás (los jugadores, las protestas, la integridad) es secundario. Lo importante es que el show continúe, que la gente compre las camisetas, que beba la cerveza, mientras algunos cuentan el dinero.

El half time show forma parte de esa maquinaria. Desde sus inicios, ha intentado convertir la “rebeldía” en una estética rentable. Vende la idea de que ser consumidor es la cúspide de la identidad moderna. Igual que la NFL, que no vende a nada que podría poner en riesgo su negocio. (El precedente de Colin Kaepernick es ilustrativo aquí.)

De hecho, casi todo lo que ha rodeado a Bad Bunny en los últimos tiempos encaja en la lógica del consumo: sus letras, su imagen, las marcas que viste (como Zara, experta en vender la idea de la moda más que la moda en sí) y las asociaciones mediáticas que amplifican su presencia. Incluso su vida sentimental se convierte en extensión de esa maquinaria: su relación con una de las Kardashian refuerza el vínculo con una familia que es, en esencia, un producto perfectamente diseñado, la fusión máxima de persona y marca.

Conviene recordar cuál fue la primera gran irrupción pública del apellido Kardashian. ¿Robert Kardashian os suena? El abogado que alcanzó notoriedad por defender a su BFF O.J. Simpson en el juicio por el asesinato de la mujer que osaba separarse de él, Nicole Brown Simpson. De ahí parte una dinastía mediática que transformó exposición, escándalo y narrativa familiar en NEGOCIO global. No sé si ese origen ocupa mucho espacio en el reality The Kardashians (no lo he visto), pero explica bastante sobre la naturaleza del fenómeno. En fin, de nuevo, empiezo a divagar…

Conexiones comerciales y ‘oportunas’ aparte, seamos sinceros… Un premio Grammy, desde mi humilde opinión, no es un reconocimiento artístico genuino, sino una herramienta de marketing y de PODER, sobre todo, dentro de la industria. Black Sabbath recibió solamente UN ÚNICO GRAMMY competitivo en toda su carrera, y fue por una interpretación en directo de “Iron Man”, no por un álbum de estudio. El valor y el reconocimiento artístico no siempre coinciden.

Resumiendo, para que me quede claro:

  • tras ganar un Grammy relevante, Bad Bunny fue elegido para actuar en el intermedio del Super Bowl, como suele ocurrir con artistas en la cima de popularidad (normal)
  • en la actuación del estadounidense, hubo referencias culturales a Puerto Rico, territorio estadounidense (meh)
  • Bad Bunny cantó en español, como ya lo han hecho otros artistas en ediciones anteriores (meh)
  • su mensaje giró en torno al AMOR, el tema más frecuente de la música popular (meh)

Entonces, ¿por qué tanta gente lo sitúa como un acto excepcionalmente valiente o disruptivo? ¿Por un supuesto desafío político? Exactamente ¿qué cosas “desafiantes” dijo? (y a cambio de recibir cuánta pasta?)

Hay mogollón de artistas que últimamente están editando canciones (aunque tampoco me fio de los intereses de todxs), incluso álbumes enteros, en muchos idiomas, que desafían a Trump y denuncian las injusticias que están pasando en el mundo entero, pero de forma muy clara y contundente y sin el respaldo de la maquinaria comercial más poderosa del planeta.

Desde los bluesmen y blueswomen hasta la mayoría de los músicos de los 90, o figuras como Bruce Springsteen, Tom Morello, Neil Young o… ummm… ¿¿Woody Guthrie?? (quien ya en 1954 escribió “Old Man Trump”, una canción que denunciaba las prácticas de Fred Trump, padre del actual presidente de los Estados Unidos) el compromiso artístico no es nuevo – y no suele ser tan rentable.

Pero la cuestión aquí no es atacar a Bad Bunny. Es cuestionar el marco. Cuestionar, en general, en verdad.

He vivido la mitad de mi vida en un país permanentemente escrutado. Lo amo, pero también he aprendido a cuestionar, a no fiarme de todo fácilmente: ni de premios, ni de comunicados, ni de promotores que reformulan exclusividades cuando detectan la oportunidad de sacar más pasta de los fans que amamos ese arte tan puro que es la música; ni de festivales que niegan vínculos financieros discutibles; ni del entusiasmo viral en redes, venga de gente “conocida” o de gente random.

Yo también soy una persona random, así que tampoco deberías fiarte de este texto.

Aunque la mayoría de lo que digo aquí son hechos o preguntas, sé que no todo va a gustar. Aun así, insisto, hay que cuestionarlo todo. Tengo la sensación de que estamos dejando de pensar, de reflexionar, de investigar y de llegar a nuestras propias conclusiones. Damos por “apabullantes” y “brutales” a músicos a los que apenas hemos escuchado, simplemente porque algún falso profeta (que probablemente tampoco ha escuchado de verdad esa música) decide que merecen la hipérbole. Repetimos el adjetivo y la narrativa antes de haber hecho el esfuerzo mínimo de escuchar, contrastar y pensar por cuenta propia.

Todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero no todas las opiniones pesan lo mismo. En vez de dar por cierto algo que hemos leído u oído, o de lanzarnos a conclusiones conspirativas, quizá deberíamos callarnos más, reflexionar y, como dice el GOAT, Dave Chappelle, admitir que a veces la respuesta más honesta es “no lo sé”. Es una respuesta perfectamente válida. A veces, la mejor. Sobre todo, cuando no hemos vivido de primera mano aquello que juzgamos. 

https://research.fi/en/results/publication/0684028324https://openaccess.uoc.edu/handle/10609/129029 , https://muyinteresante.okdiario.com/curiosidades/64719.html , https://www.benalgo.es/noticias/investigadores-de-la-uma-estudian-la-evolucion-de-las-listas-de-exito-musical-y-constatan-modelos-de-dominacion-masculina.html , https://www.diariodeibiza.es/opinion/2026/02/14/canciones-amor-126816753.html , https://bibliotecapublicagines.blogspot.com/2019/04/los-hombres-le-cantan-mas-al-amor-y-el.html
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