Hay algo que siempre me ha fascinado de Matt Pike.
Mientras medio Bahía de San Francisco estaba obsesionada con tocar cada vez más rápido para ver quién era el rey del thrash, Pike y Al Cisneros decidieron hacer exactamente lo contrario. Bajaron el tempo hasta convertir una sola nota sostenida en algo más pesado que treinta notas disparadas por segundo. Dopesmoker. Jerusalem. Llámalo como quieras. Da igual. El mensaje siempre fue el mismo.
A veces, lo que más pesa… es la espera.
Y anoche empezó bastante antes de que sonara el primer riff.

Ayer, 5 de agosto, High on Fire arrancaban en Barcelona su gira europea de 2026. La Sala 2 de Razzmatazz era la primera parada antes de Madrid y Bilbao.
La cancelación de HELAK por problemas con uno de sus visados dejó a bastante gente esperando más de la cuenta mientras los horarios terminaban de reajustarse. Agosto nunca ha sido precisamente el mejor mes para girar por el sur de Europa y hay que tener muchos huevos para plantear una gira de salas empezando un miércoles en una ciudad con medio país de vacaciones.

Al final daba un poco igual. Si algo llevan décadas enseñándonos Matt Pike y compañía es que, cuando por fin llega el siguiente riff, la espera suele merecer la pena.
Poco antes de las 21:15h aparecieron Pike, Jeff Matz y Ben Koller entre el humo y la melodía de “Karanlık Yol”.
Siempre me ha gustado la historia detrás de ese tema. Pike vio un cartel de carretera durante una gira por Turquía. No sabía qué significaba. Simplemente le gustaban aquellas dos palabras. Cuando descubrió que querían decir “camino oscuro”, nació la canción. No habla tanto de una carretera como de esa sensación de estar muy lejos de casa, sin entender el idioma ni saber exactamente qué hay detrás de la siguiente curva.
Quizá también era un pequeño aviso para los que estábamos allí. ¿Quién sabe lo que nos espera más adelante?
Yo sí os lo puedo decir – ¡una auténtica apisonadora!

“Burning Down” terminó con esos blast beats marca de la casa, antes de que “Hung, Drawn and Quartered” cambiara completamente el pulso con una batería mucho más tribal. Y aquí conviene detenerse un segundo.
Qué barbaridad de batería.
No se habla suficiente de Benjamin Koller, sustituyendo a Coady Willis. No es sólo la pegada. Es la facilidad con la que pasa de blast beats casi imposibles a grooves pesadísimos sin que parezca que esté haciendo absolutamente nada extraordinario. Y eso es muchísimo más difícil de lo que parece.

“Rumors of War” fue, como cabía esperar, uno de los momentos que el público esperaba con más ganas, mientras “10,000 Years” volvió a recordar por qué Sleep sigue estando tan presente en el ADN de Pike. Breakdown tras breakdown. Cabezas moviéndose despacio. Todo extremadamente pesado sin necesidad de correr.
Jeff Matz, por su parte, volvió a hacer exactamente lo que lleva años haciendo: sujetarlo absolutamente todo.
Llegó “Fertile Green” y con ella el primer mosh serio de la noche. La Razz 2 no estaba llena, pero sí bastante más de lo que esperaba para ser un miércoles de agosto. Cuando terminó la canción ocurrió algo que resume bastante bien el concierto: Koller tuvo incluso que recolocar los platillos porque se habían acabado desplazándose solos de tanto moverse el escenario.
Poca broma, “Fertile Green”. Forma parte de De Vermis Mysteriis (2012), probablemente el disco más marciano de High on Fire. Matt Pike imaginó toda una historia alrededor del supuesto hermano gemelo de Jesucristo, muerto al nacer para salvarle la vida y convertido después en viajero en el tiempo.
Sí. Pike lleva muchos años viviendo en un lugar muy distinto al resto de nosotros. Y menos mal.

Musicalmente, “Fertile Green” no necesita demasiadas explicaciones. Es High on Fire haciendo exactamente lo que mejor saben hacer: galopes, riffs afilados, thrash, groove y una cantidad brutal de mala leche. Matt Pike y compañía recordándonos, una vez más, por qué siguen siendo una de las mejores bandas de metal pesado del planeta.
Después llegaron los riffs pantanosos de “Baghdad”. Lentos. Espesos. Casi sludgy.
Matt Pike escupía constantemente mientras se secaba el sudor del torso desnudo entre solo y solo. Y pensé exactamente lo mismo que llevo pensando desde hace años. Matt Pike no necesita una puta camiseta.
Ni tampoco un técnico cambiándole la guitarra después de cada canción, como había visto apenas veinticuatro horas antes con el guitar hero Zakk Wylde al frente de Black Label Society en la sala grande de Razzmatazz.
Aquí sólo hacía falta alguien que fuera limpiando el sudor de aquella preciosa Woodrite Warlord azul.
El outro de “Fireface” fue uno de los momentos más épicos de la noche y Pike rompió por fin el silencio.
“Are ya having a good time?”
Pues claro.
Fuera, Barcelona hervía. Dentro, había humo, cerveza fría, el aire acondicionado a tope y High on Fire derritiéndonos la cara. Se me ocurren pocos planes mejores.

Terminaron el último acorde de “Sol’s Golden Curse” y Jeff Matz señaló al público.
No hizo falta decir nada. El círculo se abrió solo. “Fury Whip” hizo el resto. Sí, durante la canción entera… hubo mosh.
Y entonces llegó uno de esos momentos por los que muchos habían ido: “Snakes for the Divine”.
Esa intro sigue sonando tan épica como hace quince años. Construida sobre pull-offs y cuerdas al aire, es casi shred… hasta que recuerdas que debajo siguen rugiendo toneladas de graves y groove.
Por cierto, ¿Quién mezcla blast beats con groove tan bien como High on Fire?
Muy pocos.
Probablemente nadie.

El cierre quedó reservado para “Darker Fleece”. Diez minutos de tensión creciente mientras el sonido, por fin, había mejorado poco a poco hasta dejar por fin la voz de Pike por encima de aquella avalancha de riffs.
A las 22:30h se acabó.
Sin bis y sin teatro. Pike tumbó la guitarra sobre las tablas. Matz dio la vuelta al bajo. Koller bajó uno de los platos para que el público lo golpeara como si fuera un gong anunciando el final del ritual.

Y ya.
Claro que todos queríamos otro par de canciones. Pero, pensándolo bien, tampoco habría tenido mucho sentido.
Mi amiga Julieta lo resumió mejor que nadie al salir: “Muy Lemmy.”
Esto es High on Fire.
Nunca han necesitado mucho más. Llegar. Afinar varios pisos por debajo del suelo. Tocar. Irse.
Casi treinta años después, Matt Pike sigue demostrando que no hace falta correr para sonar más pesado que nadie.
Esta noche repiten la jugada en Madrid y el domingo cerrarán el paso por la península en Bilbao, después de volver a hacer escala en el Sonic Blast Festival de Portugal.
Si podéis, id.
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