Airbourne aterrizaron en Barcelona con su filosofía basada en la actitud, la conexión con el público y volumen al 11. Los australianos ofrecieron una noche de rock sin concesiones, cervezas volando por los aires y una energía que convirtió la sala en un auténtico ritual eléctrico.
Pocas maneras mejores de terminar un día que con un concierto “old school” sudoroso y cerveza con los amigos. Los australianos Airbourne nacieron bajo esa misma premisa y la han defendido desde el primer momento. Y así siguen, forjando canciones desde hace ya veinte años y llevando al directo toda la intensidad y la pasión que los ha caracterizado. En esta nueva gira no hay un disco a presentar. Podría parecer que es por el mero placer de girar, pero mucho me temo que las bandas sólo consiguen sacar provecho de su arte llevándolo al directo. En cualquier caso, bienvenido sea el poder apoyarlos en concierto.

La mezcla de todo ello ha hecho que Airbourne haya conseguido un triple sold out en su conciertos por el país. La primera de las fechas tuvo lugar en Barcelona, en la que Razzmatazz llenó hasta la planta superior. Las ganas de fiesta se vieron ya desde muy pronto, con mucho grupo rememorando viejas historias y repasos de conciertos. Bajo la fanfarria que Bill Conti compuso para la película Rocky, aparecieron los ingleses Asomvel. Solo con ese arranque ya se pudo entender el porqué han vuelto a contar Airbourne con ellos para abrir sus conciertos. Misma actitud, misma energía. Eso sí, a los ingleses les tira más la figura de quien se definía como un 49% Motherfucker, 51% Son of a Bitch. Y es que la cabeza se iba rápido a Motörhead tanto por los temas como por la visual.
La presencia de su cantante y bajista tiene tanto de Lemmy que solo le falta un Rickenbacker colgado. Pero Lemmy solo hay (y habrá) uno, pero está bien que siga siendo un referente sobre los escenarios. Desde la inicial “Kings Of The World” desplegaron todo un sinfín de carreras de un lado a otro del escenario para disfrute del personal. Temas rápidos y directos a la yugular sin dejar mucho descanso entre ellos.

Con títulos que no dejan lugar a dudas sobre el estilo de Asomvel, los ingleses lo dieron todo durante los 45 minutos que disfrutaron sobre el escenario. “Louder & Louder”, “Born To Rock’n Roll”, “If It’s Too Loud, You’re Too Old” llenaron de clichés sonoros y sirvieron para calentar al público, si es que había alguien que no estuviera ya “on fire”. Una cosa sí tienen: no disimulan sus influencias y dedicaron a Phil Campbell el clásico de Motörhead “Born To Raise Hell” coreada con puño en alto como ha de hacerse. O su cierre con “The Nightmare Ain’t Over” que caminaba por el recuerdo del as de picas.

Y si Rocky fue quien dio entrada a Asomvel, el tema de Brad Fiedel para Terminator 2 y las luces rojas fueron el inicio, ya clásico, de Airbourne. Y con él, el despliegue físico que Joel O’Keeffe muestra en cada uno de los conciertos de la banda. Con su Explorer blanca, se encargó de lanzar tantos guitarrazos y riffs como shots de cerveza entre el respetable durante el show. “Gutsy”, el reclamo de la nueva gira, es un tema marca de la casa que da pistas sobre la naturaleza del grupo. La sombra de sus paisanos será siempre alargada, pero hay que reconocer que O’Keeffe y los suyos son unos más que dignos sucesores. Y para la vieja escuela, poder asistir a sus clases significa tener otro buen montón de años de riffs cuando AC/DC ya no estén.

Para muchos, sus temas ya son pequeños himnos que forman parte de su imaginario musical. Y si no, solo hacía falta ver cómo la gente se volvía loca con canciones como “Too Much, Too Young, Too Fast” o la final “Running Wild”. Y si no es por la música, que sean los trucos los que motivan. El lanzamiento de vasos de cerveza desde el escenario fue casi constante, las coreografías de guitarras y bajo, el paseo a hombros entre el público durante “Raise The Flag”,… todas esas triquiñuelas siguen siendo un caballo ganador. Es cierto que Joel ha dejado de subirse por estructuras y jugarse el cuello y que ha reducido a una las latas de cerveza que reventarse en la cabeza. Pero todo ello hace que el tiempo de concierto se sienta casi más corto de lo que ya es. Porque siempre pasa algo en el escenario.

Presentaron “Alive After Death” un nuevo tema del que se supone será su próximo trabajo discográfico antes de pisar el acelerador a fondo con “Breakin’ Outta Hell” y “Diamond In The Rough”. Si no era la primera vez que veías a la banda, ya sabes lo que la aparición de la sirena antiaérea en el escenario significa: que “Live It Up” marca el fin del concierto. Eso sí, Airbourne ha cambiado los solos de instrumentos dentro del tema final por otras maneras de hacer pasar el tiempo. Plantaron en el escenario un flight case con el nombre de Lemmy’s Bar desde el que Joel fue lanzando al público vasos de cerveza a diestro y siniestro antes de retomar el tema.
Fue aquí cuando las incrédulas miradas del respetable se fueron dirigiendo a los relojes. Apenas pasaban unos minutos de la hora cuando Joel aparecía tras el muro de Marshalls que reinaba el escenario. “Ready To Rock” y “Running Wild” cerraron un concierto corto pero intenso. Si nos tenemos que poner exquisitos, nadie se quejaría si fueran un par de temas más largos. Pero el cantante no se deja nada en el camerino cuando sale al escenario con el generoso desgaste físico que supone su actuación.

De todas formas, cada vez se hace más difícil encontrar conciertos en los que la nostalgia no sea la motivación principal para ir. La coletilla que suele acompañar la descripción de los grupos en la mayoría de las ocasiones viene de la mano de un “Son (o suenan) como…”. Pero detrás de ese comentario reduccionista suele asomar la esperanza de que, aun recordando a grupos pasados, venga acompañado de un golpe de frescura y novedad. Con los años aprendes que cada vez es más difícil, y que enrocarse en esta búsqueda solo puede traer pequeñas frustraciones. Es por ello que lo mejor es simplemente pedir una cerveza (o esperar que te lancen una), dejarse llevar y disfrutar.
Fotos: Desi Estévez