Biffy Clyro emociona en Barcelona con un concierto de contrastes

Los escoceses Biffy Clyro ampliaron su formación para conquistar el Poble Espanyol con un repertorio que alternó contundencia, sensibilidad y una comunión absoluta con el público.

Con una temperatura que todavía superaba los treinta grados al caer la noche, el Poble Espanyol recibió el esperado regreso de Biffy Clyro, una de esas bandas que ha conseguido construir una personalidad propia dentro del rock contemporáneo. Lejos de acomodarse en una fórmula de éxito, los escoceses volvieron a demostrar que la intensidad no siempre depende del volumen, sino de la capacidad para mezclar contundencia y emoción en un mismo concierto.

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No tardaron en dejar claras sus intenciones. «The Captain» y «That Golden Rule» sirvieron como una declaración de principios, con un público entregado desde el primer acorde y coreando unas canciones que ya forman parte de la historia reciente de la banda. La conexión terminó de consolidarse con «Who’s Got a Match?», momento en el que Simon Neil aprovechó para felicitar a España por la reciente conquista del Mundial antes de dejar que el público hiciera suyo el poderoso estribillo del tema.

Aunque el protagonismo siguió recayendo sobre el carismático cantante y guitarrista, la formación ampliada aportó nuevos matices al espectáculo. Junto a Ben Johnston, la bajista Naomi Macleod, que sustituía a James Johnston, el guitarrista Mike Vennart y dos violinistas enriquecieron un sonido que mantuvo intacta la esencia de Biffy Clyro sin renunciar a explorar nuevos registros. Lejos de limitarse a un acompañamiento testimonial, las cuerdas aparecieron en distintos momentos del concierto aportando profundidad y un elegante contrapunto a la habitual potencia de las guitarras.

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Buena prueba de ello fue «Biblical», donde los violines elevaron aún más el carácter épico de una de las composiciones más celebradas de la noche. También estuvieron muy presentes en «A Little Love», donde la delicadeza de los arreglos contrastó con la intensidad emocional de la interpretación. Uno de los highlights que se dieron en le concierto vino de la mano de «Instant History» a los que el público respondió con un desmesurado entusiasmo.  «Goodbye» devolvió la atmósfera a unos aires más íntimos antes de que «Living Is a Problem Because Everything Dies» volviera a disparar las pulsaciones del público.

El repertorio encontró un equilibrio constante entre las composiciones más recientes de «Futique» y algunos de los grandes clásicos de la banda. La vigorosa «Hunting Season» devolvió toda la electricidad al escenario, mientras que «Space» recuperó la presencia de las violinistas en uno de los momentos más delicados del concierto.

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La contundencia regresó con una demoledora «Cop Syrup», cuyo largo desarrollo instrumental puso de manifiesto la capacidad de la banda para moverse con absoluta naturalidad entre el rock alternativo, el metal y el progresivo. A partir de ahí, el concierto entró en una fase de crecimiento continuo con «Different People», «Hunger in Your Haunt» y una celebradísima «Black Chandelier», cuyo estribillo volvió a quedar prácticamente en manos del público mientras Naomi Macleod ocupaba la tarima central.

Después de la siempre efectiva «Mountains», llegó uno de los momentos más delicados de la noche con «Machines». La instrumentación se redujo al mínimo con Simon tocando su guitarra acústica y dejando espacio para que las dos violinistas salieran progresivamente para envolver la canción con una sensibilidad que silenció por completo al Poble Espanyol antes de que «Wolves of Winter» devolviera toda la electricidad al escenario.

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El desenlace difícilmente pudo ser más efectivo. «Bubbles» fue recibida con entusiasmo y preparó el terreno para una emocionante interpretación de «Many of Horror». Con las violinistas de nuevo sobre las tablas y miles de voces cantando el estribillo al unísono, la banda y el público alcanzaron esa comunión que solo se produce cuando un concierto conecta emocionalmente con quienes lo viven.

No fue simplemente un repaso a los grandes éxitos de Biffy Clyro. Fue la demostración de que el grupo continúa evolucionando sin perder la identidad que lo ha convertido en una de las propuestas más personales del rock británico de las últimas dos décadas. Barcelona, a pesar de la media entrada que ofreció el Poble Espanyol, volvió a rendirse a una banda que entiende el directo como una montaña rusa de emociones y que, una vez más, abandonó el escenario con la sensación de haber dejado absolutamente todo sobre él y dejando claro que ellos son los Biffy “fuckin'” Clyro.

Fotos: Desi Estévez

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