Antes de convertirse en uno de los grandes guitarristas de su generación, John Mayer conquistó al gran público con “Room For Squares”. Esta es la historia de sus comienzos.
Cuántas historias de amor no han empezado con una simple conversación en un bar. Y no necesariamente ha de ser dentro del concepto clásico romántico. Muchas veces esas historias se inician en una conversación cuando quizás los destilados ya han ocupado su espacio en el cuerpo y se producen esas eternas discusiones musicales. Y entre debate y debate siempre había algún momento para un comentario como «tenéis que escuchar esto…».
Así fue como conocí, una de esas noches, a John Mayer. Un par de vídeos extraídos de su “Where the Light Is”, un directo imprescindible para quien quiera ver y escuchar el potencial de un músico que se encuentra mucho más cómodo en la liga del pop que en la de los grandes guitar heroes. Y no será por falta de calidad y talento. John Mayer posee una voz y una habilidad a las seis cuerdas difíciles de encontrar bajo un mismo cuerpo.
Aquel “Gravity” sirvió de hilo del que tirar hasta deshacer todo el ovillo y descubrir el resto de su discografía. Pero todo recorrido tiene un inicio al que echar la vista atrás y recuperar el génesis de un artista que nunca ha pisado este país.

Por aportar un breve apunte biográfico, John Clayton Mayer nació y creció con la generación MTV y la música de los ochenta. Sí, esas producciones de Phil Collins, las guitarras del Clapton más comercial, los clips llenos de neones, Mark Knopfler… A estas alturas a más de uno ya le habrán sangrado los ojos, pero admitámoslo, muchos crecimos con todo eso y podemos entender esa fascinación. Pero junto a esos referentes, los nombres de Stevie Ray Vaughan y Jimi Hendrix fueron los que hicieron que el joven John Mayer se lanzase a querer perfeccionar su conocimiento de la guitarra a través del blues.
Tras pasar por Berklee, como todo buen niño prodigio que quisiera destacar en la música, Mayer se decidió a recorrer cualquier bar junto con el guitarrista Clay Cook donde presentar sus canciones. Durante esos años empezó a formarse la idea de darle forma al primer EP “Inside Wants Out”, un trabajo autopublicado que terminó despertando la curiosidad de Columbia Records, con quien Mayer grabaría su primer disco “Room For Squares”.
“ROOM FOR SQUARES” (2001)
El disco debut tuvo una doble salida. La compañía independiente Aware Records lanzó una primera edición el 5 de junio de 2001. Pero el acuerdo de la misma con Columbia hizo que el 18 de septiembre de aquel mismo año John Mayer pudiera ver el trabajo relanzado bajo el paraguas de la multinacional. Para entonces, aquel joven que había abandonado Berklee y se había instalado en Atlanta para ganarse al público concierto a concierto comenzaba a comprobar que su apuesta podía haber sido acertada.

Buena parte de aquel salto tuvo como responsable al productor John Alagia. El EP “Inside Wants Out” había terminado llegando a sus manos a través de un contacto de ASCAP y Alagia quedó impresionado tanto por las canciones como por la manera de tocar de Mayer. Después de varias conversaciones y de trabajar juntos en la grabación de un concierto en Atlanta, acabó convirtiéndose en el productor que el guitarrista quería para su primer álbum.
La grabación fue además sorprendentemente rápida. Las bases se registraron en Loho Studios de Nueva York durante aproximadamente ocho días y el proceso completo ocupó alrededor de 28 jornadas, continuando posteriormente el trabajo en el estudio de Alagia en Maryland. Algunas de las mezclas pasaron también por las manos de Jack Joseph Puig en Ocean Way, Hollywood. Un tiempo relativamente corto para dar forma al álbum que supone la primera piedra oficial en el camino de Mayer.

El disco se inicia con una recuperada y trabajada “No Such Thing” que, al igual que el resto de temas procedentes del EP, mejora vestida con los arreglos y una sonoridad más eléctrica. No fue la única superviviente de aquella primera etapa. “My Stupid Mouth”, “Neon” y “Back To You” también recibieron una segunda oportunidad, algo lógico teniendo en cuenta que el propio Mayer veía “Inside Wants Out” prácticamente como una carta de presentación que vender en sus conciertos mientras esperaba la oportunidad de grabar «el disco de verdad».
De los temas nuevos destaca “Why Georgia”, en la que se mantiene el espíritu acústico de las primeras composiciones y cuya letra recoge perfectamente las dudas de aquel Mayer que todavía intentaba averiguar si había elegido correctamente su camino. También apareció “Your Body Is a Wonderland”. Cuatro minutos de almíbar musical que terminarían proporcionándole su primer Grammy, al imponerse en 2003 en la categoría de Best Male Pop Vocal Performance. Curiosa carta de presentación para alguien que con el paso de los años acabaría siendo reconocido como uno de los guitarristas más interesantes de su generación.

Los nuevos arreglos, rozando por momentos el jazz, para “Neon” enriquecen aún más el tema y aportan cierta madurez respecto a la versión original. Precisamente ahí se escondía uno de los secretos de Mayer. Aunque la industria comenzaba a venderlo fundamentalmente como cantautor, él seguía considerándose antes guitarrista que cantante. Su peculiar manera de acompañarse ya incorporaba bajo las seis cuerdas buena parte del ritmo y la percusión que normalmente repartiría una banda completa. “Neon”, con su particular afinación y esa endiablada digitación, supone un buen ejemplo de la calidad que John Mayer atesora en sus dedos.
La influencia de Dave Matthews Band en todo el disco es notoria, pero temas como “City Love”, en la que Jimi Hendrix y ciertas armonías beatle sobrevuelan, dejan ver el potencial que aún estaba despertando. Si a eso le sumamos algún momento pseudo driving rock como “Love Song For No One” o la evocadora nueva versión de “Back To You”, hacen de este debut un disco muy disfrutable.

Entre las canciones menos evidentes se encuentra “3×5”, que ni siquiera estuvo terminada a tiempo para formar parte de la primera edición de Aware y fue incorporada posteriormente. Y resulta significativo que, preguntado por su favorita del álbum, Mayer no escogiera ninguno de los singles que lo estaban convirtiendo en una estrella, sino la extensa “St. Patrick’s Day” que cerraba el trabajo.
El tiempo terminó dando una dimensión mucho mayor a aquel debut. “Room For Squares” alcanzó el Top 10 del Billboard 200, mientras “No Such Thing” y “Your Body Is a Wonderland” entraban en el Top 20 estadounidense. Las ventas terminarían convirtiéndolo en un álbum multiplatino y, de repente, aquel guitarrista que poco antes tocaba en pequeños locales de Atlanta había encontrado la respuesta a muchas de las preguntas que plantea en “Why Georgia”.
Bajo una pulida producción y unas canciones con cierta tendencia al azúcar se encontraba un músico que todavía no había mostrado todas sus cartas. El blues, el jazz, Jimi Hendrix y la obsesión por la guitarra ya estaban allí, aunque todavía escondidos detrás del artista que Columbia pareció querer como nueva sensación del pop. Etiqueta que con los años se quitaría un poco con “Continuum” y “Try”. Pero no nos engañemos, en el terreno pop es donde más cómodo se encuentra. Y por eso da mucha más rabia escuchar los dos discos citados donde muestra su potencial. Aun así, escuchar 25 años después ese primer trabajo sigue resultando agradable. “Room For Squares” quizás no sea el mejor disco de John Mayer, pero contiene en sus canciones muchas características sobre las que ha sido capaz de construir su carrera.