LIMBO. BABY SCREAM feat. EZE GRUBER

Juan Pablo Mazzola sigue en sus trece de hacer música y nosotros persistimos en la manía de escucharla. Este disco, hecho a cuatro manos con su compatriota Ezequiel Gruber, desconcierta de inicio y se agradece a continuación. Mazzola, en cualquiera de sus facetas y señaladamente en su personificación Baby Scream, es un maestro del power pop en su vertiente más relajada y exquisita. Con este proyecto, titulado Limbo, su propuesta habitual se funde con los sintetizadores de Eze Gruber, y utilizo intencionadamente el verbo fundir, porque no se apoya ni se reviste ni se adorna con el trabajo de Gruber: estamos hablando de una fusión completa. Desde el primer tema, “Parole”, un comienzo brioso, la voz sintetizada nos advierte que estamos ante algo diferente, que recuerda a lo que ya conocíamos pero en una nueva dimensión. El ritmo te arrastra y todavía no sabes a dónde y de improviso acaba, y ya la voz que escuchas en “Smoke and Mirrors” es la de siempre, pero ahora lo nuevo es el lienzo sonoro, y todo tiene un dejo de la escena de fin de siglo en Sheffield, entre humo y espejos y sueños, y la canción que se escapa poblada de ecos y voces y una guitarra que viene de algún lugar de la mente y una coda repetida en el laberinto sin salida del que sin embargo salimos. Una vez fuera nos encontramos con Mazzola hablándonos al oído como él sabe hacer: es “Lullaby” y nos traslada a la soledad que a nadie importa, mientras en segundo plano la percusión contrasta con la melodía y la voz es el último resquicio de sentimiento frente a un mundo mecanizado en el que los ángeles ya no vuelan, no pueden.

Hay un bucle infinito en “Puppets”, en el que la memoria secular de la guitarra que acostumbraba a guiar las canciones se enreda en la realidad de los sintetizadores y caemos en un pozo de nebulosa lisérgica. El mundo de las máquinas resurge en el tecno-pop de “21st Century Bullshit”, y el mensaje contrasta con la música superficial, orientada al disfrute. Nada de esto tiene sentido pero nos gusta, hacía mucho tiempo que no se oía música como esta, son cosas que solo ocurren en Valencia, último exilio de Mazzola. “Permanent Crisis Regime” es la siguiente entrega en unaa colección perfectamente secuenciada, balada pop en la que la refinada orquestación hace que la pérdida del amor duela de una manera distinta y las emociones abrazan delirios barrocos mientras oyes cuerdas y percusiones, diapasones de la tristeza, relojes de desesperanza.

El paso del tiempo penetra el alma de “Wings of Desire”, canción a la que una segunda voz inesperada otorga un tenue relieve. Como un paréntesis “H” encierra en su breve y críptico título una pieza de orfebrería que nos lleva desde la calma a un estribillo colmado de estrellas y a una salida luminosa. Corte abrupto y “False Alarm”, pop clásico tamizado por la voz velada de Mazzola que parece llegar desde campos de fresas y cielos psicodélicos. “The Jester” es sin embargo absolutamente intemporal, Baby Scream de principio a fin. Llega la despedida, “Aubrey from Delaware”, y las bases rítmicas se resitúan en la secuencia, repasan el armazón de este disco maravilloso mientras acompañamos a Mazzola en el recuerdo de la chica de Delaware, cruzamos la niebla hasta verla aparecer, Aubrey, nombre que cierra un viaje ensimismado en música que flota como pompas de jabón.

JUAN PABLO MAZZOLA (voz, guitarra acústica). EZE GRUBER (coros, sintetizadores, simples).

 

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