The Soulbreaker Company: ‘Sins’

The Soulbreaker Company llevan 23 años girando la tuerca. Sins es lo que suena cuando dejas de preguntarte si está bien apretada.

Podría empezar hablando de Electrical Audio. Del pedigrí. De que grabar ahí un año después de la muerte de Albini es un gesto. Pero lo que me interesa no es el gesto, es lo que viene antes: por qué eligieron ese sitio sabiendo que todo el mundo iba a leerlo como homenaje o postureo. La respuesta solo la entiendes si alguna vez has estado en una sala viendo cómo un técnico mueve un micrófono un centímetro y cambia todo. Básicamente, postureo vs saber que el trabajo del ingeniero es desaparecer. Y aquí desaparece.

Sins suena a que los micros estaban ahí y la banda tocó. No a que alguien pasó tres semanas editando toma tras toma. Ese milisegundo de aire antes de que Moreno cante en “Abd Al Rahman” es la prueba de que nadie dijo “vale, otra vez, pero más limpio”.  Y ya que estoy: las guitarras de esa canción, las armonías, ese juego de pasar de un hifi a lofi… todo eso está al nivel de esa decisión (que es altísimo, por si no quedaba claro).

Llevan 23 años. Eso suele significar “hemos encontrado la fórmula y la vamos a exprimir hasta que los dedos sangren”. The Soulbreaker Company ha hecho lo contrario: 40 minutos, canciones cortas, nada de pirotecnia de manual. Y ojo, no creo que sea modestia. Es la confianza de quien ha dejado de medirse con la yarda de los demás.

La lista de cambios de formación (bajista que pasa a guitarra y canta, ex de Arenna a la batería, un fundador que se va), en la mayoría de las bandas, es el sonido de un barco hundiéndose. Pero luego escuchas a canciones como “Jump The Fault Line” y te das cuento que todo eso funciona. Suena a alguien que llevaba años queriendo gritar y por fin le han dado el micrófono. Cuando una banda insegura se reestructura, sobreproduce para compensar e intentar tapar las grietas. Aquí las grietas están a la vista. Y aguantan – sin problema.

“Reaching The Dragon” es un respiro acústico folk-setentero en medio de un disco que en otros momentos roza lo apocalíptico. Podría leerlo como incoherencia, pero prefiero pensar que se trata de una necesidad fisiológica: cualquiera que haya pasado los últimos años con los ojos abiertos sabe que el mundo va mal. Buscar belleza en medio del desastre no es escapismo. Es supervivencia.

Insisto en “Jump The Fault Line” porque merece la pena. Es sucia y vocalmente casi agresiva. Me gusta que suene a gira y a épica a la vez. Me gusta que no hayan limado las imperfecciones. Me gusta, sobre todo, lo que me pasó con esa canción y no me esperaba.

Desde la primera escucha había algo que me sonaba familiar. No a otro grupo contemporáneo ni a ningún clásico del rock al uso, sino a una vieja melodía que llevaba décadas escondida en algún rincón de la memoria. Crecí cerca de Kalamazoo, Michigan. Una ciudad conocida por Gibson, por Kellogg’s, y también por la conexión con la Glenn Miller Orchestra y su célebre (al menos para los Michiganders y amantes de las big bands) “I’ve Got a Gal in Kalamazoo”.

Fue a través de una grabación de Glenn Miller como conocí de niña “When Johnny Comes Marching Home”. Durante años pensé que era una versión de la canción de campamento “The Ants Go Marching” y no al revés. Total, que cuando escuché “Jump The Fault Line”, la asociación fue inmediata: ese pulso marcial, ese avance constante, ese contorno melódico… a mí me sonó a esa vieja canción popular estadounidense. Y puedo decir con casi total confianza que The Soulbreaker Company, del país vasco en Europa (por muy “nativo” que suene la pronunciación en inglés), no lo hizo adrede, pero me da igual. Cuando una canción te conecta con algo que creías olvidado, la música ha cumplido.

Hacia el final del álbum, “Road And Bread”. Sí, sigo escuchando de Cara A a Cara B, llámame romántica. Si os soy sincera, las primeras veces me sonó a relleno. Pero de repente entendí: esto es la banda diciendo “también sabemos estar quietos”. The Soulbreaker Company saben que pueden bajar la intensidad sin que nadie se vaya a la barra o a la calle a fumar un piti con sus colegas. La voz de Jony aquí demuestra unas tablas que no se discuten, y los teclados me parecen colocados de forma muy “inteligente”.

“In Rome” me tiene dividida. Y no es fácil de explicar porque no es una cuestión técnica. Es más bien convivencia estética. ¡Y de gustos!, que ya sabemos que los míos son míos. El caso es que Lasto deja el bajo más atrás de lo que mi adicción al low-end necesita y en ese espacio se cuelan los teclados de Javi Arteaga. Que conste: Javi es un monstruo. Pero ese brillo, esa redondez me transporta directamente a los 80 (o incluso a la sintonía de The Neverending Story – sorry, not sorry), y eso choca con la inmediatez de sala que otras canciones de Sins construyen tan bien. En una canción que pide groove y cuerpo, que la atención se vaya hacia el brillo en lugar de hacia las tripas me cuesta seguir. Dicho eso, admito que esos teclados, junto con el final muy grunge noventero, me resultaron muy nostálgicos. Así que no sé. Dividida, dije.

Los teclados en el cierre, “Be On The Run”, son otra historia. La yuxtaposición con las guitarras me parece muy acertada. Una preciosidad de canción que me recuerda a lo que me encanta de bandas setenteras como Yes o Uriah Heep, pero con más urgencia. El sello The Soulbreaker Company está ahí.

Y ¿qué es ese sello? Pues, incluso después de siete discos, no te lo podría decir. He escuchado Sins muchas veces, en muchos contextos distintos, y cada vez pega distinto. Pero hay algo que sí tengo claro.

Los he visto en directo. Lo que hacen en un escenario es pura magia. Su templo no está en Chicago ni en una sala de ensayo de Vitoria. Su templo es cualquier garito, grande o pequeño, con luces o sin ellas, con olor rancio a sudor mejor, y con una peña que le mola moverse al ritmo del rock and roll. Porque al final la música se siente en las costillas antes de que te dé tiempo a pensar si te gusta o no. The Soulbreaker Company todavía me las magullan. Y después de tantos años girando la tuerca, eso no es cualquier cosa.

Búscalos. No te arrepentirás.

De momento, tocan HOY mismo en la Jimmy Jazz de Vitoria con Tigreses.

ENTRADAS: https://jimmyjazzgasteiz.com/es/the-soulbreaker-company

THE SOULBREAKER COMPANY en redes: Bandcamp I Instagram I Youtube  

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