Pocas figuras de la historia del rock pueden presumir de haber dejado su huella tanto detrás de la mesa de mezclas como sobre un escenario. Alan Parsons, ingeniero en obras fundamentales de The Beatles y Pink Floyd y creador de uno de los catálogos más elegantes del rock progresivo, ofreció en el Blaumarí Music una actuación muy especial en la que el pasado y el presente de su carrera se dieron la mano.
Quizás solo los más expertos podrían tener una idea de lo que Alan Parsons tenía previsto para su concierto en el Blaumarí Music de Barcelona antes de que los músicos salieran al escenario flotante. A estas alturas resultaría extraño presentar a alguien cuyo nombre se ha asociado a obras tan magnas como “Abbey Road”, “Let It Be” o “The Dark Side Of The Moon”. Pero no siempre se presta suficiente atención a los créditos de los discos y ese dato podría haber pasado desapercibido. Para la gran masa, el productor y músico es la mente creativa tras un clásico como “Eye In The Sky”. Incluso los menos melómanos y más interesados en el deporte han tenido que escuchar en más de una ocasión la instrumental “Sirius”. De hecho, ahora que se está celebrando el Mundial, la pieza se puede escuchar antes de cada partido.

Un público muy heterogéneo esperaba la aparición de Alan Parsons y los siete músicos que componen este Live Project. Para dar vida al inconfundible universo sonoro del músico e ingeniero británico lleva años rodeándose de una formación de auténtico lujo. Junto a él, alternando guitarra rítmica, teclados y voz, se encuentra P.J. Olsson, encargado de asumir buena parte de las voces principales y convertido desde hace años en una pieza fundamental de la banda. Las guitarras corren a cargo del virtuoso Jeff Kollman y de Dan Tracey, ambos aportando además apoyo vocal y una versatilidad que permite recrear sobre el escenario la riqueza de los arreglos originales.
La sección instrumental se completa con el polifacético Todd Cooper, responsable del saxofón, la percusión y las voces; el bajista Guy Erez, cuyo sólido trabajo rítmico se ha convertido en uno de los pilares del directo; el veterano teclista Tom Brooks y el batería Danny Thompson, encargado de aportar la precisión y la potencia necesarias para un repertorio tan exigente. En el centro, Alan Parsons dirige esta formación aportando voces, guitarras y teclados sin más protagonismo extra que el que le otorga su espacio elevado.

Bajo las notas de “I, Robot”, los músicos fueron tomando posiciones. Son evidentes las señales que el tiempo y la edad van dejando sobre él. Aun así, Alan Parsons ocupa su sitio con una energía lejos de lo que podría suponerse. Comenzaron con “Standing On Higher Ground”, en la que pudimos comprobar la calidad vocal que todos los músicos tienen. Lejos de permanecer en segundo plano, Alan Parsons tomó la voz principal en “Don’t Answer Me”. Con “Time” e “I Wouldn’t Want To Be Like You” avanzaba el concierto sin mucha sorpresa, pero siempre con una precisión de neurocirujano en la ejecución de los temas.
Entre el público, solo los más avispados presentían que el concierto iba a ser especial. La opción más sencilla era que, estando en Barcelona, recuperase “La Sagrada Familia”, que tan en boca ha estado estos días, de su trabajo dedicado a Gaudí. Algo que sucedió en la segunda parte del concierto. Pero solo los más expertos podían saber que concretamente un 25 de junio de 1976 salía “Tales of Mystery and Imagination”, el primer trabajo de The Alan Parsons Project. Estaba claro que algún tema del disco aparecería en el set. Lo que nadie esperaba es que Alan Parsons tomara la palabra para informar de que, siendo el día en que se cumplían cincuenta años de la aparición del disco, lo tocarían en su integridad.

El impresionante speech de Orson Welles dió el pie perfecto para que la obra de Edgar Allan Poe tomara protagonismo en el escenario del Blaumarí. Tras terminar con la cara A del trabajo, Alan Parsons aprovechó para anunciar que necesitaban un descanso para ir a dar la vuelta al vinilo y volverían con la cara B. Algo que cumplieron tras unos quince minutos en los que volvieron a sus posiciones. Después de proyectar un vídeo con imágenes históricas del músico, el resto de clásicos de Poe aparecieron. Si en la primera cara “The Raven” y “The Cask of Amontillado” fueron las protagonistas, en esta segunda fue “The Fall of the House of Usher” la que centró los oídos del público, que despachó una generosa ovación al terminar tan magno debut.

“Damned If I Do” retomó el curso de la actuación hacia aguas siempre agradables por muchas veces que se hayan recorrido. Quizás ese particular homenaje a Gaudí, precisamente el día en que hubiera cumplido años, con una pantalla que por un momento cambió el clásico ojo de Horus por la Sagrada Familia a la que estaban cantando, fuera otra de las sorpresas. Aunque es probable que fuera aún mayor la inclusión de “Boig per Tu” a los teclados durante el solo de Tom Brooks. Un medley que además incluyó fragmentos de “The Turn Of A Friendly Card” o “I, Robot” integrados perfectamente en un excelso “Prime Time”.
Como era de esperar, las notas de “Sirius” arrancaron la ovación premonitoria, sabedores de que “Eye In The Sky” llegaba después. Y todo el público fue feliz con un final como ese. Consciente de su movilidad, Alan Parsons anunció un último tema desde su centro de mando. “Games People Play” fue la guinda que un plato como ese merecía. Un último tema en el que cada uno de los músicos tuvo su momento para destacar antes de partir hacia su próximo destino.

Ver a un músico que realmente no tendría por qué pasar por las complicaciones que una gira representa para alguien con la movilidad visiblemente reducida sigue siendo algo de admirar. Solo con los royalties conseguidos y la historia y legado que ha dejado en la música podrían ser suficientes motivos como para vivir de las rentas. Pero Alan Parsons ha decidido seguir al pie del cañón, con una formación sólida y compacta con la que ya ha compartido muchos miles de kilómetros de giras.
Cualquier seguidor del progresivo más clásico disfrutaría de uno de sus conciertos sin poner un solo pero. Si por casualidad formas parte de los que sí lo hicieron, aprovecha cualquier paso del músico por una localidad cercana para disfrutarlo. A estas alturas de muchos de nuestros héroes, el «fue demasiado tarde» está más cerca de lo que podemos imaginar.
Fotos: Desi Estévez