Dentro de la gira Cowpunks & Glampires, D-A-D y The 69 Eyes unieron fuerzas en la Sala Salamandra para firmar una noche tan luminosa como oscura. Un doble cartel tan improbable como efectivo. Dos maneras muy distintas de entender el rock, compartiendo escenario y dejando huella.
Está claro que en esta vida hay un día ideal para cada cosa. Hace unos años, algunos expertos señalaron el tercer lunes de enero como el día más deprimente del año. Lo que no sabían es que siempre existen variables capaces de mejorar cualquier jornada gris. El concierto que juntó a Disneyland After Dark y The 69 Eyes en la Salamandra de Barcelona fue ese elemento diferencial. Un doble cartel que aunó la diversión de los daneses con la intensidad emocional de los finlandeses para olvidar todo lo de fuera.

Los primeros en salir fueron los daneses D-A-D con casi un cuarto de hora sobre el horario previsto para celebrar los cuarenta años sobre las tablas de la banda. A medio camino entre el cowpunk y el hard-rock, los hermanos Binzer junto con Stig Pedersen y su desfile de estrambóticos bajos y la polivalencia del batería Laust Stone aportando los coros salieron a llevarle la contraria al Blue Monday. Y lo consiguieron desde los primeros acordes de “Jihad”. Los daneses supieron combinar los temas más clásicos de la banda con las canciones de “Speed Of Darkness”, su último trabajo de 2024. “1st, 2nd & 3rd” y la que da nombre al disco mantienen ese tono más cowpunk para oscurecer su sonido en “The Ghost”. No faltaron a la cita “Girl Nation”, “Bad Craziness”, “Point Of View” o “Grow Or Pay” con esos ritmos que te llevan al Billy Idol más ochentero.

La afilada voz de Jasper Binzer mantenía el pulso de las canciones mientras el espectáculo recae sobre todo en un hiperactivo Pedersen que no dejaba de moverse por el escenario siendo puro rock and roll. Fue su voz la que llevó el peso de “Riding With Sue” incluso. Pero son sus curiosos bajos de dos cuerdas los que se llevan las miradas y aportan un plus a una banda que es capaz de sostenerse solo con sus canciones. Laust Stone demostró su habilidad en los parches durante “Everything Glows” con un bien integrado pregunta-respuesta con el resto de la banda. El idioma no fue ninguna barrera para que Jasper improvisara la participación del público para que cantara “Mi baterista, mi corazón” y formara parte de ese solo.

Los bises arrancaron con “Laugh ‘n’ ½” solo con los hermanos en el escenario para terminar con su gran éxito. “Sleeping My Head Away” sirvió de cierre para poco más de una hora que se hizo escasa. Tampoco hubiera dado tiempo de mucho más, pero esos quince minutos de retraso dejaron a los asistentes a Salamandra sin “It’s After Dark” o “Monster Philosophy”. Pero ese es el único pero que se le puede achacar al concierto. Los daneses fueron el perfecto contrapunto luminoso a The 69 Eyes.

Y es que si hay un halago que se le puede decir a un vampiro, es que ellos son la oscuridad. Los finlandeses llevan 35 años defendiendo lo que ellos denominan “Goth & Roll” en una mezcla en la que puedes encontrar las bases de los pilares de su sonido en sus canciones. En su agitador Vortex particular podemos encontrar a los primeros The Cult, The Sisters Of Mercy, The Stooges, Elvis Presley o Billy Idol hasta dar con la oscuridad necesaria de The 69 Eyes.
El set arrancó con “Devils”, seguido por “Don’t Turn Your Back on Fear” y “Feel Berlin”, temas que demostraron de inmediato el dominio escénico del grupo y su conexión con la audiencia. “Gotta Rock”, con su guiño punk rock, y “I Survive” mantuvieron la intensidad mientras las guitarras, graves y atmósferas góticas envolvían la sala. Quizás demasiado, porque la grave voz de Jyrki Linnankivi quedó enterrada y sin definición al menos en las primeras filas durante demasiado tiempo.

A medida que avanzaba el concierto, piezas como “Betty Blue”, “The Chair” y “I Love the Darkness in You” también hallaron su lugar, con un repertorio muy equilibrado dando espacio a gran parte de su discografía. Pero The 69 Eyes también saben, muy de vez en cuando, quitar ese peso del universo que parecen llevar bajo la intensidad de su condición glampírica. “Drive” les sirvió para desmelenarse y dar ejemplo de que también son capaces de hacer temas rápidos y directos.

En ciertos momentos vale la pena salir del centro para tener una visión más amplia de las situaciones. Y en un concierto, resulta muy útil. Para empezar, la voz sonaba bastante mejor y más compensada. Por otro lado te deja ver la reacción del conjunto, y viendo cómo recibieron temas como “Gothic Girl” o “Brandon Lee”, había muchas ganas de escucharlas. Para los bises guardaron “Framed in Blood”, “Dance d’Amour” y el inevitable cierre con “Lost Boys”, sellando una actuación que hizo olvidar también a la otra mitad de asistentes el dichoso Blue Monday. Y lo cierto es que The 69 Eyes hicieron un buen concierto, más rockero que lo que sus canciones muestran en el estudio, y se agradece.
Una buena velada que demostró que la música está por encima de etiquetas y de inventadas “celebraciones”. Probablemente no sea el concierto del año (salvo para los seguidores de ambas bandas), pero deja un muy buen sabor de boca para este 2026 que recién acaba de empezar.