Se marcha un grande de la música, Willie Colón, boricua que convirtió el trombón en bandera y el barrio en sinfonía. El pasado 21 de febrero se conocía de la noticia del fallecimiento de Willie Colón. Tenía 75 años. Willie Colón, ya desde finales de los 60, como en el country, creó el mito del forajido que elevaría y daría forma al ritmo gangsteril, machista y desafiante de la salsa.
Colón, originario del Bronx (Nueva York), pero con raíces puertorriqueñas, es una efigie de la música en América, no sólo de la salsa, género del cual es pilar junto con otros maestros como Johnny Pacheco, Tito Puente, Héctor Lavoe, Rubén Blades, entre otros creadores de ese fundamental sello discográfico de salsa llamado Fania. Ha sido considerado como uno de los latinos más influyentes en el país del norte, inclusive se ha postulado para el Congreso estadunidense.
Junto a la familia de Fania, y al lado de gigantes como Héctor Lavoe y Rubén Blades, Willie ayudó a escribir capítulos eternos de la salsa. Su sonido fue calle y elegancia a la vez, llevando la voz del pueblo desde Nueva York hasta el mundo entero.
Más que músico, fue arquitecto del movimiento salsero y visionario que le dio identidad al género. Su legado vive en cada tumbao, en cada coro que se canta con el alma y en cada generación que sigue caminando su ruta.
El productor, trombonista y cantante había sido internado en un hospital de Nueva York debido a complicaciones respiratorias, una situación que mantuvo en alerta a sus seguidores y colegas, entre ellos Rubén Blades, con quien colaboró desde la década de los 70.
Willie Colón no solo transformó la salsa, la expandió, la politizó, la vistió de crónicas urbanas y la llevó a escenarios donde antes no había estado. Su trombón fue la voz del pueblo.
Separando al hombre del artista, sus grabaciones con Héctor Lavoe, Yomo Toro, Rubén Blades, Celia Cruz, Mon Rivera y tantos otros marcaron un ritmo polirrítmico en el tiempo. Fue alrededor de 1969 cuando la voz de Héctor Lavoe sonó “Che Che Cole“ en cada pista de baile, fiesta, carnaval o jam callejero celebrando alegremente como los hijos de la canción africana original que la banda de Colón versionó.
Luego fue “El Malo”, al puro estilo gánster a lo Joe Cuba, con “El Bueno, El Feo y El Malo” sellando su vínculo jíbaro con Yomo Toro, llevando la guitarra de cuatro nacional boricua , junto con la música navideña puertorriqueña alrededor del mundo. Su trombón rugió con confianza.
Willie Colón, el hombre, era mucho más complejo. Su política no solo estaba lejos del movimiento progresista del que estaba impregnada nuestra música, sino que también era confusa, pues votó por Hillary Clinton en 2008 y luego por Trump en 2016. Luego estuvo aquella demanda contra Rubén Blades.
Para mucho en el negocio musical, Willie Colón fue molesto, ruidoso y engreído, pero tenía una banda explosiva y una voz espectacular. Aunque beligerante con los críticos y los que lo molestaban, nunca se involucró en política, ni en ningún sentido. Hasta después de Rubén Blades. Esa fue la razón principal de su competencia con el cantautor, actor y político.
Aun así, Willie Colón dejó un legado de innovaciones musicales, colaboraciones y, siguiendo los pasos de Barry Rogers, Mon Rivera y Eddie Palmieri, un sonido de trombón directo que subrayó el “movimiento de la música salsa” de los años 60 a los 80. Una época que sacudió al mundo elevando la música de la vida latina, el realismo barrial y el orgullo diaspórico, como lo hizo Willie con Héctor y su banda de metales desafiante; recordando las raíces de la caña de azúcar con Yomo, Daniel Santos y Mon. Seguido de su guarachando en un ritmo de bomba afrocaribeño intergeneracional con Celia Cruz, todo antes de que nos llevara a un terreno más alto, sembrando conciencia política mientras marchábamos junto a los afroamericanos por los derechos civiles, contra la guerra y por los estudios, la vivienda y los derechos de los negros y puertorriqueños.
Buen viaje, maestro… la clave sigue sonando y tu trombón nunca se apaga. Así es la vida. Todo tiene su final. DP Willie Colón.