King Tuff: “MOO”

Ya está aquí “MOO”, séptimo disco de King Tuff, proyecto en solitario de Kyle Thomas. El también líder de la banda de stoner rock Witch y miembro de la banda de acompañamiento del músico de Ty Segall ha grabado el disco en una Tascam 388 en el estudio The Log Mansion de Los Ángeles. Como siempre, se ocupa decasi tod, salvo la batería (que se reparten Corey Rose, Ty Segall y Urian Hackney). Todas las canciones están compuestas por el propio Kyle. El disco ha sido editado por Thirty Tigers.

Escucha “MOO” de King Tuff aquí:

Después de casi dos décadas dando forma a su universo sonoro como King Tuff, Kyle Thomas vuelve a un territorio que conoce bien. Tras una etapa más introspectiva y pulida en discos como “The Other” y “Smalltown Stardust”, MOO” funciona como un regreso consciente a sus raíces: menos atmósferas y más electricidad.

Grabado nuevamente, como su ya lejano debut, con una Tascam 388 y armado con su inseparable Gibson SG, el disco apuesta por la imperfección como virtud. Lejos de la sobreproducción digital, Thomas recupera un sonido analógico cálido, ligeramente desgastado, donde cada golpe de batería y cada riff parecen capturados en el momento justo. Esa crudeza no es fácil de conseguir cuando estás grabando por pistas, pero Thomas es un veterano del estudio de grabación.

El resultado es un trabajo directo y enérgico, de apenas media hora, que prioriza la inmediatez sobre la sofisticación. Las canciones se construyen a partir de riffs pegadizos y estructuras simples, pero eficaces, con una ejecución que transmite urgencia y espontaneidad. Las referencias están claras: sucio garage, glam rock y ciertas pinceladas de pop californiano. Las letras siguen esa misma filosofía: cotidianas, personales y a menudo excéntricas. Thomas escribe sobre amor, viajes o escenas aparentemente triviales con una naturalidad que evita caer en clichés.

Entre los momentos más destacados, “Twisted On A Train” abre el álbum con una energía nerviosa y caótica que marca el tono desde el inicio con su riff preciso que domina toda la canción. “Stairway To Nowhere”, por su parte, amplía el alcance acercándose al Tom Petty más rockero, un referente insospechado. Mientras, “Invisible Ink”, se acerca al indie rock americano del momento, con su melodía pegadiza y unos preciosos links de guitarra. “Landline” sigue en esa línea, con una letra que ironiza sobre las líneas de teléfono de autoayuda.

“Crosseyed Critters” tiene una letra realmente hilarante que se va desgranando con un riff omnipresente de fondo. La velocidad aumenta en “Oil Change”. El paso del tiempo y la necesidad de tomarse un respiro aparecen en sus estrofas. “El doctor dijo que voy a estar bien/ Solo necesito un poco de velocidad/ Solo necesito un cambio de aceite”. El disco se va cerrando con un medio tiempo que se encuentra entre lo mejor del disco. “Unglued”, con una producción muy Jeff Lynne, no inventa nada pero no lo necesita para perdurar como lo mejor de este trabajo.

Cuando “Backroads” cierra el disco queda la certeza de que “MOO” no es un disco perfecto, pero tampoco parece que pretenda serlo. Es un álbum ruidoso y honesto, donde la diversión pesa más que la precisión. Puede que su segunda mitad sea un poco menos acertada, pero cuando da con la tecla -y lo hace a menudo- alcanza una energía comparable a los mejores momentos de su carrera. Y es que King Tuff nos recuerda que, a veces, lo más simple es también lo más efectivo. Solo hace falta creer en ello.

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