Punto de partida: el autor, Héctor Martínez, y la editorial, Allanamiento de Mirada. Aléjese, pues, toda sombra de oportunismo al abordar el estudio del blues desde una óptica queer.
Este es un libro serio, que habla de música, sí, pero sobre todo es Historia, documentada y rigurosa, sin hipótesis ni teorías, sin discursos. La realidad histórica que hunde sus raíces en el siglo XIX. Martínez podría haber elaborado un diccionario enciclopédico, pero ha preferido dar forma narrativa a su abrumador saber. Nos encontramos, pues, ante una acumulación ingente de datos y de nombre propios, a través de los que fluye suavemente la visión animada de unos años en los que ser diferente o vivir la sexualidad más allá de los márgenes se trasladaba a la música de la comunidad negra de los Estados Unidos, a veces veladamente, a veces con descaro.
Es una historia que sucede en los prostíbulos o en los nite clubs, en los fumaderos de marihuana o en los speakeasies, en las salas de fiesta o en los buffet flats y rent parties, en el chitlin’ circuit y en los tent shows. Un fenómeno predominantemente urbano, con representación en Harlem, en el Bowery, en Chicago, en la Barbary Coast de San Francisco, en cualquier ciudad con un barrio rojo y una población negra dispuesta a romper las reglas y divertirse.
En la urbe ser diferente era más fácil – o menos difícil – que en la América rural. Hablamos de garitos en los que hay música y canciones con letras osadas. Martínez nos adentra en la jerga necesaria para comprender el verdadero sentido de lo que decían esas canciones, especialmente en su forma original, libre de una censura – autocensura incluso – que aparecerá en el momento de grabar las canciones. Es el lenguaje eufemístico y soez de los barrios negros y del blues, llevado a su máxima expresión en los locales del “ambiente”.
A lo largo de las primeras cien páginas nos encontramos con hombres que se disfrazan de mujeres y mujeres que visten frac, predicadores que alertan del pecado más sucio y otros que lo gozan, mujeres enamoradas que pasean cogidas de la mano, artistas que ocultan su sexualidad y artistas que la proclaman, fiestas libertinas y sórdidos encuentros que escandalizan al propio García Lorca, profesor visitante en Nueva York.
Desfilan músicos desconocidos, poco conocidos y muy conocidos. Una época dorada, o más bien lila (lavender), que acaba bruscamente en la década de los 50, cuando el código Hays se impone y ser homosexual se convierte en un amenaza para la seguridad nacional. Como es habitual en esta colección literario-musical el texto incluye las letras de un buen número de canciones, más de un centenar, y su traducción, así como los archivos digitales de grabaciones restauradas con mimo por Paco Espínola.