“Sex & Religion”: el riesgo de ser fiel a uno mismo

Se cumplen treinta y tres años de la publicación de “Sex & Religion”, un disco por el que Steve Vai sigue cargando con una cruz que probablemente nunca mereció llevar.

¿Por qué tener que esperar a un número redondo para celebrarlo? ¿Acaso 33 años no es un guarismo suficientemente cabalístico para un disco cuyo tema se aproxima a la religión? Es cierto que Steve Vai en ningún momento tuvo la intención de dedicar el disco a una religión concreta, sino más bien a los pormenores que ella conlleva. Pero resulta ideal para relacionarlo con el disco. Por el lado más obvio, todos sabemos que esa fue la edad que se supone que Jesucristo vivió en la tierra antes de morir en la cruz y resucitar.

También se dice que esa fue la cantidad de milagros que realizó. Por otra parte, en un plano más cabalístico, es un número maestro que representa el amor universal, la compasión y el servicio a los demás. Además, exige una gran responsabilidad emocional que puede agotar a la persona si absorbe los problemas ajenos. Toda una carga pesada que llevar sobre los hombros. Vaya, parece que todo encaja para que hablemos de “Sex & Religion”… Pero centrémonos en la música y dejemos las teorías de la conspiración… o no.

El sucesor de “Passion and Warfare”

Corría 1990 cuando un joven Steve Vai decide dar un paso adelante y publicar “Passion and Warfare”. Curtido gracias al trabajo junto a su admirado mentor Frank Zappa y otros nombres tan insignes del hard rock como Alcatrazz, David Lee Roth o Whitesnake, Steve Vai saca de su chistera de prestidigitador una obra maestra como esa. Una obra surgida exclusivamente de su inquieto cerebro, tan imaginativo y creativo, en la que las colaboraciones son meramente testimoniales. Un disco que puso a Vai en las portadas de publicaciones más allá de las especializadas en guitarras.

20220719-Steve-Vai_DSI1993©DesiEstevez

Pero llegado el momento de entrar en el estudio, Vai retoma una idea primitiva que le rondaba en la cabeza incluso antes de publicar su exitoso álbum. Para “Flex-able” había trabajado casi en solitario y le apetecía volver a formar parte de un conjunto. Compartir el espacio creativo para que los flujos de ideas sirvieran para crear las nuevas melodías de lo que sería su siguiente disco.

Antes de “Passion & Warfare” ya reunió bajo el nombre de The Classified a varios músicos para grabar un disco que vería la luz en el 25.º aniversario de su obra maestra con el título de “Modern Primitive”. Y eso es lo que Vai hizo tras probar las mieles del éxito masivo de “Passion & Warfare”. En lugar de grabar otro álbum instrumental para satisfacer a sus seguidores, decidió montar una banda de verdad y tomar una de las decisiones artísticas más valientes de toda su carrera.

Una banda a medida

Desde sus primeros trabajos hasta aquel 93, Steve Vai había conseguido no solo hacerse un nombre en la música, sino también una buena cantidad de números en su agenda a los que llamar para formar parte de lo que casi podría llamarse un supergrupo. Quizás queriendo replicar esas sensaciones de la primera encarnación de la banda que acompañó a David Lee Roth, buscó primeras espadas como Terry Bozzio a la batería y T.M. Stevens al bajo. Pero no quería otro instrumental, por eso decidió que un joven Devin Townsend se encargara de las letras y las voces.

Leyendo las notas del libreto de “Modern Primitive”, Townsend y Vai ya se conocieron y grabaron uno de los temas en el 90. Pero, a fin de cuentas, eso fue algo anecdótico. “Sex & Religion” supuso el debut del excéntrico cantante canadiense. Pero Vai pronto descubrió que reunir músicos enormes no significa formar una banda. Él mismo ha reconocido años después que no estaba preparado para dirigir un grupo donde todos quisieran aportar ideas. Quería una banda… pero también quería controlar el rumbo artístico, y ambas cosas en aquel momento chocaron constantemente.

El descubrimiento de Devin Townsend

Hagamos un pequeño alto en la revisión del disco para detenernos en el nacimiento de uno de los artistas más prolíficos y alocados del panorama musical. Y es que sin ese empujón de Vai no tendríamos discos tan interesantes como “Strapping Young Lad”, “Ocean Machine”, “Empath” o su reciente “The Moth”.

Con apenas veinte años, Vai quedó fascinado por aquella voz descomunal y vio en él el talento necesario para llevar sus letras a otra dimensión. Sin embargo, Devin pronto comprobó que su participación iba a quedar reducida a “Pig”, algo que le generó una sensación de desapego hacia las letras de unas canciones que no eran suyas. Cantaba letras profundamente personales escritas por Vai y nunca terminó de sentirse cómodo interpretándolas. Una frustración que terminaría originando Strapping Young Lad años después.

20230316-Devin-Townsend_DSI0568©DesiEstevez

De hecho, Devin Townsend fue el único de los tres que acompañó a Steve Vai durante toda su gira de presentación. Es gracioso que todo el mundo ponga el acento en que “mostró al mundo a un cantante”. La gente se olvida de que en esa gira Townsend era quien le daba la réplica a Steve Vai con las segundas guitarras.

Y eso son palabras mayores sobre el nivel que el canadiense atesora en su digitación. Quizás esa gira fue lo que hizo que su amistad se afianzara, haciendo que ambos músicos se hayan respetado y hayan seguido colaborando a lo largo de los años. Está claro que “Sex & Religion” significó un aprendizaje mutuo, una manera de canalizar la creatividad vista desde dos lados diferentes que llegó demasiado pronto para ambos.

El título

Siguiendo con la idea de jugar con términos relacionados pero no contrapuestos, tras la pasión y la guerra, Steve Vai continuó con una mezcla similar para su nuevo disco. Sexo y religión fueron las escogidas. Y no creo que fuera al azar. En ambas, las primeras palabras de la ecuación nacen del deseo físico y del afecto fuerte y son capaces de mover a las personas a actuar sin pensar y a buscar la unión con otros.

 

Algo que tanto la guerra como la religión también son capaces de conseguir, pero poniendo como centro de poder a otro, quedando más cerca del conflicto. Incluso estas pueden llegar a retroalimentarse en el momento en que la religión a veces justifica la guerra y la guerra usa la fe como un escudo. Steve Vai volvía a poner el foco en querer reflejar los extremos de la condición humana y el conflicto constante entre el sexo y la religión.

La música

La primera pista que Steve Vai nos da para que sepamos que este no va a ser un “Passion & Warfare” aparece en los primeros segundos del disco. Unos cristales rotos preceden a “An Earth Dweller’s Return”, para indicar que cualquier reflejo que pudiera haber respecto al anterior disco se vería solo en pequeños fragmentos. Está claro que Steve Vai tiene un estilo fácilmente reconocible, pero estaba decidido a que nadie pudiera decir que se repetía.

En parte por encontrar en Terry Bozzio y T.M. Stevens a la dupla perfecta para mostrar ese nuevo lado del guitarrista. Las baterías de Bozzio adquieren un peso importante, dando respuesta a los patrones imposibles imaginados por Vai. Y eso sin olvidar el groove que Stevens aporta a los temas. Musicalmente, el trabajo tiene, aun quedando lejos del anterior, momentos brillantes. Quizás sea en las letras donde “Sex & Religion” queda muy por debajo. Algo comprensible para alguien que tiene en sus manos, y no en la palabra, su medio perfecto para expresarse.

Además, el hecho de que Vai dejara que un compositor como Desmond Child aportara “In My Dreams With You” ya muestra que, más allá de mostrar su habilidad, el guitarrista quería un hit. Pero no siempre a uno le ofrecen otro “Living on a Prayer”. Tampoco ayudó comercialmente al disco aparecer en medio del apogeo del grunge. Le honra, al menos, no haberse subido al carro y haber seguido con su estilo más allá de la corriente mayoritaria. Pero posee grandes momentos de brillantez, como “Rescue Me or Bury Me”, grabada en una toma, o la belleza de “Touching Tongues”.

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Y, para quien quiera, puede encontrar ya en la portada simbología con la que analizar el trabajo. El conjunto podría resumir visualmente el mensaje de todo el álbum. Devin Townsend aparece representado como una reinterpretación contemporánea de San Sebastián, atravesado por tres flechas, pero lejos de la imagen tradicional del mártir derrotado. Su postura, el halo que rodea su cabeza y el complejo marco repleto de símbolos procedentes de distintas tradiciones espirituales sugieren una búsqueda mucho más amplia que la estrictamente cristiana.

Podría ser Vai en busca de la continua evolución de su arte sin casarse con estilos concretos. Curiosamente, el sexo apenas aparece representado más allá del torso desnudo del cantante. No hay provocación ni erotismo. Tampoco dogma religioso. Solo un ser humano situado en el centro de dos dimensiones inseparables: la física y la espiritual. Exactamente la misma tensión que Steve Vai desarrolla a lo largo de todo el disco.

El resultado final fue un trabajo «crucificado» por las expectativas, por la crítica y por el contexto histórico, pero que hoy, visto con perspectiva, tiene muchas más luces que sombras. Quizás en su salida nadie entendió del todo “Sex & Religion”, pero 33 años más tarde sigue siendo una excelente excusa para dejarse llevar por una rareza dentro de la discografía de Steve Vai

Fotos: Desi Estévez

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