CHERYL RENÉE, THE BLUES GODDESS: BLUES DE ALTO VOLTAJE EN 16 TONELADAS

El pasado domingo 11 de octubre, el escenario de 16 Toneladas volvió a apestar a blues del bueno. De la mano de SOLO BLUES, aterrizaba en Valencia CHERYL RENÉE, pianista de Cincinnati, Ohio, y una de esas veteranas que llevan el blues metido en las teclas y no necesitan demasiados artificios para dejar claro de qué va esto. La llaman The Blues Goddess, y después de escucharla, uno entiende por qué.

La noche arrancó con Jay Bee a la guitarra, también implicado en la promoción de esta gira española junto a Javi. Una primera descarga antes de que la protagonista tomara posiciones frente al piano.

Y entonces apareció Cheryl…

THE BLUES GODDESS TOMA EL MANDO

Primer pase a solas, piano y voz, sin más red que su propia experiencia. Cheryl Renéé se lanzó de cabeza en Valencia a un repertorio de clásicos que forman parte del ADN de la música americana. Fats Waller y Your Feet’s Too Big, Tampa Red con Don’t You Lie To Me y el mítico Hound Dog de Big Mama Thornton fueron algunas de las paradas de un viaje que tenía en el blues su punto de partida y en el piano su principal arma.

Porque lo de Cheryl no va de recrear viejas canciones como quien desempolva vinilos. Va de hacerlas suyas, de meterles personalidad y de demostrar que detrás de cada tecla hay kilómetros de carretera, escenarios y mucha música vivida.

Desenvuelta, simpática y con un desparpajo que conectó rápidamente con el público, se permitió comentarios espontáneos entre tema y tema y algún que otro trago de vodka. Nada de poses impostadas ni solemnidad de museo: aquí se venía a tocar blues, disfrutar y pasarlo bien. Y Cheryl sabe cómo hacerlo.

En su repertorio asomaba también la sombra de Fats Waller, una de sus grandes influencias. Una conexión con aquellos pianistas que ayudaron a definir el sonido de una época y cuyo legado sigue vivo cuando alguien sabe recogerlo sin perder su propia identidad.

FUCKIN’ BAND: ARMÓNICA, GUITARRA Y BLUES SIN FILTROS

Después del descanso, el escenario cambió de configuración. Era el turno de Fuckin’ Band, con Harmónica Frank, Oscar Alcaraz y Jay Bee, dispuestos a subir la temperatura con una buena ración de blues eléctrico.

La armónica tomó protagonismo en un repertorio que se movió por algunos de los territorios más reconocibles del género. Blind Boy Fuller, Little Walter con Rocker, Big Bill Broonzy y su imprescindible Key to the Highway, Muddy Waters con Long Distance Call y Hoochie Coochie Man, y Sonny Boy Williamson con Help Me fueron parte de una selección que miraba directamente a las raíces.

Blues de carretera, de clubes y de noches largas. Guitarra, batería y armónica trabajando sobre ese lenguaje común que no necesita demasiadas explicaciones: basta con escuchar cómo se cruzan los instrumentos para entender que esta música sigue teniendo mucho que decir.

Fuckin’ Band puso sobre la mesa ese sonido directo, sin adornos innecesarios, que mantiene viva la tradición y recuerda de dónde vienen muchas de las músicas que todavía nos hacen mover los pies.

SEGUNDA RONDA: CLÁSICOS CON SELLO PROPIO

Y Cheryl volvió al piano para cerrar la noche con un segundo pase cargado de clásicos y versiones pasadas por su particular filtro musical.

Sonaron Let the Good Times Roll, popularizada por Shirley & Lee; Watch Yourself, de Johnny «Guitar» Watson; Sweet Home Chicago, asociada a Robert Johnson, y Kansas City, el clásico firmado por Jerry Leiber y Mike Stoller.

Un repertorio de esos que cualquier aficionado reconoce desde los primeros compases, pero que cobra otra dimensión cuando cae en manos de una intérprete con personalidad y oficio. Porque la cuestión no es tocar canciones conocidas nota por nota, sino encontrarles una voz propia y mantener intacto su espíritu.

Como comentaba Javi, estamos ante una pianista veterana, con un largo recorrido a sus espaldas y una discografía relativamente escasa para todo lo que parece llevar acumulado en su equipaje musical. Pero si algo dejó claro su actuación en 16 Toneladas es que los discos no siempre cuentan toda la historia. Hay artistas cuya verdadera dimensión aparece sobre el escenario, cuando se sientan frente al piano y empiezan a tocar.

Cheryl Renée no necesita grandes discursos. Le bastan el piano, el blues y ese carácter que convierte cada clásico en algo personal. Una noche de SOLO BLUES que volvió a poner sobre la mesa la esencia de una música que, por mucho tiempo que pase, sigue latiendo con fuerza en directo.

Texto y fotos: Alex Ruiz

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