El Café Central guarda parte de la historia musical de la ciudad de Madrid. El 12 de agosto de 1982 sonaba la primera nota de jazz y acabó convirtiéndose en un templo de la música en directo, ubicado en el número 10 de la Plaza del Ángel. A lo largo de sus más de cuatro décadas, con una programación ininterrumpida de dos conciertos diarios los 365 días del año, ofreció más de 14.000 actuaciones a más de un millón de espectadores.

“Su prestigio fue reconocido mundialmente: la revista Down Beat lo incluyó entre los 100 mejores clubes de jazz del planeta, y The Guardian lo situó entre los 10 mejores de Europa.”
Su decoración art déco, la madera bruñida con el paso del tiempo y toda la música que guardan sus paredes, le han conferido el grado 2 de protección, lo que obliga a conservar y restaurar elementos como fachada e interiores de valor. Además el Ayuntamiento de Madrid lo incluyó en el censo de Establecimientos Emblemáticos de Madrid por su relevancia histórica en la escena del jazz. Esperemos que el negocio que lo sustituya no sea tipo McDonalds.
El cierre se debe a la negativa de los propietarios del inmueble a renovar el contrato de alquiler, a pesar de los múltiples intentos de negociación durante los últimos siete años. El propietario decidió no seguir alquilando el local, cerrarlo durante un año y luego ver qué ofertas le llegaban, según explicó el programador Javier González. Suspender su actividad supone la pérdida de 35 puestos de trabajo.
Sin embargo, no todo está perdido. Un nuevo emplazamiento situado a 400 metros del local original, permitirá continuar su actividad. El pasado jueves 16 de abril, el club cerró sus puertas en la Plaza del Ángel y esa misma noche, en el Ateneo de Madrid, en el número 10 de la calle Santa Catalina se reanudaron los conciertos.
La mudanza se convirtió en una marching band, como las de Nueva Orleans, en la que músicos, amigos y vecinos recorrieron la distancia hasta la nueva ubicación. Algunos veteranos asistentes desde que el Café Central abriera sus puertas no quisieron perderse esta mudanza. Las calles y aceras se desbordaron. No cabía un alfiler. Los músicos apenas pudieron tocar sus instrumentos. En el aire saltaban chispas de alegría, se notaba en las expresiones de la gente que les rodeaba.
El acuerdo no se articula como un contrato de alquiler, sino como una cesión de espacio dentro de un convenio de colaboración cultural. El presidente del Ateneo, Luis Arroyo, declaró: “El Ateneo no tiene ninguna ambición económica en este acuerdo, pero sí toda la ambición cultural”. El nuevo espacio que se destinará a las actuaciones musicales será la planta baja del actual restaurante del Ateneo, manteniendo el ambiente que caracterizó al local original, así como el formato de conciertos, dos diarios. El Ateneo permitirá organizar conciertos extraordinarios en la Cátedra Mayor, con capacidad para 300 espectadores, con una periodicidad quincenal. Dos instituciones de solera se han unido, tradición y cultura van de la mano.
Entre los asistentes estuvieron Paca Sauquillo, Jeff Spinoza, Mariano de Paco y muchos amantes de la música y fotógrafos de concierto. Uno de ellos fue Nikko Chicote, el ojo que todo lo ve y Caroline, periodista musical. TVE estuvo alli y agencias de noticias cómo Reuters.



