Kirson, desde Zamora, debutan con ‘Katábasis’

Hay algo muy loco de coger un disco de stoner/desert/grunge hecho en Zamora y acabar catándolo como si fuera un relato de Joseph Campbell. A veces sin darse cuenta, cualquiera que ve sagas, lee libros épicos o cómics… lleva mamando ese esquema toda la vida. Pero que llega un grupo como Kirson y te revienta la épica desde dentro, tiene tela.

Katábasis no es un debut “nuevo”. No para mí, al menos. Esto lleva tiempo percolando. Hace más de un año en un local de ensayo perdido en Zamora, me regalaron la oportunidad de escuchar temas sueltos, ideas, estructuras a medio cocer y eso, te cambia la escucha. Porque ya no estás descubriendo una banda. Estás viendo cómo algo que ya conocías termina de cerrar forma.

Hay una cosa que me dijo Ayuso – voz, cabeza pensante y fundador de la banda – en la entrevista que se me quedó clavada, incluso en ese momento: lo de los pasos del héroe. No como pose, sino como algo que les salía de forma bastante natural al ordenar el disco. Y claro, escuchas Katábasis con eso en la cabeza y ya no puedes hacer como que es “otro debut de fuzz y riffs”.

ENTREVISTA A KIRSON: https://www.dirtyrock.info/2025/01/kirson-desde-zamora-riffs-potentes-y-letras-que-cuentan-historias

Porque no lo es. O al menos no es solo eso.

Después de todo, detrás hay gente muy pensada. E intención.

Ayuso tiene el control del concepto desde el minuto uno. Se nota en las letras, en los títulos, en cómo encaja todo con esa idea de los pasos del héroe que me contó en la entrevista. No como teoría literaria, sino como esqueleto.

Desde el título ya te están avisando: “Katábasis” significa literalmente “descenso” en griego antiguo. En los mitos, se refiere al viaje al inframundo (Hades). En la filosofía, Nietzsche lo usó para describir el descenso a los infiernos de la verdad para destruir ídolos.

Aquí no hay gloria, no hay clímax luminoso. Hay bajada – Katábasis. Un viaje iniciático hacia lo oscuro, un encuentro con figuras arquetípicas y (algo que tendremos que esperar a ver en la segunda parte de este disco conceptual), una posible muerte simbólica del ego para renacer con conocimiento oculto.

Pero ojo, no plantea todo esto con soberbia, con un gesto grandilocuente. Es algo tan real y cercano que toca una fibra que hace que sea casi incómodo: “Juan Nadie” no es un héroe, es lo contrario – es cualquiera de nosotros. Y eso, para los que hemos crecido entre mitologías e historias infladas de superhéroes, tiene más carga de la que parece.

Álvaro… Álvaro es otra historia. Blues de verdad. De ese que no viene de postureo ni de recreación europea. De esos guitarristas que suenan a alguien que, aunque no ha pisado nunca un juke joint en el sur de EEUU, quizá en otra vida sí. Esas raíces y mojo están ahí todo el rato, incluso cuando el tema tira a stoner o a grunge. Siempre hay un lick suyo que se escapa de lo evidente.

Y Manu… Profesor de batería, cofundador de escuela de música de barrio y metalero hasta la médula (entre sus mil y un proyectos, escucha a SIN CONTROL). Es capaz de tocar lo que le pongas delante. Aquí puede que esté en modo contención. Noventero puro y duro. Groove. Espacio. Y aun así se le nota el filo. Le veo detrás del kit y no puedo evitar pensar que se estará frenando todo el rato para no reventarlo con blast beats. Aquí no. Hay agresividad pero los temas respiran. Y desde que salió Diego, Carpio está ahí a pie del cañón rítmico con su bajo casi por los tobillos, muy rollo Trujillo.

Hasta la producción es impecable. Se grabó, mezcló y masterizó en Portugal, en el estudio Hertz Control, con Marco Lima en sesiones repartidas entre mayo y agosto del año pasado. Y Lima no es solo técnico: mete sintetizadores, e-bow, moog, mellotron… Sin hablar de su equipo vintage guapísimo. (Viendo lo que ha sacado de aquí y de discos de El Saguaro, Jesus the Snake, Sulfur Giant y más, solo puedo decir una cosa: ese estudio en el norte de Portugal debería ser visitable. Huele a secreto bien guardado.)

Pues eso, Katábasis no es un disco que suena a simple jam o a “cuatro tíos tocando en el local”. Los cuatro están finísimos, pero tampoco va de lucimiento individual. Va de estructura.

El primer tramo del disco funciona como una demolición lenta. No hay llamada a la aventura, hay más bien una especie de desgaste. Como si el viaje no empezara porque alguien te llama, sino porque ya no puedes quedarte donde estás.

El disco abre con esa sensación de vacío inicial. En “Juan Nadie” está todo ahí. Es alguien que no es nadie. Y sí, la intro tiene algo que me recuerda a King Buffalo. Palabras mayores, vale, pero es así. Y los cambios constantes de ritmo funcionan como parte del desconcierto.

A partir de ahí, Kirson te llevan de vuelta a los maravillosos años 90 con temas como “Espejismo” y “Cobarde”. Este último es probablemente el que menos me entra de primeras, pero entiendo por qué está. Es el que más narrativa tiene. Ahí es donde el disco deja de hablar y empieza otra cosa. Porque el instrumental del medio sí que es importante. No rellena. No suena a pausa ni a “y aquí deberíamos meter algo ‘guapo’ y atmosférico”. Suena a cuando ya no tienes discurso. Cuando no hay letra que te guíe.

En clave épica clásica, quizá aquí tienes el descenso al inframundo – pero más contemporánea. Casi parece un apagón emocional. No se explica, se atraviesa. Y eso, en un disco que supuestamente va de un viaje, es bastante más honesto que cualquier letra que intente cerrar ideas. Y ojo – finalmente, sí es “atmosférico” y bastante “guapo“.

Luego entra “Meteora”, con un break que me parece especialmente brutal. Y después, Ayuso acierta, bajando el tono vocal. No todo tiene que sonar “urgente”, sobre todo con un ritmo a veces tan letárgico (que no es el caso en “Meteora”). Aquí está más evidente esa agresividad de Manu con las baquetas (me recuerda a “Feeding the Horse”, un tema de una banda de unos colgaos de Texas que también sacaron su debut LP hace poco, Sons of Gulliver), antes de convertirse en un arrastre controlado que desemboca en un guitarreo de Álvaro que me flipa.

Escuchamos “No pararé” varias veces porque, efectivamente, el viaje continúa.

Llegamos a “El Portal”. Desde la primera vez que la escuché en su local, ¡me encantó! Esos graves, esas guitarras que sostienen, ese ritmo tan pesado que es casi sludgy, pero no te oprime ni ralentiza. Todo lo contrario. Aquí hay que cruzar. Un solo paso, pero puede cambiarlo todo. Y no sabemos ni hacia dónde vamos. Aun así, Juan Nadie cruza – y con él, todos nosotros.

Es el “no hay vuelta atrás” del disco.

De hecho, no querrás volver. Porque aquí es donde entra Kyuss de frente con “Nada que perder”. Pero no como copia, sino como herencia asumida. Y ese final medio throwdown que no termina de serlo del todo… encaja mejor de lo que debería. No suena a “he llegado” – suena a “ya estoy dentro; ahora a ver qué pasa”.

Y eso es lo que le da sentido a que sea solo la primera parte. Porque si lo cerraran aquí, sería otra cosa. Pero no lo hacen. Kirson dejan la narrativa a medias, en el peor (o mejor) momento: cuando el protagonista ya ha cruzado El Portal pero todavía no entiende nada. Y eso, para una generación acostumbrada a que todo cierre, a que todo tenga arco, payoff y moraleja, se siente raro. Casi incómodo. Pero mola.

No sé muy bien cómo va a ser la segunda parte, pero si son coherentes con este arranque, no esperaría un regreso limpio ni una épica de manual.

Dicho todo eso, lo que más me interesa de todo esto no es el concepto (que está muy bien armado). Ni siquiera el sonido (que he comparado con Kyuss o King Buffalo – poca broma) o la producción (que está muy bien grabada).

Lo que me interesa es que Katábasis no suena a debut en el sentido clásico. Suena a banda que ya tenía esto dentro desde hace tiempo. Y ahora simplemente lo ha dejado salir.

¡Que salga ya la segunda parte, Kirson!

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FECHAS (más a confirmar)

5 junio – Zamora: La Cueva Del Jazz (con Luciférnaga)

6 junio – Gijón: Bola8 (con Amazing Relámpago)

7 junio – León: La Xana del Torio

4 septiembre – Porriño: Liceum (con Luciférnaga)

5 septiembre – A Coruña: Mardi Gras (con Luciférnaga)

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