Eric Clapton ofreció el pasado domingo 10 de mayo en el Palau Sant Jordi en Barcelona un set sólido, aunque no espectacular ni inspirador, de 90 minutos que consistió principalmente en versiones de viejos temas de blues y clásicos de Cream, Derek and the Dominos, The Wailers, Charlie Segar, Jimmy Cox, y JJ. Cale.


Eric Clapton, el “Slowhand“, el “mano lenta” no mostró en Barcelona signos de desaceleración. Sigue siendo un guitarrista increíble, dominando multitud de técnicas, incluyendo slides, legato y bends, donde escupía a cuenta gotas una ráfaga de notas ardientes que perforan el aire como un cohete. Y aunque Clapton nunca podría ser considerado un gran cantante, su voz estaba en forma a sus 81 años.

Un concierto de Eric Clapton en Barcelona que no pasará a la historia por lo abúlico, lineal e inapetente por momentos acompañado por su de gira habitual: Nathan East (bajo/voz), Doyle Bramhall II (guitarra/voz), Sonny Emory (batería), Chris Stainton (teclados), Tim Carmon (órgano Hammond/teclados) y las coristas Sharon White y Katie Kissoon.
Si Eric Clapton intentara abarcar, en una sola noche, cada etapa de su exitosa carrera tocando en bandas como Yardbirds, The Bluesbreakers, The Dirty Mac, Derek and the Dominos, Blind Faith y Cream, hubiese sido una noche memorable.

Subir al escenario cada tres noches esta primavera en Europa, y también el próximo septiembre en Estados Unidos, ante una media de 20.000 personas, mientras se soporta el esfuerzo físico y mental necesario para mantenerse fiel a uno mismo y a su sonido inconfundible, pues que quieres que te diga, un regalo para todos nosotros.
Interpretar una parte de la propia obra en una versión acústica, a veces sin acompañamiento, cuando cada tono producido y cada píxel del haz de vídeo es consumido por miles de pares de oídos y ojos ávidos, mientras se sufre de neuropatía periférica, pues es de valorar, sin fanfarronear, desviarse verbalmente ni soltar discursos vacíos durante el concierto.
Abrió en Barcelona con “Badge” de Cream, seguida por el blues “Key to the Highway” de Charles Segar de 1940, la reconocible “Hoochie Coochie Man” de Willie Dixon, “I Shot the Sheriff” de Bob Marley and the Wailers y “Kind hearted Woman”, dejando su Fender Stratocaster blanca y negra a un lado en su primer set.
Cuando se sentó en la silla, el escenario y el ambiente cambiaron, con una marcada influencia acústica, comenzando con “Nobody Knows You When You’re Down and Out”, un clásico del blues de Jimmy Cox, “Golden Ring” de su extraordinario álbum “Backless”, “Layla”, in crescendo, y “Tears In Heaven”, con ya todos con el corazón en la mano, culminó su set acústico.


El final eléctrico de Clapton volvió con “Holy mother”, “Crossroads”, “Little Queen of Spades” (ambas de Robert Johnson) y “Cocaine” de J.J. Cale hicieron que el público pidiera un bis, cosa que no ocurrió en Madrid por el incidente del vinilo lanzado por un espectador a Clapton, para el cual se reservó “Before You Accuse Me”.
90 minutos exactos de actuación profesional del maestro de la guitarra, que no ha abandonado ni su voz ni la elasticidad de sus dedos. El virtuoso siguió siendo un virtuoso hasta el final, con la emoción a flor de piel y sin falso patetismo.

Eric Clapton no tiene nada que demostrar. Y, sin embargo, noches como esta explican perfectamente por qué sigue subiéndose a un escenario: no por obligación, sino porque la música todavía conserva algo mágico. Aunque la entrada ronde, de media, los 120 euros.

Ahí quizá habría un debate interesante: ¿Cuántos de los asistentes que llenan conciertos así pisan después una sala de Barcelona o Madrid para ver a una banda por 10, 20 o 35 euros? Probablemente ni un 5%. Y entonces surge la pregunta: ¿vamos realmente por la música o por la necesidad de poder decir después “yo estuve allí”?
Porque esa parece ser la tendencia desde hace ya más de dos décadas. El concierto como experiencia social, como símbolo, como postureo. Sales de un espectáculo de este tipo, o de cualquier otro similar, y preguntas a la gente qué le ha parecido. Muchas veces ni siquiera saben explicarlo. Estuvieron allí, sí, pero no necesariamente conectaron con lo que ocurrió encima del escenario.

Y es curioso, porque la verdadera magia de la música en directo sigue viviendo, la mayoría de las veces, en las salas pequeñas: en conciertos imperfectos, cercanos, sudados y honestos, donde las bandas todavía se juegan algo de verdad. Pero esos rara vez llenan ni generan la misma necesidad colectiva de formar parte del acontecimiento.
Quizá porque hoy, para mucha gente, asistir a ciertos conciertos ya no consiste solo en escuchar música, sino en poder decir después que formaron parte del momento. ¿Tenéis la respuesta?
Setlist Eric Clapton en Barcelona, Palau Sant Jordi 10 mayo 2026:
1. Badge
2. Key To The Highway
3. Hoochie Coochie Man
4. I Shot The Sheriff
5. Kind hearted Woman
6. Nobody Knows You When You’re Down And Out
7. Golden Ring
8. Layla
9. Tears In Heaven
10. Holy mother
11. Old Love
12. Little Queen Of Spades
13. Cocaine
BIS
14. Before You Accuse Me
Fotos Jordi Güell y Carlos P. B. Vídeos Carlos Pérez Báez.
