Amo a Chris Isaak. Desde siempre. Y después del recital de ayer por la noche, más aún. Porque si su irrupción a mediados de los 80’s fue una bocanada de aire fresco como innovador y renovador de la era clásica del RnR, ahora su misión es la de perpetuador de un legado más vigente que nunca.

Apoyado por una banda de veteranos curtidos en mil batallas y un repertorio sin fisuras Isaak nos mostró que la música puede seguir siendo una válvula de escape, un lugar donde volver para cantar, bailar y sonreír durante un par de horas. Una deliciosa anacronía en tiempos de “fomo” y hype.

Y es que salió a matar desde el principio, sin reservarse material de alto octanaje para el final : “Somebody’s Crying”, la icónica “Wicked Game”, una incendiaria “Speak of the Devil” o una súper efectiva versión de “Pretty Woman” de Roy Orbison entre otras pusieron el listón muy alto desde el inicio. Para bajar la intensidad (recordemos que Chris celebró su setenta aniversario el día anterior en Bilbao) Isaak nos sumergió en un semi “Unplugged” donde destacó la cadente suavidad emocional de “Forever Blue”, “Two Hearts”,”Blue Spanish Sky” y la sensual “Dancin’ “.


Encaró la recta final de manera insuperable con varias de mis favoritas: se reencarnó en Elvis con “Can’t Help Falling in Love” y “San Francisco Days“, “Blue Hotel” y “Lie to me” sonaron como nunca. Un recital marcado por un excelente sonido, un voz que desmiente el paso del tiempo y una actitud escénica de la vieja escuela que hizo las delicias del respetable.

Destacar de los (generosos) bises la celebérrima “Baby Did a Bad Bad Thing”, una superlativa “Can’t Do a Thing” y la sorprendente versión de James Brown “I’ll Go Crazy”. Qué noche la de aquel día, Chris…

Fotos y vídeo Noemí Pujolar.
