Castle, la banda proveniente de San Francisco (California, EEUU), regresa con “Carrie Chains”. Una nueva entrega en la que la tendencia por recuperar la intensidad del doom y metal vuelve a manifestarse con fuerza en sus composiciones. Desde 2009, la trayectoria de Castle ha quedado reflejada en siete trabajos discográficos, consolidando progresivamente unas señas de identidad propias. El heavy doom metal de Castle es un incuestionable guiño a las décadas de los setenta y ochenta y a aquellas bandas que forjaron las bases del heavy metal tradicional. Si en su anterior disco “Evil Remains” (2024) consolidaron la identidad sonora de Castle dejando el listón muy alto, en esta nueva entrega mantienen esa intensidad y aumentan un sonido más espeso. Aunque la identidad del trío sigue vigente, la variedad rítmica que hacía de motor en su anterior trabajo y el colorido de guitarras en éste queda un peldaño por debajo.
El perenne dúo formado por Mat Davis, a la guitarra y voz, y Liz Blackwell, al bajo y voz, junto a Mike Cotton a la batería, son la clave de una propuesta construida sobre una poderosa base instrumental. Castle reaparecen con ocho temas que dan vida a “Carrie Chains”. A lo largo del disco encontramos una sucesión de riffs serpenteantes y poderosos, acompañados por una voz embriagadora y firme, mientras el sonido masivo del bajo se convierte en el verdadero cimiento de cada composición. La guitarra aporta esa dimensión áspera y pesada que termina de configurar una atmósfera oscura y envolvente. El uso masivo de la saturación, especialmente en la interacción entre bajo y guitarra, genera un sonido opresivo que se mueve con naturalidad dentro de la pesadez del doom.
La contundente sección rítmica, impuesta por el poderío del bajo y respaldada por una batería firme, proporciona la base sobre el que se levantan unas composiciones densas y de gran fuerza. La alineación inquebrantable de los tres instrumentos, en ocasiones, se perciben como un único bloque sólido. La combinación entre un áspero heavy metal con tendencia doom adquiere aquí un marcado aroma retro. Castle recuperan esa esencia de un heavy metal primitivo, directo y poco pulido, en el que los riffs adquieren todo el protagonismo y la saturación se convierte en una herramienta fundamental para construir un sonido compacto y opresivo. “Carrie Chains” se presenta así como una nueva manifestación de los hechiceros del doom, una obra donde la oscuridad, la pesadez y el clasicismo del heavy metal convergen en un sonido directo y profundamente arraigado en las raíces del género.