Serie Lutieres del blues-rock (y III): “La esencia de la guitarra es el sonido, pero me interesa también el punto de vista artístico”

Serie Lutieres del blues-rockFrancisco Pamies.

Francisco Pamies (Paco Martínez Pamies), 34 años recién cumplidos, es licenciado en Físicas. Nació en Crevillente, un pueblo alicantino, y a los 18 años se instaló en Madrid. Comparte taller con un lutier de guitarra clásica. Desde hace ocho años construye guitarras desde cero y le apasiona el proceso creativo.

Sitio web de Francismo Pamies: https://www.pamiesguitars.com/

Pamies se puso en sus tiempos de facultad a “cacharrear” a nivel teórico la acústica de los instrumentos musicales. Le interesaba “la dinámica de las membranas vibrantes, la producción del sonido en violines, en los pianos y órganos. Empecé a curiosear por ahí y yo ya tocaba la guitarra eléctrica. Un día iba con un amigo, sería 2007, y nos encontramos una guitarra española tirada en la basura. Se la quedó él, pero luego me la regaló. Estaba destrozada. Había que quitar el fondo. Probé con una estructura de fibra de carbono para mantenerla de una pieza y fui haciendo modificaciones. Estuve cacharreando con eso. Me pareció fascinante. Quito un poco de madera aquí y de pronto cambia el sonido, cambia el timbre. Así empecé, por esa curiosidad de encontrar el sonido. Luego me dije que debía montar una desde cero, dibujada por mí y salió un pequeño monstruo que tengo escondido (risas)”.

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“Comencé en mi habitación de un piso compartido, pero lo ponía todo perdido de serrín y acabé alquilando un local. Me fui enredando. Empecé por pura curiosidad y con el atrevimiento de quien no sabe dónde se mete. Quería optimizar el sonido. Hay enigmas que nunca llegas a resolver, pero vas puliendo y te acercas”.

“Soy totalmente autodidacta. Estudié bastantes libros, pregunté mucho, pero es muy difícil entrar. Intenté cuando estaba en la carrera entrar en un taller de clásica, mandé curriculum, pero no cogían aprendices. Yo quería guitarra acústica, pero sobre todo aprender y la única forma era empezar por clásica. Me gusta mucho la música, sobre todo el blues y el rock progresivo, Pink Floyd, pero ahora llevo unos días sin salir de los Allman Brothers. También aprendí con los discos de BB King”.

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¿Cuándo construyes tu primera guitarra por completo? “Fue en 2010. La primera guitarra que vendí fue a un grupo que se llama Club del Río. Me hizo mucha ilusión cuando los vi en la sala Joyce Eslava con mi guitarra. A mí me gusta experimentar, probar, me meto en follones nuevos. Anoto en mis cuadernos las ideas, las medidas, mis aportaciones al varetaje, que puede modificar el timbre de la guitarra…”

“Pertenezco a la asociación Lutieres Contemporáneos de España, que fundamos hace unos tres años. Era una necesidad de organizarnos. Para finales de año estamos montando una feria de guitarras artesanales, de gama alta, con invitados internacionales. Es un proceso de trabajo muy solitario. Resulta difícil salir a las tiendas, que buscan grandes cantidades. Es un producto que requiere tiempo y atención. Me sentía muy aislado en este oficio hasta que hablé con Diego Vila, otro lutier, con estilo retro y que hace guitarras muy chulas, y me habló de esta asociación que estaban pensando constituir. Estuvo muy bien, porque de pronto hablas con otra gente y descubres los puntos de coincidencia, sensaciones comunes. Empezamos a intercambiar información, a ayudarnos mutuamente. Compartimos lo bueno y lo malo, nos ayudamos en los problemas que vamos encontrando”.

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“Mi producción de guitarras es limitada. A mí me gusta mucho la guitarra desde el punto de vista artístico. Me interesa tanto la parte sonora como la estética. Empecé enamorado de las guitarras de jazz. Una influencia inicial fue Jimmy D´Aquisto, un lutier de Nueva York que murió en 1995, muy joven, aprendiz de John D’Angelico. Fue el primero en frenar la entrada de materiales ajenos a la madera en la guitarra. Nada de incrustaciones de nácar ni de plástico. Todas las incrustaciones y marqueterías debían ser de madera y las formas de sus maderas muy limpias, sin mucha decoración. Ahora estoy trabajando en un diseño inspirado en él. En acústicas, un nombre clave es Ervin Somogyi, poco conocido fuera de los círculos de iniciados. Sus guitarras son espectaculares en sonido, como su precio de unos 30.000 dólares por guitarra. Una tercera influencia sería Ken Parker. Empezó con las de jazz, luego pasó a las eléctricas de cuerpo sólido. Diseñó la Fly, que es una maravilla a nivel técnico, con una especie de exoesqueleto de fibra de carbono. Luego vendió la marca y volvió a fabricar guitarras de jazz de tapa arqueada con un diseño muy personal. En España, hay un lutier que arrancó con guitarras de jazz de tipo clásico. He tenido suerte de conocerlo porque es uno de los socios de esta asociación. Se llama Fernando Jaén, vive en Cuenca, y hace las mejores guitarras de jazz en España y probablemente entre las mejores de Europa. Tiene un talento increíble y además lo comparte todo. Le comentas problemas técnicos y lo que sabe lo cuenta, no guarda nada, es todo un maestro”.

“La madera de palosanto empieza a ser algo restringido. Me preocupa la conservación de los bosques. Es un trabajo muy sensorial el de lutier. La sensación física de trabajar con el material es importante y uno piensa en las especies con las que trabajamos. Por ejemplo, se desperdicia mucho el ébano. Se valora que sea totalmente negro y se tira lo que no lo es, por el esfuerzo que supone trasladarlo hasta la serrería y el poco dinero que genera cuando no es puro. Utilizo y me gusta el ébano con dibujo, porque guarda las mismas cualidades sonoras y estructurales y además me parece que es especialmente bonito. Entiendo que los años cuarenta o cincuenta se buscara la perfecta homogeneidad y un negro intenso, pero ahora mismo que todo es sintético y está en cadenas de montaje es precioso ver pedazos de madera donde se ve la veta, la fibra”.

Serie Lutieres del blues-rock Francisco Pamies.

“La esencia de la guitarra es el sonido. Tiene que vibrar bajo tu brazo, en tu cuerpo debes notar la resonancia. Partiendo de esa base, hay que cuidar lo estético, dar un toque artístico. Me gusta plasmar mis inquietudes artísticas en el diseño de las guitarras. Utilizo las herramientas tradicionales del ebanista. Hay que calibrar las tapas y esto es un poco como cocinar. Un lutier es como un cocinero en el sentido de que se puede aplicar lo que sabes de química. Sabes que ciertas sustancias van a espesar una salsa, con otras saldrá más líquida, otras no casan bien, y eso debes saberlo. Pero luego hace falta un cocinero y no un químico para cocinar. Hay una parte sensorial en la que el paladar manda. Yo iba de listo, creía que sabía más de lo que realmente dominaba. Yo he estudiado Física, yo me pongo porque creo que puedo hacerlo. Pero luego chocas con la realidad y dices, espera, espera, que esto tiene mucho más de lo que en realidad pensaba. Tras esa cura de humildad y más paciencia ya le doy un enfoque más de cocinero que de químico. Pero vamos, yo estaba en el otro lado. Me visitó hace unos meses un amigo lutier de violines que explicaba cómo medir la distribución de frecuencias, la resonancia de la tapa, básicamente lo que hacíamos, golpear levemente la tapa armónica y captarla con un micrófono para luego hacer un análisis con frecuencias. Cogimos entonces dos guitarras mías muy distintas y resultó que la respuesta era muy similar. Es decir, la frecuencia fundamental era muy parecida. Eso significa que dos guitarras distintas, con dos formas distintas, pero con proceso de calibrado puramente sensorial, sin yo saberlo, no midiendo, presentan notables similitudes. A mí me dejó sorprendido”.

Texto por Miguel López y fotos por Ana Hortelano.

Si quieres leer la primera entrega de Lutieres del blues-rock: Miguel Ángel Luthier, clica en éste párrafo.

Si quieres leer la segunda entrega de Lutieres del blues-rock:  José Antonio Piornos, clica en éste párrafo.

 

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