Eric Sardinas volvió a Barcelona para recordar que el blues no es un género de museo. En la Sala 2 de Razzmatazz firmó una descarga intensa, sudorosa y primitiva que confirmó que su fuego sigue intacto.
Corría 2004 cuando en la mítica sala barcelonesa La Boite tuve la fortuna de que me invitaran a asistir a una de las noches en que Eric Sardinas vino a presentar “Black Pearl”. Reconozco que el hecho de que Steve Vai lo llevara como telonero despertó mi interés. ¿Qué habría visto un guitar hero como Vai en alguien tan orientado al blues?

Aquella noche, sobre el pequeño escenario de la sala barcelonesa, Eric Sardinas dio uno de los conciertos más explosivos que recuerdo aún a día de hoy. Pero de eso hace más de 20 años, y más de diez desde la última visita a esta ciudad. Eso es mucho tiempo, y con el cambio de sala de la pequeña de Razzmatazz a la Sala 2 quedó claro que había muchas ganas de reencontrarse con el guitarrista de Florida.
Una banda renovada, la misma intensidad
La renovada banda que acompaña a Eric Sardinas cambia de músicos pero no de formato. Al bajo Jason Langley y Mario Dawson en las baquetas fueron los primeros en aparecer en el escenario. La delgada figura de Eric Sardinas y su característico sombrero aparecieron de las sombras llevados por la ovación inicial.

Por estética, a primer golpe de vista podría parecer Willy DeVille, pero en cuanto dejó que su castigado dobro sonase, ya no hubo ninguna duda. Eric Sardinas por fin había vuelto. Una fuerza arrolladora sobre el escenario, deslizando el slide sobre el mástil de su dobro, es capaz de darle la vuelta a cualquier blues de corte clásico en un huracán sonoro.
Solo necesita su amplificador, el feedback que consigue con su dobro y un pedal wah para crear toda una atmósfera pantanosa sobre el escenario. Gracias a su potente manera de tocar consigue que un clásico de Howlin’ Wolf como es “How Many More Years” te despeine.

Aunque también mostró su lado más relajado como fue “8 Going South” de aquel lejano “Devil’s Train”. Pero en términos generales, el concierto estuvo más enfocado a mantener la explosividad de Eric Sardinas. Prueba de ello fue su versión de “I Can’t Be Satisfied” de Muddy Waters que puso toda la sala patas arriba. Todos los presentes disfrutábamos como cuando ese viejo amigo sabe contarte sus antiguas historias aunque las hayas escuchado mil veces ya.
Electricidad primitiva y madera vibrando
La importancia que la base del trío tiene en la formación tuvo como recompensa un solo de bajo y batería al que Eric Sardinas se unió para dar rienda suelta final a sus habilidades con el slide y el dobro.
Hablar del sonido de Eric Sardinas es hablar de electricidad primitiva, de madera vibrando al límite y de metal arañando las cuerdas con una urgencia casi animal. Lo suyo puede que no sea un blues pulido ni académico. Lo suyo es más una descarga cruda que conecta directamente con el Delta y lo arrastra, sin pedir permiso, hasta el presente gracias al slide, afilado y sin concesiones, con el que saca cada nota de las entrañas del amplificador.

Tras “Murdering Blues” y “Bad Boy”, los tres músicos se retiraron para el clásico descanso. Y la vuelta no pudo ser más explosiva que con “If You Don’t Love Me”, con la que confirmó que si el fénix volvió de sus cenizas, su música lo ha hecho renacer de los lodazales del Mississippi. Con un guiño final a “Can You Feel It” de The Jackson 5 terminó un concierto que a todos nos supo a poco.
Menos trucos, más verdad
Podría parecer que, tras tanto tiempo, menos de una hora y media resulte escaso. En esta ocasión, no fue por desgana. Todo lo contrario, fue intenso y sudoroso como debe de ser. Es cierto que ya no muestra todos aquellos trucos escénicos con los que lo conocí. En aquellos días quemaba su dobro, lo maltrataba tocando con los pies, hacía “eyacular” cervezas usándolas como slide. Incluso tocaba y cantaba entre el público sin microfonía y amplificación para darle un toque más íntimo.

Ahora ha decidido que la música y la energía se encarguen de hablar en vez de los trucos. Su groove es pesado, denso, casi hard rock como siempre ha sido, en el que domina la intensidad. Eric Sardinas no sólo reinterpreta el blues; lo vive, lo empuja y lo incendia. Y si esto sirve para que vuelva a la actividad continua y podamos disfrutarlo a menudo, bienvenido sea. Eric Sardinas ha vuelto, y lo ha hecho con muchas ganas.
Fotos: Desi Estévez