Sin tregua en la sala Apolo

Enrique Villareal, «El Drogas» no dio tregua en una Sala Apolo que hacía semanas que tenia colgado el cartel de «No hay entradas».

Fue en abril de 1982, en la Plaza de la Chantrea de su Pamplona natal. Cuatro chavales dan el primer concierto con su banda sin saber que su recorrido se iba a alargar cuarenta años. Ese día, Barricada comenzaba una carrera llena de rock combativo y grandes canciones con las que se harían un hueco dentro del panorama musical. Seguro que para cada uno de los que llenamos hasta arriba la Sala Apolo, detrás de esas canciones se esconden mil historias diferentes. Y en todas ellas, en algún momento, la figura de Enrique Villarreal «El Drogas» se erigió como la banda sonora de esas vidas.

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A pesar de la complicada desvinculación que tuvo de la banda que él mismo creó, nunca tuvo una mala palabra ni renegó de su pasado. Pero a los seguidores de Barricada siempre les quedó la sensación de que aún faltaba una última gira de despedida. Por desgracia, con la muerte de Boni se hace muy difícil que se pueda dar algo parecido. Quizás por eso el propio Villarreal, bajo la excusa de esos cuarenta años del primer concierto, ha salido a la carretera para defender su legado. Y lo hace con la banda que le acompaña desde hace una década: Txus Maravi (guitarra), Brigi Duque (batería) y Eugenio Aristu “El Flako”(bajo). 

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Podría decirse que son un power-trio donde «El Drogas» pone la voz, la actitud y la historia. Pero eso sería rebajar inmerecidamente a los músicos como meros acompañantes y no es así. Suenan contundentes y compactos, con una base rítmica demoledora y una guitarra que no necesita de una segunda para tocar los temas de Barricada. Para muestra la salida en tromba que hizo que la Sala Apolo sufriera por sus cimientos desde el primer minuto. Porque el repaso comenzó igual que su discografía: con “En la silla eléctrica” y “Esperando en un billar”. Y ya desde ese momento se pudo ver que iba a ser una gran noche de rock&roll. Los corazones subieron a las gargantas del colectivo y no abandonaron ese lugar durante las siguientes dos horas. 

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“¡A gusto!” repetía «El Drogas» como agradecimiento tras los temas, y doy fe que lo estaba y se sentía así. Con su característico look de pirata elegante, ya en “Barrio Conflictivo” hizo bajar a sus músicos para escuchar al público cantar, algo que se repetiría en numerosas ocasiones. “Lentejuelas” y “Mañana será igual” fueron la calma relativa antes de que los gritos de “Okupación” llenaran la sala y se dieran las primeras lluvias de cerveza. El lado más golfo de Barricada quedó reflejado en “No sé qué hacer contigo” y “Todos mirando”, aunque esta tuvo que esperar hasta el tramo final. 

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Pero si hay un terreno en el que los nafarrak se movían como pez en el agua era en la reivindicación. “Tentando a la suerte” puso la intensidad necesaria para que temas como “Problemas” y sobre todo la otrora censurada “Bahía de Pasaia” nos lo recordaran. Sacando dos bastones a modo de muletas y bajando el micro a media altura ofreció su velado homenaje a Nacho Cicatriz con “A toda velocidad”. Tras ella, los decibelios bajaron pero no así la intensidad emocional. 

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Hace años que «El Drogas» ha dejado el bajo en los directos y solo se cuelga cuando procede una doce cuerdas con la que recordó “La tierra está sorda”. Tras un recuerdo a la plaza de Sant Felip Neri y los restos evidentes en las paredes de los bombardeos ocurriodos durante la guerra civil hizo sonar con rabia “Pétalos” y “Sotanas”. Ese fue el tramo más relajado del concierto, pero la banda sabe muy bien cómo reventar el refranero popular. 

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Desde el momento en que “Animal Caliente” empezó a sonar, esa calma se convirtió en un huracán. Fueron las cuerdas vocales de toda la Sala Apolo las que hicieron temblar sus paredes cantando con el corazón en la garganta cada uno de los temas que siguieron. Todos a una sola voz recordamos la memoria de Boni gritando su nombre y cantando “Objetivo a rendir”. A partir de aquí, se desató la locura absoluta con unos cuarenta minutos finales brutales.  Apenas le hizo falta cantar a «El Drogas» en cuanto se encadenaron “Oveja negra”, “Todos mirando” y “En blanco y negro”. Una y otra vez le pedía a la banda que bajaran los volúmenes para que se nos escuchara corear esos himnos de Barricada. Pogos, lluvias de cerveza y mucha emoción fueron los ingredientes con los que se acompañó el fin de fiesta en Apolo. 

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Pero aún había fuerzas y ganas de más. “La hora del carnaval” abrió los bises antes de una tremenda versión de “No hay tregua” con toda la sala cantando casi a capella el himno definitivo de los navarros. Podría decir que no hay palabras para lo vivido esa noche, pero lo cierto es que las había y muchas aunque impronunciables y roncas. Porque se cantó con el alma hasta que no quedaron cuerdas vocales aquello de “Esta noche no es para andar por esas calles”. 

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“Esta noche” puso el punto a una velada increíble y espectacular, en la que «El Drogas» dejó claro que aún tiene mucho que cantar y que sigue tan combativo como siempre. Claro que una gira como 40º tiene todos los números para poder llenar toda sala en la que se programe. En cualquier caso solo se me ocurre una manera posible de despedir la crónica por estos cuarenta años de música: !Eskerrik asko Enrique Villarreal!

Fotos: Desi Estévez

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