Cordovas recoge el testigo de otros gigantes de la música como Grateful Dead, una de sus grandes influencias. Su directo, unas dos horas de inmersión musical extrema, ahonda en las profundidades del country rock devaneándose por los límites de las complejas improvisaciones jazzísticas.
Una sencilla estructura soporta esta parafernalia musical imposible: en el escenario, apenas cuatro instrumentos y dos pequeños amplificadores. Llamaba también la atención la reducida pedalera para guitarra que tenía a sus pies Lucca Soria, audaz músico que no dejó de deleitarnos a cada nota.
Cordovas, bajo la indiscutible dirección de Joe Firstman, ha alcanzado un grado de perfección supremo… Unas interpretaciones impecables de sus composiciones: delicadas en estudio y poderosas en directo.
La banda trajo consigo a la sala Copérnico de Madrid el que es su quinto álbum de estudio, el cual pudimos escuchar prácticamente al completo: Back to life, que da título al propio disco, Josefina, Wings, Lost at sea, Sunset y Higher everytime.
No se olvidaron de repasar su discografía a través de Destiny, Fine line, High feeling, Standing in the porch, High roller, o la pegadiza This town is a drag. Sus composiciones rezuman una mezcla de optimismo y de melancolía, tejidas con unas armonías vocales perfectas y una interpretación sublime; perceptible desde que suena la primera nota de cada canción.
Su directo se caracteriza, en palabras propias de la banda, por que cada noche hay siempre algo diferente, y en el caso de la de la sala Copérnico, fue una velada plagada de sorpresas: La pequeña hija de Firstman salió al escenario con unos brillantes zapatos blancos a cantar una enternecedora versión del Clandestino de Manu Chao. Otro de los momentos de la noche fue cuando Firstman, arengó al público invitándole a entonar al unísono los versos de la ranchera “El rey”, de José Alfredo Jiménez. Y por supuesto, el broche final, que lo puso una delicadísima versión de I’m the one who needs you tonight, en el más absoluto acústico, sin microfonía y con toda la sala en total silencio mientras las voces de Joe Firstman y Lucca Soria flotaban perfectas en el aire.
Sigo flotando con esta “experiencia” musical (no me gusta este adjetivo de usos modernos, pero creo que en este caso es lo que más se adecúa a este extraordinario concierto).



















