Van Halen “5150”, el cambio de la discordia

Van Halen inició hace 40 años una nueva etapa con la incorporación de Sammy Hagar en sus filas. “5150” fue el resultado.

Quién le iba a decir a los seguidores de Van Halen que en dos años, su amada banda iba a ser la protagonista de una de esas eternas discusiones rockeras que nunca tendrán fin. La publicación de 1984 hizo más grande si cabe la leyenda de una banda que arrasaba sobre los escenarios. La popularidad de su frontman David Lee Roth sumado al virtuosismo de Eddie Van Halen y esas letras distendidas con el único objetivo de divertir resultaban la combinación perfecta para reinar durante algunos años más. El problema vino tras las bambalinas donde las tensiones entre las dos cabezas visibles se hacían evidentes. El espíritu evolucionista de Eddie queriendo usar cada vez más teclados en los temas se enfrentaba a la idea de “no cambiar algo si ya funciona” de DLR.

La ruptura oficial llegó cuando en junio de 1985, la banda anunció el fichaje del cantante de Montrose, Sammy Hagar para sustituir a Roth al frente de Van Halen. Algo que traería además consecuencias secundarias. Ted Templeman, productor de la banda desde los inicios, se quedó en el barco Roth con el que trabajaría en su EP en solitario “Crazy From The Heat”. Así pues, la banda entró en los estudios 5150 no solo con un cantante diferente, sino también con la incorporación de Mick Jones, guitarrista de Foreigner, en las labores de producción.

El 24 de marzo de 1986 se lanzaba al público “5150”. Un disco que trajo consigo una extraña sensación de no ser solo un nuevo álbum de Van Halen sino más bien una prueba de supervivencia. La preguntas flotaban en el aire desde la salida de David Lee Roth un año antes: ¿podía la banda seguir existiendo sin su carismático frontman? ¿Estarían las nuevas canciones a la altura del legado que ya cargaba la banda?

Adiós a Eddie Van Halen

La historia confirmó la respuesta a la primera de las preguntas. Para la segunda, los surcos del vinilo son capaces de dar fe que, aún siendo un estilo evolucionado, llevan en ellos grandes melodías y la sensación de que el cantante entró con el pie derecho en el entorno creativo de la banda.

Dice la leyenda que la incorporación de Sammy Hagar se produjo gracias a un tercero —un mecánico que trabajaba tanto con Eddie como con Hagar— y una llamada telefónica que el cantante, en un primer momento, creyó una broma. Pero cuando finalmente se encontraron, todo encajó con una naturalidad sorprendente. La primera jam session bastó para disipar cualquier duda: había química. Pero no una química basada en el carisma o la presencia escénica, sino en la música.

Hagar no era solo un cantante; era un músico capaz de entender el lenguaje armónico de Eddie Van Halen. Donde Roth interpretaba, Hagar dialogaba. Y eso cambió por completo la dinámica interna de la banda. Lejos de la presión de los grandes estudios, la banda trabajó en un entorno más relajado, con Eddie al mando del proceso y con la producción de Mick Jones.

Ese contexto fue clave. Por primera vez, Eddie pudo desarrollar sus ideas sin fricción. Pudo dar rienda suelta a los teclados, que ya habían asomado en “1984”, dándoles un toque mucho más presente y orgánico que en su predecesor. Las canciones ganan en estructura, en detalle, en ambición melódica ofreciendo como resultado un disco más accesible, pero también más construido.

Los resultados no se hacen esperar, y por primera vez la banda se aupa en el top del Billboard. Un logro que “1984” merecería si no hubiera coincidido en espacio y tiempo con “Thriller” de Michael Jackson. El caso es que fue “5150” el disco en conseguirlo y con pleno merecimiento. Si alguien tenía dudas sobre cuán importante iba a ser el sonido del teclado, su primer single puso las cartas sobre la mesa. “Why Can’t This Be Love”, redefine desde los primeros segundos el sonido de la banda mostrando una clara evolución en el sonido. Siguen habiendo destellos y detalles de guitarra en el tema, pero el conjunto suena más abierto dando espacio a armonías y arreglos más trabajados.

Su segundo single “Dreams”, gozó además de la popularidad que el videoclip ofrecía al mundo de la música. Arrastrado por el éxito de Top Gun, la canción se acompañó de imágenes del cuerpo de los Blue Angels, consiguiendo una campaña de marketing casi perfecta. tanto que a día de hoy sigue siendo uno de sus himnos más reconocibles de la nueva era. Construida sobre una base de sintetizadores, con la voz de Hagar desplegándose en clave épica, la canción representa el nacimiento de un Van Halen más emocional.

Otro de los cambios significativos viene a nivel lirico. Por primera vez en la historia de Van Halen se canta al amor desde un lado más emocional y maduro frente a la sensación de mera diversión que Roth otorgaba a sus letras. Eso provoca la aparición de canciones más cercanas a las baladas AOR que en los trabajos previos. Como muestra el tercero de los singles “Love Walks In”, aunque bien podría entrar en esa categoría la punta de lanza del trabajo. Esos fueron los tres temas escogidos para dar la cara en una nueva etapa, pero tras muchos años de escucha, el disco tiene muy pocos puntos débiles. Muestran la pasión y la intensidad de las primeras etapas de una relación aplicadas a la música

El arranque con “Good Enough” ya funciona casi como un guiño a los seguidores con una energía directa y riffs reconocibles. Pero es que “Summer Nights”, “5150” y “Best of Both Worlds” refuerzan esa dualidad entre músculo y melodía. Podrían haber sido singles si la “cabezonería” de Eddie con los teclados no hubiera sido tanta. Pero en su empeño por llevar la razón decidió que temas así no iban a representar la nueva etapa. Y tampoco le salió mal la jugada. Solo el cierre con “Inside”, podría considerarse la cenicienta de este cuento, pero en realidad parece solo una manera de mostrar a una banda más informal y cercana a la libertad de una jam session, dejando entrever el ambiente distendido en el que se gestó el disco.

40 años después comparar ambas etapas es inevitable, pero también reduccionista si se plantea como una cuestión de superioridad. La era Roth y la era Hagar responden a naturalezas distintas. Con Roth, Van Halen era un caos controlado, con una actitud más irreverente. En cambio con Hagar, la banda se convierte en un organismo más equilibrado en el que conviven armonía, construcción y emoción. Y el resultado es “5150” que no sustituye una identidad por otra; propone una nueva. Y lo hace sin renegar del pasado.

Pero su importancia va más allá. El disco abre una puerta hacia un hard rock más melódico y sofisticado que dominará buena parte de la segunda mitad de los ochenta. Influye en el AOR, en la producción, en la manera de entender la canción dentro del género.

Aún asi la disputa sobre qué etapa de Van Halen es mejor seguirá llenando discusiones en barras de bar, mesas de melómanos rockeros. Y que así sea… Por mi parte ambas son tan importantes y disfrutables y perfectamente compatibles. Y no hay que olvidar que con esa ruptura tras “1984” todos salimos ganando… Pero de “Eat ‘Em Smile” ya hablaremos más adelante.

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