Fallen Oaks: “Lost That Sound”

Fallen Oaks nos traen desde Seattle un modesto pero fantástico álbum debut: “Lost That Sound”. La banda encontró un colaborador creativo ideal en Nich Wilbur, del estudio Unknown en Anacortes, Washington. Grabando en directo en cinta analógica, Wilbur capturó la calidez, la inmediatez y la energía desenfadada que definen su sonido.  El vocalista, guitarrista y compositor Robert Mercer, ha compuesto una excelente selección de canciones. A su vera, Erik Bennett al bajo, Mitch Leffler a la batería, Zack Erb al violín y Paul Hutsler al pedal steel.

Escucha “Lost That Sound” de Fallen Oaks aquí:

Quizás a alguno de vosotros os suenen sus nombres. Fallen Oaks son, básicamente, los antiguos miembros de Zebra Hunt. Formados en Seattle en 2012, Zebra Hunt facturaban música pop luminosa en la onda de los Feelies o los Go-Betweens. Visitaron nuestro país en varias ocasiones, presentando sus dos discos de estudio. “In Phrases” era una pequeña joyita grabada con el legendario productor Jack Endino, pero nunca llegaron a nada.

En su nueva reencarnación, el quinteto crea canciones con un aire de carretera que se sitúan en algún punto entre el folk, el country cósmico y la música americana clásica. Su música evoca temas atemporales, manteniendo un sonido fresco y actual. La elegancia perezosa y natural de The Cactus Blossoms podría ser una referencia perfecta para situar su sonido.

Como una auténtica banda en directo, su sonido fluye y refluye a medida que cambian de instrumentos durante sus actuaciones, dotando a cada concierto de una naturalidad y espontaneidad contagiosas. Sus canciones se inclinan hacia los crescendos del pedal steel, las armonías íntimas y los crescendos graduales que invitan a la escucha atenta. Con letras íntimas pero pensadas para ser compartidas, Fallen Oaks compone canciones que al principio se sienten personales, hasta que te encuentras cantando con ellos en una sala llena de gente, todo ello envuelto en la calidez relajada y nocturna de una banda tocando para amigos.

Tras entrar en el estudio para grabar cinco canciones, la química fluyó de tal manera que la sesión acabó en un álbum de diez temas grabado y mezclado en tan solo tres días. El resultado es una instantánea vívida y poética de una banda que alcanza su máximo potencial en tiempo real. Un disco para escuchar con tranquilidad, saboreando cada sonido. Crece con cada escucha, creciendo como un buen vino.

El disco se abre con “When Your Heart Breaks” y “Terrible Curse”, con ese sonido atemporal  que nos lleva a las baladas del siglo pasado. “Roadside Prayers” es una de esas canciones que evocan una juventud que no volverá. “Oraciones al borde del camino/ Mientras nuestras lágrimas silenciosas siguen besando el suelo/ Siete largos años desde que perdimos ese sonido”. “Stucco House” juega con el concepto de la murder ballad con elegancia, mientras que “Motel” nos presenta una melancólica guitarra junto a una melodía que nos abraza casi sin pretenderlo.

El disco sigue avanzando con certeros aciertos como “Lonely Misery” o “Somebody Else’s Dream”, que saben jugar con la nostalgia de manera eficaz. Y es que, aunque no es fácil ser optimistas, todavía tienen esperanza, como podemos sentir en “Tell Me I’ve Won”. A veces, es mejor conformarse con una vida sencilla, como cantan en “A Few Acres”. Quizás sea el camino de esta banda a partir de ahora, pero sería un error no prestar atención a una colección de canciones tan bien construidas.

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