Desde el noreste de Pittsburgh (Pensilvania-EEUU), aparece Dragline con “American Dream”, un debut que llega tras una larga espera. Quince años después de poner en marcha el proyecto, activos desde 2011, el trío estadounidense por fin presenta su primer trabajo discográfico. Anteriormente, en 2018 publicaron un EP de cuatro temas y varios sencillos donde dejaron bien claro lo que querían ofrecer. Rock and roll directo, sucio y sin concesiones. “American Dream” lo despachan en poco más de veinticinco minutos, nueve canciones que huelen a gasolina, cerveza y carretera.
Ni se molestan en dar espacio a florituras ni experimentos innecesarios. Su propuesta se basa en la inmediatez, en esos temas que entran a la primera escucha y que invitan a mover el pie de forma instintiva o a subir el volumen sin miramientos. Las influencias del punk y del rock and roll con arraigo estadounidense son evidentes, aunque el grupo las lleva un paso más allá acercándose por momentos a terrenos propios del cowpunk. Jimmy Feudale (voz y guitarra), Jay Zanotti (batería) y Mike Rowe (bajo) tienen como único objetivo la efectividad, hacer canciones contundentes y llenas de energía.
La crudeza se refleja en “American Dream”, guitarras distorsionadas, una batería furiosa, un bajo sólido y una voz ácida y convincente construyen un sonido que parece sacado de un bar de carretera en plena madrugada. Hay espacio para ritmos más pausados y también para acelerones que mantienen la dinámica del álbum siempre en movimiento, como si cada canción fuese una nueva pisada sobre el acelerador. La energía punk permanece latente pero siempre equilibrada con melodías de raíces rockeras. “American Dream” no busca cambiar las reglas del juego ni convertirse en una obra revolucionaria. Lo suyo es reflejar autenticidad, actitud y diversión. Un debut resultón, cargado de energía y con claras ganas de gustar. Y lo cierto es que acaba consiguiéndolo.