La espera ha sido larga, pero finalmente Eric Johnson debutó en nuestros escenarios. El legendario guitarrista texano, una de las figuras más respetadas de la guitarra contemporánea, ofreció el 5 de Julio en la sala Lab Wagon de Madrid un concierto que reunió a seguidores de distintas generaciones. Atraídos por la oportunidad de ver en directo a un músico cuya trayectoria ha marcado la historia del rock instrumental durante las últimas décadas. Aunque no se alcanzó el lleno absoluto, la asistencia fue más que notable y el ambiente reflejaba la expectación que genera un artista de culto. Acompañado por Tal Bergman a la batería y Daniel Kimbro al bajo, Johnson presentó un repertorio que recorrió diferentes etapas de su carrera. Dentro de su gira por Europa “Texaphonic”, título del proyecto musical más reciente del artista, nos ofreció un viaje por los múltiples estilos que han definido su personalidad musical.
Desde los primeros compases quedó patente que el auténtico protagonista de la velada era su guitarra. Con una técnica extraordinaria y una elegancia interpretativa, Johnson fue alternando pasajes de rock, blues, jazz, pop y fusión con absoluta naturalidad. Composiciones propias como “Righteous”, “Forty Mile Town”, “Friends”… “Trueheart Blues”, “Steve´s Boogie”… “Desert Rose”… alternadas con versiones de Duke Ellington (“Caravan”), Bronislau Kaper (“On Green Dolphin Street”)… fueron el deleite sonoro, la muestra evolutiva e influencias de más de cinco décadas de actividad. La mayor parte del repertorio fue instrumental, un terreno en el que el guitarrista es dueño y señor, dejando las intervenciones vocales en un segundo plano. A sus 71 años, Eric Johnson continúa demostrando por qué es considerado uno de los grandes maestros de las seis cuerdas. Su sonido mantiene esa combinación tan característica de limpieza, precisión y calidez, transmitiendo en cada solo tanto virtuosismo como sensibilidad.
La velocidad de ejecución nunca eclipsa la musicalidad, una de las señas de identidad que le ha acompañado desde el inicio de su carrera. Uno de los instantes más emotivos de la noche llegó cuando Johnson dejó la guitarra eléctrica para sentarse junto a Daniel Kimbro con una acústica entre las manos. En un ambiente más íntimo, el músico mostró su faceta más sensible, regalando algunas interpretaciones cargadas de delicadeza. El formato de trío, sin embargo, dejó cierta sensación de frialdad. Tanto Bergman como Kimbro realizaron un trabajo sólido y profesional, sosteniendo el desarrollo de las composiciones con solvencia. Aunque en determinados momentos faltó espontaneidad, complicidad y un desarrollo rítmico más variado. Madrid fue testigo del meticuloso cuidado que tiene este gran guitarrista por encontrar la tonalidad perfecta en su instrumento y la capacidad para combinar técnica con melodía. Peculiaridades que continúan siendo sus principales señas de identidad y acreditan el nombre de Eric Johnson.