DISCIPLINANTES: ‘MCM’, el proyecto que desmonta a Debussy y Falla a base de loops, trompeta y sampleología

Llevo un par de días escuchando MCM de DISCIPLINANTES y pensando: “¿Pero quién coño hace algo así ahora mismo?”. No es la típica mezcla rápida de electrónica con referencias cultas para quedar bien en un festival cool. Aquí hay algo mucho más puro detrás: gente viajando entre Granada y París, grabando el piano de Manuel de Falla para convertirlo en un instrumento virtual, desmontando a Debussy o Satie a base de loops, trompeta, scratches y capas de sonido lentísimas. No es una idea en la que te metas por impulso. Tiene que nacer de algún sitio muy dentro.

Y eso es lo que me tiene enganchada al proyecto. Ninguno de los tres músicos que forman parte de él parece venir del postureo ni con ganas de “revisionismo guapo”. Tampoco es eso de “vamos a acercar la clásica a los jóvenes”, como ha hecho alguna otra (ejem) con la construcción de un relato gigantesco de “reinvención” y “vanguardia”, que a veces parecía olvidar que en España (y en el resto del mundo), desde hace mucho tiempo, se ha experimentado cruzando tradición, electrónica y música popular.

Aquí no se trata de vender la idea de haber descubierto una conexión secreta entre pasado y modernidad. De hecho, el proyecto casi funciona al revés: parece asumir desde el principio que toda esa música ya era compleja, moderna y extraña antes de que ellos llegaran. Lo suyo consiste más en entrar dentro de esas grietas y convivir con ellas un rato.

Su forma de relacionarse con el pasado musical desde un sitio artesanal, casi de laboratorio, me parece algo extremadamente interesante: DISCIPLINANTES suena a tres músicos intentando meterse dentro de músicas viejas para ver qué sigue vivo ahí, grabando un piano antiguo, sampleando compositores impresionistas y construyendo algo desde una curiosidad muy concreta y bastante poco comercial.

Raynald Colom es un animal tanto en el jazz más ortodoxo como en el flamenco. Su background es de élite (Berklee, Wynton Marsalis, Manu Chao, Greg Osby, Roy Hargrove), pero lo que me llama la atención a mí es cómo la desactiva en parte para moverse entre lenguajes sin caer en la imitación ni en la fusión obvia.

Luego está Antonio Herrera, aka DJToner, que lleva años haciendo cosas a su rollo entre jazz y electrónica sin sonar a música de fondo en un brunch caro. Ha ido construyendo un sonido lento y casi ritual, con un enfoque de batería metido a arquitecto de mezcla: pide intervenciones mínimas y muy pensadas para que cada capa tenga sentido, con un pulso orgánico que se mueve como investigación más que como producto cerrado.

Daniel Molina parece directamente poseído por el sonido de los pianos y por cómo reconstruir músicas antiguas sin convertirlas en museo. Con una trayectoria muy ligada tanto al escenario como al estudio, ha estado detrás de producciones como Para la libertad, donde adapta el universo de Serrat a partir de la poesía de Miguel Hernández. Ahí ya se ve su forma de trabajar: entender la música desde la arquitectura del instrumento tanto como desde la composición.

“A principios del siglo XX las vanguardias musicales no solo convivían con las pictóricas y las literarias. A la luz de la modernidad, se respiraba un intercambio mágico entre corrientes artísticas. Este proyecto multicultural nace con el mismo espíritu y desde el mismo concepto. La colaboración entre tres músicos dedicados al jazz y la electrónica, que buscan descomponer y resignificar los nacionalismos en España y el impresionismo en el caso de Francia.” – DISCIPLINANTES

MCM sale además acompañado de algo bastante más ambicioso que un disco. El proyecto incluye documental, piezas audiovisuales y una gira que terminará pasando por universidades, museos e instituciones culturales. De hecho, el estreno oficial se desarrolla junto a la Universidad de Granada, y el documental acabará convirtiéndose en una película prevista para 2027.

Pero antes está el concierto en Madrid. Este domingo, 24 de mayo, DISCIPLINANTES presentarán MCM en El Internacional, y sinceramente no tengo ni idea de cómo va a sonar eso delante de gente. Y precisamente por eso quiero verlo.

Porque sobre el papel todo podría salir mal. Muchísimo. El concepto es rarísimo. La mezcla también. Leído rápido, parece una locura de madrugada: jazz, electrónica, impresionismo francés, nacionalismo español, visuales, spoken reflections… Ellos lo llaman “sampleología”, que probablemente es una palabra tan extraña como adecuada para explicar el proceso.

No sé. Igual luego llegas al concierto y todo es humo. No sería la primera vez. Pero también puede pasar lo otro: que salgas pensando que acabas de ver algo maravilloso: a tres músicos completamente obsesionados con una idea que necesitaban sacar de dentro sí o sí. Y eso, en un mundo donde se suele fabricar contenido rápido para algoritmos, ya merece la pena.

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