Tras 25 años dando tumbos por la vida, una estancia en la cárcel dio una oportunidad a J.D. Graham para poder desarrollar una carrera musical. “Uppers & Downers” es su cuarto disco en estudio. Natural de Oklahoma, el disco ha sido grabado en los estudios Fellowship Hall Sound de Little Rock, Arkansas. Todas las canciones fueron compuestas por J.D. Graham. El productor fue Jason Weinheimer, al que recordaréis como bajista de la reciente gira de Paul Benjaman.
Aparte de J.D. a las guitarras, atención a la banda que lo respalda: John Fullbright al piano, órgano y acordeón; Jesse Aycock a las guitarras, lap steel, vibráfono y dobro; Jason Weinheimer al bajo y Paddy Ryan a la batería. Stephen Lee y John Rickard son músicos invitados. El resultado es un disco lleno de sensibilidad e historias de redención, fe y búsqueda de una sobriedad difícil de alcanzar.
Escucha “Uppers & Downers” de J.D. Graham aquí:
Originario de Oklahoma, la juventud de Graham estuvo marcada por una lucha de 25 años contra la adicción a las drogas, que comenzó con una receta para la ansiedad a los 11 años y derivó en una vida desenfrenada. Su camino dio un giro crucial en 2017, tras un catastrófico accidente automovilístico que lo condujo a una condena de cinco años de prisión en Arizona. Allí, libre de distracciones, Graham enfrentó sus demonios, encontró consuelo en la fe y redescubrió su propósito a través de la música.
Grabó su álbum debut, “Razor Wire Sunrise”, dentro de la Prisión Estatal de Arizona, inspirado por la austera belleza de la vista desde su celda y el peso de sus decisiones pasadas. El tiempo de Graham en prisión también impulsó un programa musical transformador que impartió junto con otros reclusos, dejando un impacto duradero en la población carcelaria a través de un plan de estudios que fomentaba el propósito y la autoexpresión.
Desde su liberación, ha canalizado sus experiencias en una prolífica carrera como compositor, combinando la honestidad pura de influencias como John Moreland, Brandon Jenkins y Jason Isbell con su propio estilo confesional. Su disco de 2024, ”Sergeant of Sorrow”, consolidó su reputación como songwriter. Desgraciadamente, el mes pasado J.D. sufrió un grave accidente al ser atropellado por un camión, dejándole con un montón de fracturas que han hecho que tenga que suspender su gira europea y aplazar la americana. Seguro que sabrá sobreponerse a las dificultades una vez más.
Es paradójico que, gracias al accidente, los principales medios estadounidenses hayan dado voz a un cantautor que lo merece por sus canciones. “Uppers & Downers” es claro desde el título. Trata sobre los altibajos de una vida que no es la que esperabas. Muchas veces, una simple receta equivocada te puede llevar a la perdición. Hay que buscar una fuerza interior para levantarse y desafiar las cartas que te han repartido en la vida. De esa lucha están llenas las canciones del disco.
El álbum se abre con “Diamond (The Stripper Song)”, la historia de una stripper que desciende a los infiernos. Una historia real de una amiga que conoció mientras habitaba en el lado oscuro. La joya que esconde el disco es la enorme “Truth in Tears”, cantada a dúo con nuestro héroe de Tulsa, el nunca suficientemente reconocido John Fullbright. Una canción sobre cómo podemos fingir que nos va bien mientras estamos rotos por dentro. Emocionante, va directa a canción del año.
Aunque quizás peque de presentar demasiados medios tiempos, el nivel de las composiciones y el magistral acompañamiento desafían la monotonía. La banda está formada por varios de los mejores músicos de Tulsa. Así van pasando la esperanzadora “Hail To The Good Times”, el excelente trabajo al piano de Fullbright en “Alter of Grief” y en “Leavin’”, la trágica historia de “Danielle” al ritmo de vals al estilo Tulsa…
Si “My Old Friend” podría estar escrita por cualquiera de sus compañeros de grabación, la profundidad de “The Writer” o “Empty Seats” evoca a Townes Van Zandt. Ya llegando al final, la banda se desgañita por fin y da paso al rock en “Dead Man’s Disguise” y “I Don’t Need Nothin’”. El bonus track, “Wastin’ Time” es un country rock setentero que cierra el disco con un gran sabor de boca. Un gran descubrimiento, otra joya más de la fertil escena de Oklahoma. Esperemos que nuestro amigo pueda recuperarse de su accidente sin secuelas y podamos tenerlo muy pronto encima de los escenarios. 