Brown Horse: “Total Dive”

Brown Horse no se han hecho esperar y están de vuelta con su tercer disco, “Total Dive”. En él, encontramos 10 canciones escritas y grabadas por los habituales Emma Tovell, Nyle Holihan, Rowan Bramham y Patrick Turner. Lo hicieron en sus habituales Sickroom Studios y Bam Bam Studios de Norfolk. La producción corrió a cargo de Owen Turner. Además, Ben Rodwell tocó la batería en todas las canciones y Neve Cariad cantó en todas excepto en “Sorrow Reigns” y “Oblivion”. El disco ha sido editado por Loose Records. 

Escucha “Total Dive” de Brown Horse aquí:

Con Total Dive”, su tercer álbum en apenas tres años, Brown Horse no solo confirman su notable productividad, sino que demuestra una evolución clara hacia un sonido más ambicioso, intenso y definido. Sonando más Neil Young que nunca,  construyen un disco que encuentra su fuerza tanto en la electricidad de sus guitarras como en el peso emocional de sus canciones.

El arranque con “Sorrow Reigns” es toda una declaración de intenciones. Desde los primeros segundos, las guitarras abrasivas y el pedal steel distorsionado crean una atmósfera densa y turbulenta que marca el tono del álbum. La canción combina crudeza instrumental con imágenes líricas duras y casi cinematográficas. “A cámara lenta, se desata la violencia/ Aquí abajo, reinan el frío, la sangre y la tristeza”. Ese equilibrio entre violencia contenida y narrativa emocional se repetirá a lo largo de todo el disco.

A continuación, “Twisters” introduce un matiz algo más contenido. Su aire melancólico refuerza el protagonismo de la voz áspera de Patrick Turner, que transmite una sensación de desgaste emocional y rechazo muy en la línea del añorado Jason Molina. Esa misma línea introspectiva se desarrolla en “Comeback Loading”, donde destacan el uso del acordeón y el pedal steel. Para el videoclip, donde ponen a punto su furgoneta de gira, se inspiran en el “I’m On Fire” de Bruce Springsteen interpretando a un mecánico. El estribillo tiene también una referencia a la leyenda americana. Me pregunto si todavía escuchas al Boss a veces… ¿todavía tienes esa camiseta/ en la que ponía “comeback loading”?”.

El ambiente melancólico de “Hares” nos lleva de nuevo a recordar a Magnolia Electric Co. Su tono invernal y la forma de cantar de Patrick esas reflexiones sobre las relaciones humanas le convierten en un digno heredero del de Ohio. En contraste, “Heart of the Country” es una canción de puro desamor donde nuevamente el acordeón tiene su peso emocional. La letra, una vez, es una excelente observación de nuestras vidas cotidianas. “Guardaba tus poemas en una lata de galletas con los huesos de los ratones que el gato trajo años atrás… pero ya no los leo tanto últimamente/siempre estuvieron un poco fuera de mi alcance de todos modos.

El tema que da título al disco, “Total Dive”, destaca por su energía más directa. Su energía está emparentada directamente con los clásicos del alt-country. No es raro imaginarse a Jay Farrar cantando una canción cuya fuerza reside en el empuje de sus riffs y en las armonías vocales, que aportan un contrapunto melódico especialmente atractivo. Uno de mis momentos favoritos llega con “Wreck”, una de las canciones más largas del álbum. Su desarrollo pausado y envolvente, con ciertos aires al Neil Young más épico, construye una atmósfera casi hipnótica. Una pieza que captura a la perfección el sentimiento de ruptura de una relación con frases tan devastadoras como si sales a navegar después de romper tu corazón roto/ bueno, ¿qué puedes esperar?”.

En la recta final, la banda juega con otros sonidos en “Oblivion”, quizás lo más prescindible del disco, aunque esa letra que coquetea con lanzar nuestras cenizas al espacio para que floten junto a la basura espacial es, sin duda, muy ingeniosa. “Heavy”, breve pero intensa, es el momento de gloria de Rowan Braham, que puede poner su órgano en primer plano por primera vez en un tema que comienza con relativa suavidad y luego alcanza un clímax potente y ruidoso. 

El cierre con “Watching Something Burn Up” es, sin duda, el momento culminante del disco. La canción se construye lentamente, al estilo de los R.E.M. más apocalípticos. Es la culminación perfecta del disco, lo que les hace más especiales y contemporáneos: una banda cantando a un mundo en descomposición donde las relaciones, los recuerdos y los paisajes parecen ir desapareciendo cada vez más rápido delante de nuestros ojos.

Si bien este disco no tiene canciones tan inmediatas como ese “Corduroy Couch” que llevo más de un año sin poder alejar de mi cabeza, es sin duda su mejor colección de canciones. Compacta, intensa emocionalmente y con una banda unida y centrada en expandir su sonido después de años tocando juntos. Estamos ante un trabajo que no solo consolida el crecimiento de la banda, sino que la sitúa en un punto de madurez y proyección increíble. Pdremos comprobarlo en su gira española del próximo verano. Quizás vengan ya como estrellas porque, vista la expectación despertada, su próxima gira americana puede ser su despegue definitivo a otras ligas. 

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