Cuanto más revisas la trayectoria de los suizos Dirty Sound Magnet, más complicado resulta resumirla con una sola palabra. Empezaron en 2012 orbitando alrededor de un blues rock setentero high-energy, pero tras la salida de su vocalista original, decidieron no buscar un reemplazo y reinventarse como el power trio que son hoy.
Bajo la bandera de lo que ellos llaman “Creative Rock”, abrazaron territorios mucho más arriesgados: incorporaron post-funk punk, psicodelia oscura, electrónica e incluso algo de folk a lo Laurel Canyon.
Y eso tiene bastante mérito. Porque mezclar estilos es relativamente sencillo. Conseguir que convivan dentro de las mismas canciones sin que parezca un eclecticismo forzado, ya es otra historia.
La formación que integran Stavros Dzodzos, Marco Mottolini y Maxime Cosandey lleva trabajando junta desde la adolescencia. Esa continuidad explica su cohesión musical casi telepática que resulta difícil de fabricar (al menos en videos, porque todavía no he tenido la suerte de verlos en directo).
Quizá por eso sus conciertos generan tantos comentarios entre quienes los descubren por primera vez. Hace una semana estuve hablando con varios colegas que los vieron abriendo para Uncle Acid y lo curioso era que nadie parecía describir exactamente el mismo concierto.
No porque Dirty Sound Magnet hagan algo radicalmente distinto en cada tema, sino porque llevan años funcionando bajo una idea bastante sencilla: el rock no es una fórmula cerrada, sino un territorio con posibilidades prácticamente inagotables; el ‘Infinite Rock’ según ellos.
Una canción suya puede arrancar con una guitarra de tinte folk, deslizarse hacia un groove jazz-psych, y terminar convertida en una explosión de wah-wah, bajos elásticos y baterías que golpean con precisión quirúrgica.
Y, por algún motivo, todo encaja.
También ayuda que Stavros Dzodzos sea uno de esos guitarristas incapaces de sonar rutinarios. Su estilo combina una técnica asombrosa a la guitarra con una entrega vocal camaleónica que no busca sonar bonito, sino que se cree lo que canta, y por eso, engancha. Stavros también tiene tendencia a desviarse de los caminos más evidentes, lo que convierte cada directo en algo ligeramente distinto de los demás.
Su disco más reciente, Me And My Shadow (2026), sigue precisamente esa misma lógica. Es probablemente su trabajo más potente y ‘enfocado’ hasta la fecha, pero sigue dejando espacio para influencias de la world-music, viajes espaciales de diez minutos y esos demás giros inesperados que llevan años formando parte de su identidad.
Lo curioso es que, después de más de una década de actividad, Dirty Sound Magnet siguen transmitiendo la sensación de estar buscando algo. Percibo una inquietud permanente en su música que resulta bastante refrescante en una escena donde muchas veces sabemos exactamente cómo va a sonar una banda antes incluso de darle al play.
Y eso, trasladado a la cercanía de una sala, suele funcionar de forma explosiva.
Si te gustan los conciertos donde las canciones pueden respirar, cambiar de dirección y sorprender incluso a quienes llevan años siguiendo a la banda, deberías apuntar alguna de estas once fechas:
Gira Dirty Sound Magnet España y Portugal noviembre 2026
04.11 — Madrid
05.11 — Valencia
06.11 — Barcelona
07.11 — Zaragoza
08.11 — Valladolid
10.11 — Sevilla
11.11 — Lisboa
12.11 — Oporto
13.11 — Mos (Vigo)
14.11 — Avilés
15.11 — Bilbao
Las entradas ya están disponibles.