Andy Timmons, cuando la melodía sana y recupera.

El paso de Andy Timmons por la sala Wolf fue una demostración de que la técnica, cuando está al servicio de la emoción, puede convertirse en un lenguaje profundamente humano. Acompañado del resto de la Andy Timmons Band y con la participación especial de Pedro Javier González, el guitarrista ofreció una noche de sensibilidad, virtuosismo contenido y conexión real con el público.

El panorama para los amantes de la guitarra están de enhorabuena este año. En el horizonte, las visitas de Clapton, Bonamassa, Eric Johnson y Steve Vai estarán marcadas en rojo en los calendarios. Al igual que el pasado 16 de marzo, con la visita del virtuoso Andy Timmons, que dejó muy poco papel por vender en la sala Wolf. El guitarrista americano, uno de los músicos más elegantes y expresivos del panorama contemporáneo, ofreció un concierto que fue mucho más que una sucesión de temas: fue una lección de musicalidad, de sensibilidad y de respeto absoluto por la melodía.

 

Una cita que tuvo un invitado de lujo con la siempre complicada tarea de romper el hielo ante un público que no tiene por qué ser afín. La responsabilidad caía en manos de Pedro Javier González, conocido por el gran público por ser miembro integrante de la época dorada de El Último de la Fila. Algo que para el que escribe ya suponía un motivo ineludible para asistir a este concierto. Tras una sencilla presentación, fue tocar las primeras notas y hacerse un respetuoso silencio de un público que entró de una en la propuesta de marcado aire flamenco.

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Sólo fue media hora, pero estoy seguro que de haber dado a escoger, el público hubiera concedido más minutos a la elegancia de los punteos del guitarrista barcelonés. La combinación de las cuerdas de nylon y los dedos de Pedro Javier fueron tejiendo un patchwork musical que mezclaba obras propias, con pasajes de Manuel de Falla y una reinterpretación instrumental de “La Leyenda del Tiempo” de Camarón de la Isla. Con la ovación y cálida despedida que se arrancó al terminar quedó muy claro el impacto que tuvo su actuación para quien no conocía al guitarrista.

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Llegaba el turno de Andy Timmons Band ante una sala al borde del lleno. Los tres músicos arrancaron con “Reclaiming My Time” y “Six FM”, dos temas nuevos que formarán parte de su próximo trabajo. Desde el primer fraseo quedó claro que la noche iba a girar en torno a la narrativa musical: cada solo era una historia, cada bend una palabra alargada en el aire. Sin necesidad de artificios, Timmons construyó un clima de cercanía casi hipnótica. Tras presentarlos y dedicarle unas amables palabras a Pedro Javier González, llegó “Deliver Us” donde el discurso se volvió más expansivo, con una dinámica creciente que desembocó en uno de los primeros momentos de intensidad emocional de la noche.

“Helipad” introdujo un cambio de registro, con un groove más marcado y un trabajo rítmico impecable. Timmons, lejos de perderse en la exhibición, mantuvo siempre el control del relato, dosificando la energía con inteligencia. Ese equilibrio entre contención y explosión es, precisamente, uno de los pilares de su estilo. Pero si algo caracteriza las composiciones del guitarrista son su intencionalidad emocional y como muestra tangible “Elegy For Jeff”, pieza creada para rendir tributo a Jeff Beck. La guitarra lloraba, literalmente, en cada nota sostenida. Fue uno de esos momentos en los que el silencio del público se convierte en parte de la música, en los que nadie se atreve a romper la atmósfera.

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Con “Recovery” y “Love > Hate” cerró el bloque dedicado a su más reciente trabajo. “Winterland”, puso la luz y optimismo en el setlist, donde el fraseo melódico alcanzó cotas de belleza desarmante. Timmons no necesita velocidad para emocionar; le basta con elegir la nota exacta en el momento preciso. Otra de las facetas que caracterizan a Andy Timmons es el amor por los músicos que le han servido como influencia.

En su reciente entrevista para nuestras páginas dejó muy claro lo que significaron The Beatles para él. Así que la reinterpretación de “Strawberry Fields”, con guiño final a “A Day In The Life”, fue tan necesaria como esperada. Lejos de caer en la simple versión, el guitarrista la llevó a su terreno, despojándola de su estructura original para reconstruirla desde la sensibilidad instrumental. Fue un ejercicio de respeto y personalidad a partes iguales.

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Un ejercicio que volvió a repetir en la recta final del concierto versionando a Queen y su “Bohemian Rhapsody” generando un momento karaoke con el público. Podríamos decir que junto con “Take Me With You”, en la que Timmons tomó la voz cantante, fueron los únicos pasajes no instrumentales de la velada. El guitarrista vino con ganas de repasar gran parte de su carrera y con “Super ‘70” y “Pink Champagne Sparkle” nos hizo viajar de sus primeras composiciones a un nuevo tema destinado a ser la apertura del siguiente disco de Andy Timmons Band. Una banda a la que sobre el escenario se le notan los años de viaje juntos con todos los engranajes perfectamente engrasados y una perfecta comunicación musical.

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La admiración mutua que Timmons y Pedro Javier González demostraron en sus palabras se vio reflejada en “Duende”, convirtiéndolo en uno de los momentos más especiales de la noche. La guitarra española dialogó con la eléctrica en un encuentro que trascendió géneros, fusionando el lirismo de Timmons con la raíz flamenca de González. Fue un instante mágico, de esos que justifican por sí solos la experiencia del directo. Tras un elegante solo de bajo por parte de Mike Daane, el concierto llegó a su tramo final con dos de las piezas más conocidas de Andy Timmons, “Electric Gypsy” y “Cry For You”, que sirvieron como explosión final de energía y virtuosismo controlado.

Los bises, con “The Prayer/ The Answer” y “Groove or Die”, fueron la guinda perfecta para una noche en la que el público se marchó con la sensación de haber asistido a algo genuino. En tiempos de estímulos rápidos y virtuosismo de escaparate, Andy Timmons reivindica el valor de la melodía, del fraseo con sentido, de la emoción como eje central. Y eso, en un escenario, es un acto casi revolucionario. Desde sus años en Danger Danger ha sabido escapar de la trampa del virtuosismo vacío poniendo la emoción a la altura de la técnica. Y eso, en un mundo donde la velocidad suele eclipsar el discurso, lo convierte en una rara avis. De sus palabras se podría sacar la conclusión que la próxima visita de Timmons está más próxima de lo que podíamos pensar. Ojalá sea cierto… y ese día Dirty Rock Magazine estará allí para contártelo.

Fotos: Desi Estévez

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