“Good God / Baad Man” (Nuclear Blast, 2026) representa una nueva vuelta de tuerca de Corrosion Of Conformity. Un ambicioso álbum doble donde el groove sureño, la contundencia y la personalidad de la banda siguen intactos.
Parece mentira que hayan pasado treinta años desde mi primer contacto con Corrosion Of Confirmity. Desde la primera fila del aquel escenario en forma de guitarra que Metallica llevaban en la gira de presentación de “Load”, he de decir avergonzado que no les presté la atención que merecían. Era joven y la excitación de ver por primera vez a la banda afincada en San Francisco fueron las culpables.
Cierto es que su estilo mucho más stoner no encajaba en mis aún raquiticas estanterias, ignorantes de lo que se les vendría encima durante los años siguientes. Esa misma vergüenza me lleva a reconocer que no fue hasta hace poco, en que nombres como Clutch o Monster Magnet comenzaron a formar parte de mi imaginario sonoro, que no recuperé “Deliverance” y “Wiseblood”. Por eso la noticia de un nuevo trabajo de la banda de Pepper Keenan suponía una alegría y un punto de misterio.
Cuando una banda supera cuatro décadas de carrera, la tentación de vivir de las rentas suele estar siempre presente. Más aún cuando por el camino se han sufrido golpes tan duros como la pérdida de Reed Mullin o la marcha de un miembro tan importante como Mike Dean. Sin embargo, Corrosion of Conformity se han sobrepuesto a eso cambios con un ambicioso álbum doble titulado “Good God / Baad Man”, un trabajo que lejos de sonar a despedida se presenta como una nueva declaración de principios.
La idea de dividir el disco en dos partes responde a una lógica casi natural. La propia banda ha explicado que las canciones fueron acumulándose hasta hacer imposible condensarlas en un único álbum sencillo. El resultado son dos caras diferenciadas pero complementarias. “Good God” recoge el lado más agresivo y contundente del grupo, mientras que “Baad Man” se permite explorar terrenos más abiertos, melódicos y experimentales. Una dualidad que funciona como un perfecto resumen de todo lo que ha sido Corrosion of Conformity durante su trayectoria.

Lo primero que llama la atención es la naturalidad con la que la banda transita entre registros. Hay riffs pesados, grooves pantanosos y ese inconfundible aroma sureño que siempre ha distinguido a la formación de Carolina del Norte. Pero también aparecen momentos donde el blues, el boogie, la psicodelia e incluso ciertos pasajes cercanos al rock clásico encuentran acomodo sin que el conjunto pierda identidad.
Desde los primeros compases de “Good God? / Final Dawn” queda claro que el grupo sigue dominando el arte del riff pesado. Hay músculo, hay groove y una contundencia que continúa en temas como “The Handler” o en la explosiva “Gimme Some Moore”, donde las raíces hardcore de los primeros Corrosion of Conformity vuelven a asomar la cabeza con una energía poco habitual en músicos que llevan más de cuarenta años en activo.

Pero el verdadero interés del disco aparece cuando la banda decide ampliar el campo de visión. “You Or Me” introduce elementos psicodélicos y desarrollos inesperados que rompen la estructura tradicional de la canción. Más lejos aún llega “Bedouin’s Hand”, una pieza instrumental cargada de atmósferas desérticas y texturas hipnóticas que demuestra hasta qué punto el grupo sigue sintiéndose cómodo fuera de los límites del metal convencional.
La primera mitad culmina con “Run For Your Life”, una composición de largo recorrido donde Pepper Keenan y Woody Weatherman permiten respirar a las canciones y construir uno de los momentos más ambiciosos de todo el trabajo. Podría parece que disponer de una nueva base rítmica tras tantos años sería complejo de llevar. Pero la incorporación de Stanton Moore a la batería (aunque en directo la formación se presentará con Nick Shabatura) y Bobby “Rock” Landgraf al bajo dejan muy claro que esos nuevos aires le están viniendo muy bien a la banda.
Para los que sigan degustando la música en formato físico, ese espacio para cambiar el disco viene perfecto para oxigenar los sentidos y hacer un pequeño reset antes de enfrentarse a “Baad Man”. Una cara que se mueve con comodidad entre el rock sureño, el boogie, el blues y la psicodelia. El tema que da título al segundo volumen marca rápidamente las diferencias. Hay menos urgencia y más espacio para el groove. Una sensación que continúa en “Lose Yourself” y en la misteriosa “Mandra Sonos”, donde la banda parece disfrutar explorando nuevos matices sin perder nunca su identidad.
Uno de los puntos más altos del álbum llega con “Handcuff County”. Su combinación de swagger sureño, guitarras clásicas y pegada contemporánea muestra su capacidad para combinar músculo y groove con una facilidad insultante. La producción de Warren Riker, que asumió el proyecto tras los problemas de salud de John Custer, consigue además que el disco respire y evite la sensación de exceso que suele acompañar a muchos álbumes dobles.

Todavía hay espacio para sorpresas. “Brickman” muestra una faceta más oscura y reflexiva, alejada de los terrenos habituales del grupo, mientras que “Forever Amplified” cierra el viaje mezclando hard rock, metal y espíritu celebratorio en una despedida que suena más a reafirmación que a conclusión.
Quizá el mayor mérito de “Good God / Baad Man” sea precisamente ese. No se trata de un ejercicio de nostalgia ni de un intento desesperado por sonar contemporáneos. Es simplemente una banda veterana aceptando el paso del tiempo sin renunciar a su identidad. Hay rabia, dureza y electricidad, pero también serenidad y confianza. Puede que la ausencia de Reed Mullin y Mike Dean se deje notar en determinados momentos, especialmente para quienes crecieron con aquellas formaciones clásicas. Pero el corazón de Corrosion of Conformity sigue latiendo con fuerza gracias a Pepper Keenan y Woody Weatherman, que entregan uno de los trabajos más honestos de su carrera reciente.
Corrosion Of Conformity estarán de gira por nuestro país en tres citas imprescindibles en las que disfrutar del nuevo material y los grandes temas de la banda.