Europe o la locura de una cuenta atrás de cuarenta años.

Europe celebraron los 40 años de “The Final Countdown” en Barcelona con un concierto cargado de nostalgia, grandes clásicos y nuevos temas. Con ellos, The Damn Truth como teloneros de lujo reafirmaron que aun queda mucho rock que crear.

En tiempos en los que parece que cada vez hay más cosas artificiales y sin sustancia, se agradece ver que las emociones son capaces de sobreponerse a eso y sobrevivir al paso de los años. Y es que solo había que darse una vuelta por la acertadamente montada carpa invernal que cubría la plaza del Poble Espanyol para escuchar mil historias diferentes cargadas de nostalgia. Y todas tenían un mismo punto en común: Europe y los momentos en que “The Final Countdown” llegó a sus vidas.

Ya comenté en mi particular descubrimiento de la banda, que hubo una época en la que o los amabas o los odiabas. Por suerte, el respeto y una mirada atrás crítica están poniendo a la banda sueca en el lugar que se merece. Aunque ellos se empeñen en celebrar una y otra vez el mismo disco. Pero seguro que hay pocos músicos que preferirían no ser recordados a poder revivir cada diez años un fenómeno como el que Joey Tempest y los suyos fueron capaces de crear.

Tras una semana de tormentas terribles y con un ojo puesto en el cielo durante todo el día, el Poble Espanyol presentaba una entrada envidiable ya cuando The Damn Truth saltaron al escenario. Lo reconozco, no hice los deberes con la banda, pero creo que fue mucho mejor. Así el impacto fue mayor. Los canadienses arrancaron un show con “Be Somebody”, conscientes de que son una banda poco conocida por estas tierras. Pero, viendo la comunión que se produjo con el público, más de uno se habrá quedado con su nombre. Y es que la potente voz de Lee-la Baum y los riffs y ritmos con un punto pop los hacen irresistibles.

Aprovecharon su corto tiempo para mostrar hasta cuatro temas de su reciente disco homónimo, del que “Love Outta Luck” ha pasado a mi lista de habituales. Todo actitud y derroche de energía desplegada sobre el escenario para terminar de calentar un ambiente que ya se había olvidado del frío exterior. El paso de The Damn Truth se hizo corto, pero eran conscientes de que, mientras saludaban al público, su próximo concierto en sala contará con algún convencido más. Temas como “Tomorrow” o “Get With You” merecen una sala sudorosa.

Llegaba el momento de revivir la nostalgia con Europe. Pero para eso aún quedaba reivindicar un poco que siguen en plena forma y trabajando con material nuevo. El leitmotiv de la gira estaba claro: celebrar que no todos los días se cumplen 40 años del disco que los catapultó a la fama, y quedaba claro que iban a interpretarlo entero. Quedaba por saber con qué ocuparían el resto del repertorio. En su gira del 30.º aniversario, además del susodicho, tocaron íntegro aquel “War of Kings”. ¿Harían lo mismo con su reciente “Come This Madness”?

La orquestal intro de “Scandinavian Eyes” ya dio a entender que su nuevo disco tendría espacio, pero no protagonismo absoluto. Sorprendió el excelente sonido desde los primeros compases y comprobar que la banda es una auténtica locomotora blindada a prueba de fallos. El nuevo tema sonó contundente y con cierto aroma a puente con los sonidos más clásicos del hard rock. “Walk the Earth” aportó más dureza y comenzó un repaso a la trayectoria de la banda posterior a “The Final Countdown”.

“Superstitious” fue la primera en arrancar el ejercicio de nostalgia pura del show, viendo el entusiasmo con el que la acogieron. “One on One” (tremendo bajo de Leven), junto con “Cult of Ignorance”, cubrieron la presentación de “Come This Madness”. Pero antes de llegar a la locura a la que habíamos venido hubo tiempo para una épica “Last Look at Eden” y una infravalorada “War of Kings”. Otro de los buenos momentos de la noche fue ver a Joey Tempest colgarse una acústica para acompañar a Mic Michaeli y desnudar un poco más una balada como “Prisoners in Paradise”, con una voz que la hizo brillar de nuevo.

Sin parones ni pausas esta vez, las fotos de época llenaron los paneles del escenario y “On Broken Wings” dio el pistoletazo de salida al recuerdo. Bonito detalle recuperar una cara B para empezar. La canción que abría el disco y que estaba destinada a ser el gran tema de obertura de los directos tuvo que esperar al momento que ahora le pertenece. Pero desde “Rock the Night” siguieron el mismo orden que el establecido en su trabajo. Como siempre, “Carrie” hubiera hecho levantar mecheros como para convertir aquello en una vigilia oratoria. Y con ella, la señal más clara de que se cumple aquello que se decía de que los «metaleros tienen su corazoncito».

Desde fuera da la sensación de que la banda disfruta de los conciertos y aún tiene espacio para divertirse sobre el escenario. Homenajearon a su road crew tratando de recrear el ambiente de los ensayos, incluso con Tempest terminando “Danger on the Track” con un trozo de pizza cual adolescente hambriento. No dudó en bromear sobre su parecido con Raphael y no paró de posar y usar cada truco escénico aprendido durante los más de 40 años de carrera.

Mientras, entre el público, las escenas de headbanging, de air guitar y de puños en alto se repetían con canciones como “Cherokee” o “Ninja”. “Time Has Come” rebajó un poco las revoluciones, con Tempest sacando de nuevo la acústica. Un ligero respiro para encadenar “Heart of Stone”, esa pequeña joya que es “On the Loose” y un “Love Chaser” que anticipaba el esperado final. Con una banda que había brillado toda la noche se hace difícil destacar a uno solo.

John Norum se encuentra en un nivel tanto creativo como musical sublime, y mantiene la clase y la ejecución propias de un superclase de las seis cuerdas como es. Y la base rítmica de Leven y Haugland es firme y segura, con la precisión que da el tiempo. Mic Michaeli aporta los teclados y los únicos coros. Algo que, si hay que poner algún pero, sería fácil de solucionar. Un concierto excelente que se hizo corto para todos. Una hora y media nunca es suficiente cuando lo pasas bien. Con que hubieran cubierto el total de sus discos con “Seven Doors Hotel” y “Scream of Anger” habría quedado un concierto para el recuerdo.

Pero aún nos quedaba la guinda del pastel. Con los años, “The Final Countdown” ha pasado de ser pensada como tema inicial a cierre épico y apoteósico. A estas alturas es casi como una máquina del tiempo emocional para todo el que haya asistido a alguno de los conciertos de la banda. Podrías estar con una bebida alcohólica en la mano viéndolos, pero en tu cabeza de repente volvías a tener 40 años menos y todo un flash de imágenes recorría tus terminaciones sinápticas a la velocidad de la luz. Y eso no hay muchas canciones o grupos que lo consigan. Solo por eso, Europe merece tener su sitio entre los grandes nombres de la música.

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