Steven Wilson llenó dos noches consecutivas el Royal Albert Hall en lo que han sido los únicos conciertos que el polifacético músico ha dado este año. Dos noches para un imborrable recuerdo de haber visto algo único.
Cuando a principios de año, Steven Wilson anunció estas dos fechas únicas, muchos se preguntaban si “The Overview” se había quedado sin gira. Pero la naturaleza de un disco como ese hace que sea muy complejo trasladar al directo toda esa amalgama de texturas y ambientes a un escenario convencional. Por eso, al anunciar ambos conciertos con el acompañamiento de una orquesta de 50 músicos, esa neblina sobre “The Overview” comenzó a disiparse, aunque todo eran suposiciones respecto al repertorio que podría ser tocado. Porque además de todo el catálogo de canciones que tiene, ya sea en solitario como en Porcupine Tree, a las que un acompañamiento de tal magnitud les sentaría increíble, se sumaba el anuncio de un nuevo trabajo para este noviembre de 2026.
Lo que está claro es que, con lo metódico que es Steven Wilson con su trabajo, una experiencia como esta debía ser vivida por quien tuviera un mínimo de querencia con el artista y su música. A medida que se fueron acercando las fechas, dejó caer que su nuevo trabajo ocuparía una parte de la velada. Pero ¿realmente hace falta saber en todo momento el qué? Verdaderamente no. Las redes y la inmediatez hacen que se haya perdido esa sorpresa.
Un público proveniente de múltiples rincones del mundo que no se había querido perder al menos una de las dos actuaciones esperaba con nerviosismo el tan esperado concierto. Descalzo, como es habitual en él, salió Steven Wilson al escenario junto con el resto de su habitual banda de acompañamiento. Tras agradecer la presencia y el lleno de las dos noches, anunció que la primera parte sería bastante improvisada, ya que habían dedicado tanto tiempo a preparar la parte con orquesta que no habían pensado en qué tocar. Al grito de “Luminol” por parte de un espontáneo, la idea le pareció bien y comenzaron el tema, para llevarnos por las múltiples capas de la canción durante el primer cuarto de hora, que explotaron en la catarsis colectiva del primer aplauso.

La improvisación duró poco. Wilson explicó que estos conciertos eran el final de una etapa, la correspondiente a “The Overview”, y el inicio de la era “Requiem for a Village”. Precisamente este fue el disco que ocupó el grueso de la primera parte, interpretando en directo por primera vez los tres temas que ha mostrado de su próximo trabajo. Tres canciones que son Steven Wilson en estado puro y que en directo parecen crecer aún más. Con ese sentido del humor tan serio, hizo sorna sobre cómo se le ocurriría a alguien que no tiene oído absoluto empezar un tema a capela. Así que, tras una mirada cómplice al teclista Adam Holzman para que le diera la nota, empezó un tema en el que la línea entre cantar y rapear se muestra muy delgada, pero sin perder el aroma del progresivo más duro.
Con “On Chapel Slope”, el protagonismo viene de la mano de Nick Beggs y su contrabajo, junto con la batería de Craig Blundell. Su inicio mucho más tenue y suave, y un tránsito por la calma, sirvió para rebajar ligeramente el ritmo del concierto, pero no su intensidad, que crecía aún más. Con “A Basket of Bees” terminó la puesta de largo de su próximo disco, dejando tiempo para que “Ancestral” sirviera como cierre de esta primera parte, digamos, más al uso. Wilson se despidió del público agradeciendo la oportunidad que le habían dado a la banda de soporte antes de que llegaran los músicos de verdad.

Y tras casi media hora de intermedio, las luces del Royal Albert Hall volvieron a atenuarse mientras The Parallax Orchestra tomaba sitio en el escenario. 50 músicos marcaron la pauta del resto del concierto. Lástima que la potencia de la batería de Blundell en algún momento se llegara a comer los arreglos delicados de las cuerdas y los vientos. Pero quitados esos instantes, la ejecución fue impecable, y la experiencia de escuchar en vivo “Objects Outlive Us” y “The Overview” adquiriendo una nueva dimensión gracias a la orquesta hizo del evento algo único y difícilmente repetible.
Aún hubo tiempo para “Staircase”, un último tema recuperado de “The Harmony Codex” en el que Craig Blundell estuvo ausente. Los asistentes del día siguiente fueron más afortunados y disfrutaron además de una versión acústica de “Lazarus”. Una grata sorpresa para quienes buscaran alguna rareza más en el repertorio o una desilusión para los que querían algo más conocido de Steven Wilson. Pero partiendo de la base de que cada uno haríamos un repertorio diferente y nunca estaríamos contentos, considero que fue un cierre diferente. Así que mi sitio fue el del primer grupo.
Eso no quita que, aun siendo un gran concierto, Steven Wilson perdiese una oportunidad única para preparar esa primera sección acompañándose de The Parallax Orchestra y dotar de otro enfoque a sus propios temas. Teniendo en cuenta que no tiene reparo en hacerlo en sus remezclas, hubiera sido interesante descubrir qué nueva locura podría salir de esa mente. Incluso diría más: que hubiera sido un concierto sin banda. Solo con la orquesta o, si me apuras, con la banda en acústico con orquesta. Pero solo Steven Wilson sabe los porqués de esas decisiones no tomadas. Mientras tanto, esperaremos impacientes ese nuevo trabajo y cruzaremos los dedos para que la gira se acerque a este país.