Morgan volvió a demostrar en Razzmatazz que su “Hotel Morgan” es mucho más que un disco: es un refugio emocional donde cada canción encuentra su espacio y cada concierto se convierte en experiencia colectiva.
La segunda tanda de conciertos de presentación de “Hotel Morgan” mostró una sala Razzmatazz que si no colgó el cartel de “no hay billetes”, tuvo que quedarse cerca. No lo puso fácil ni la meteorología ni el parón de cercanías, pero a pocos minutos de las 9 la sala ya lucía espléndida. La sensación de formar parte de una gran familia incrementa cuando, al echar un rápido vistazo a los huéspedes del hotel por esa noche, puedes identificar varias generaciones. Incluso podrías adivinar varias estéticas mezcladas dispuestas a pasear por las diferentes habitaciones que Morgan ha construido a base de canciones.

El Hotel Morgan abrió sus puertas a la hora convenida con el ambiente a lo Pink Floyd que tiene “Planet Earth”. Desde buen inicio dieron a entender con la elección de canciones que quien asistió a la primera vuelta de presentación vería un concierto diferente. “AIR” ocupó el inicio de show al incluir “Blue Eyes” antes del primer tema del disco que defiende Morgan. Ese fue el primer momento en el que Nina abandonaría la defensa de su teclado para pasar al frente y agradecer al público la primera de muchas que este figurado hotel estuviera con todas las plazas ocupadas esta noche.
“El Jimador” se acerca a un sonido algo más pop pero siempre tratado con gusto y sin dejar la esencia soul que caracteriza a la banda. Con Carolina de Juan (Nina) de vuelta a su teclado, “Attempting” fue la primera vez que Morgan hizo volar al público hasta el disco de debut. En una banda en el que todos los músicos reman al unísono trabajando por el bien de las canciones, siempre hay algún momento para el brillo individual como los teclados de David Schulthess en este tema.

“Pyra” dejó claro el cuidado con el que tratan el apartado vocal en las canciones, con unos coros que miman y arropan el conjunto. Pero si hay una canción en la que se puede ver lo que significa Morgan es “Alone”, trajo la intimidad de“North” de nuevo. Desde la calidez vocal de Nina poniendo el corazón en cada sílaba cantada, hasta el solo de guitarra de Paco López, que dejó su muestra como vocalista en la segunda estrofa. En ese recorrido acompañado por un colchón sonoro que te atrapa la canción crece hasta hacerse enorme.

Los aires gospel llenaron Razzmatazz durante y nos hicieron viajar por unos minutos a alguna zona del Mississippi con “River”. De vuelta a “Hotel Morgan” con “Cruel” y “Radio”, en la que Nina volvió a dar las gracias a esa manera tan suya a un público que sigue haciendo posible que la autogestión de la banda funcione. Curioso tema “Radio” con tantas caras entre los surcos de sus pistas que igual te resuenan ecos de Beatles, The Who como Coldplay sin perder frescura. Y sin darnos cuenta llegamos a la última noche de estancia con “A Kind Of Love”, uno de esos temas rescatados del cajón de los recuerdos, y un tema ideal para la despedida pre-bises como es “Thank You”.

Desde el escenario, sola y sentada al teclado, Nina nos avisó que había que comenzar con el inevitable check-out. Y lo haría con “Volver”, una canción que no estaba planeada para ser tocada en este tramo de gira, pero por “presión” popular la han ido metiendo en algunos conciertos para alegría del respetable. Porque además de darle un toque de sorpresa, es una de esas canciones que se han ido colando entre la piel y el hueso.
De hecho, el mayor número de corazones en un puño que pudo darse durante la noche tuvo que ser con esta triada compuesta por “Volver”, “Home” y “Sargento de Hierro”, capaz de fundir al guerrer@ más aguerrid@. Pero más allá de la intensidad, en realidad los conciertos de Morgan quieren ser una celebración. Por eso nada como el final alegre con “Another Road” fundida con los clásicos “Good Times” y “Rapper’s Delight” para terminar la noche en tono festivo.

Nada de lo que ocurre sobre el escenario sería posible sin la compenetración absoluta entre los músicos que integran la banda. Cada uno ocupa su espacio con precisión quirúrgica, siempre al servicio de la canción y del equilibrio colectivo. En las guitarras de Paco Lopez y los teclados de David Schulthness no hay lugar para egos fuera de plano ni para gestos gratuitos: todo responde a una lógica musical impecable. Se percibe en la forma en que se construyen las dinámicas, en los silencios estratégicos, en esos crescendos calculados al milímetro que sostienen la tensión y engrandecen el resultado final. La incorporación de los hermanos Planas (Willy al bajo y Gabi a percusiones) es un acierto para dar junto con Ekain Elorza el latido vibrante y constante desde el corazón de la banda.

Y luego está Nina. Lo suyo trasciende la mera interpretación vocal. No es solo cómo canta, que ya sería razón suficiente, sino cómo habita cada tema. Hay una honestidad desarmante en su presencia escénica: no recurre a artificios ni se refugia en personajes, se expone tal cual es. Emoción en estado puro, sin cortapisas. Y eso llega, atraviesa y deja huella.
Uno de los placeres que hay cuando se viaja es el de llegar al alojamiento y comprobar que has escogido bien la que por unos días será tu casa. Pues esa misma sensación es la que tienes cuando sales de algún concierto de Morgan. Durante dos horas, la banda te ofrece un doble pack viaje más hotel con el que sentir que estás en el tiempo justo y el lugar adecuado.
Fotos: Desi Estévez