Juan Navazo Band + Subtónica, 9 de mayo en la Jazzville de Madrid

Lo primero que llama la atención de la Juan Navazo Band (Juan Navazo: voz, guitarra, teclados; J. Biscuit: batería; Klavo13: guitarra y coros; Fernando Carrillo: bajo) no es que tengan un sonido reconocible, sino que desde el principio parece que saben exactamente cómo quieren sonar.

Si eres músico, seguramente llevas toda la vida escuchando música de todo tipo. Y toda esa música te marca. No debe de ser fácil encontrar una voz propia. Ni comprobar hasta qué punto se sostiene cuando le quitas el contexto que la rodea.

Sin embargo, tengo la sensación de que el proyecto de Juan Navazo, aunque su debut homónimo sea reciente (2024), ya tiene una identidad muy definida: canciones construidas desde el detalle, melodías que se quedan pululando en tu cabeza, solos de guitarra que entran con una intención consciente y una comprensión y sensibilidad afiladas del espacio y la estructura dentro de cada tema.

Eso probablemente tiene mucho que ver con el recorrido de Navazo como compositor para cine y televisión (echa un vistazo a su página web y, si eres como yo, te sorprenderá la cantidad de bandas sonoras que ha firmado). En sus canciones no hay una producción entendida como simple “acabado”, sino como parte de la propia narrativa. Cada arreglo parece estar compuesto y colocado con precisión para crear una atmósfera concreta, y esa dimensión cinematográfica atraviesa todo el proyecto. Y ojo, sin convertirlo en un ejercicio frío ni excesivamente calculado.

Lo interesante es que, pese a moverse entre el rock, la canción de autor y un rollo que definiría como “sensibilidad noventera”, la Juan Navazo Band hace música difícil de etiquetar. No es meramente una suma de referencias. Hay ecos reconocibles (la voz de Bunbury ha acabado llegando a lugares tan improbables como Till Lindemann versionando a Héroes del Silencio, así que tampoco es raro que eso acabe dejando huella en un cantante español), pero también una forma muy personal de construir con el castellano, lejos de ciertos códigos demasiado previsibles que a veces redundan en el rock hecho aquí (al menos a mis oídos guiris). Las canciones respiran distinto.

A lo largo de los lanzamientos, se percibe además una coherencia poco habitual: no solo en el sonido, también en la estética visual, en la manera de presentar cada canción y en esa sensación de estar ante un proyecto que ha preferido construirse con calma antes que arrancar de prisa y corriendo.

“Soñarte”, por ejemplo, tiene una estética muy marcada de ‘road trip californiano en busca de la verdad’, mientras que “El Trayecto Hasta Aquí” se mueve hacia un territorio más rítmico, menos cantautor y más cercano a lo que asociarías con una banda ‘de rock’. El cambio es real, pero la sensación de estructura sigue siendo reconocible, casi como si las canciones se construyeran desde una misma arquitectura interna.

Por eso, su próximo concierto el próximo 9 de mayo en la sala madrileña Jazzville tiene algo especialmente atractivo.

Creo que el formato acústico permitirá escuchar estas canciones desde un lugar distinto. Sin ese posible armazón sonoro que las envuelve (¿protege?) en estudio, la banda presentará nuevas versiones de su repertorio y adelantará además lo que viene en su próximo trabajo, que verá la luz en breve.

Tiene pinta de ser una oportunidad para acercarse a la esencia de unas canciones que parecen deliberadamente pensadas para revelar matices diferentes cada vez que cambian de contexto. De hecho, a veces me surge la duda de si esa estética tan pulida condiciona la escucha o si, directamente, es lo que define la forma en la que se perciben.

Y quizá ahí esté la clave de este concierto.

No tanto en confirmar lo que ya funciona en disco (eso ya está bastante claro), sino en ver qué ocurre cuando desaparece la capa que lo sostiene todo: si las canciones siguen respirando igual o si dependen de ese “paisaje” que las envuelve. Ese tipo de respuesta solo se obtiene una vez: en la sala, en ese momento concreto.

El formato acústico no solo cambia el sonido: cambia la forma de escuchar. Reduce la distancia, elimina apoyos y obliga a las canciones a sostenerse con menos. En una sala como Jazzville, eso suele jugar más a favor de quien tiene algo que decir que de quien necesita esconderse.

La noche contará también con la presencia de Subtónica, el alter ego del polifacético músico cordobés Javier Estévez (Estirpe), sumando otra personalidad a una velada que se plantea más como una experiencia de escucha que como un concierto al uso.

Habrá que salir a verlos el 9 de mayo para comprobar si estas canciones siguen diciendo exactamente lo mismo… o algo distinto. Y, sobre todo, para ver de qué lado cae la balanza cuando ya no hay nada más que las sostenga.

Juan Navazo Band en redes: Instagram I Facebook I Web

Escrito por
More from je55iejay

LÁTIGO MANTRA presentan ‘En Caso de Emergencia’ en Madrid junto a TAK SUENA

Madrid acoge la presentación de En caso de emergencia, el nuevo trabajo...
Leer Más

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.