Kimmi Bitter tiene nuevo disco, “Bittersweet”

Con “Old School” (2024), Kimmi Bitter dejó claro que lo suyo no era un simple ejercicio de nostalgia. Su debut respiraba country clásico por los cuatro costados, con una naturalidad que lo convirtió en una de las grandes sorpresas del circuito americana. Ahora regresa con “Bittersweet”, su segundo álbum, que verá la luz el 21 de agosto, y los primeros adelantos confirman que sigue ampliando su universo sonoro sin perder de vista sus raíces.

Canciones como “Tremolo” son una buena muestra de esa evolución. El aroma western sigue presente, pero ahora convive con guitarras de surf rock, arreglos más cinematográficos y una interpretación vocal que continúa siendo el mayor activo de la californiana. Como escribió Charles Bukowski, “El estilo es la respuesta a todo”, y pocas artistas actuales parecen haber entendido mejor esa máxima.

Lo curioso es que Bitter no empezó haciendo country. Hace apenas una década lideraba una banda de rock psicodélico con tintes blues junto al guitarrista Willis Farnsworth, el bajista Ben Neal y el batería Justin de la Vega. No fue hasta 2019 cuando decidieron dar un giro hacia el americana y el country, un cambio que, visto con perspectiva, parecía inevitable.

En 2022 publicó el sencillo “My Grass Is Blue”, justo cuando el country tradicional comenzaba a recuperar terreno frente a una escena dominada durante años por el bro-country. 

El resultado fue Old School, un debut que terminó llevándose el premio al Mejor Álbum Country/Americana en los San Diego Music Awards 2025 y que confirmó a Bitter como una de las nuevas referencias del retro-country. No tardaron en aparecer las comparaciones con Patsy Cline, aunque lo cierto es que su propuesta siempre ha tenido personalidad propia.

Con “Bittersweet”, Bitter no pretende repetir la fórmula. Durante los dos últimos años ha trabajado en un disco que incorpora parte de aquel pasado psicodélico sin abandonar el sonido countrypolitan de principios de los sesenta. Roy Orbison, Patsy Cline o el pop orquestal de Nashville siguen sobrevolando las canciones, pero ahora también aparecen ecos del San Francisco de finales de los sesenta, del surf rock californiano e incluso de bandas como Jefferson Airplane.

La propia artista reconoce que quería alejarse de la estética honky-tonk y abrazar definitivamente sus raíces californianas. Esa identidad se percibe tanto en el sonido como en la producción, mucho más ambiciosa que en su debut. Bitter define el álbum como un viaje, casi como unas vacaciones musicales donde conviven baladas de desamor, instrumentales de surf y una atmósfera envolvente que busca transportar al oyente a otra época.

No es casualidad que una de las comparaciones que más escucha sea que sus canciones parecen sacadas de la banda sonora de una película de Quentin Tarantino. Lejos de incomodarle, lo considera uno de los mayores elogios que puede recibir y no oculta que uno de sus grandes sueños es que alguna de sus composiciones termine formando parte del universo cinematográfico del director.

Más elaborado, más caro y con una producción mucho más cuidada que Old School, “Bittersweet” aspira a consolidar definitivamente a Kimmi Bitter como una de las voces más interesantes del country de raíces contemporáneo. Si los adelantos sirven de referencia, todo apunta a que volverá a situarse entre los lanzamientos más destacados del año para quienes siguen disfrutando del country clásico con aroma vintage, pero sin renunciar a una personalidad propia.

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