Druidess debutan con “Trip Meadow”, un álbum con el que abren una nueva puerta a los sonidos más pesados y envolventes a la vez. La banda británica presenta un trabajo sólido y con una personalidad que se sustenta gracias a la densidad del doom, la energía del hard rock setentero y la libertad creativa del heavy psych. Un claro objetivo donde el resultado final es un sonido cálido con tonalidades oscuras y con un inconfundible aroma retro.
Uno de los grandes atractivos del disco es la interpretación vocal de Shonagh Brown, cuya voz combina oscuridad, sensualidad y una enorme capacidad melódica. Su presencia se complementa a la perfección con los exuberantes teclados de James Hill creando atmósferas sugestivas. El protagonismo del órgano aporta un carácter psicodélico a buena parte de las composiciones. La formación la completan Daniel Downing, encargado de las guitarras y del saxofón y Sam Armstrong a la batería. Downing introduce uno de los elementos más distintivos del álbum, la aparición del saxofón en varios pasajes. Un recurso poco habitual dentro del doom que da colorido sonoro y refuerza la identidad de la banda.
Mientras tanto, Armstrong sostiene cada tema con una interpretación contundente y dinámica, capaz de alternar la pesadez característica del género con momentos de mayor intensidad. Druidess se mantienen firmes entre la lentitud y los riffs graves del doom metal clásico, el fuzz del stoner rock, una base rítmica heredera del hard rock setentero y las texturas psicodélicas. Druidess demuestra tener una identidad bien definida, con esta carta de presentación dejan bien claro que tienen posibilidades creativas para dar continuidad a esta primera entrega.