Si hay un grupo que volvió a poner sobre la mesa el poderoso valor del riff a principios de los dosmiles, esos son Wolfmother… Aunque es más justo decir Andrew Stockdale, que es quien dirige realmente esa identidad artística.
Este día, en la sala But de Madrid, Wolfmother tenían mucho en su contra… Básicamente, tenían que competir con el hecho de que España se hubiese clasificado para la final del mundial de fútbol, un duro rival que provocó que el grupo adelantase un par de horas el horario del concierto.
Quizás, el hecho de tener un competidor en una dimensión tan alejada e inalcanzable, hizo que los de Sídney sintieran una sensación de la más absoluta tranquilidad frente a todo lo que pudiera suceder esa noche… Las cartas estaban echadas y podían, casi, hacer sobre el escenario lo que les viniese en gana…
…Y así comenzaron… “Into another dimension”, como reza Dimension, el séptimo corte de su disco de debut. Guitarrazos frente a un público absolutamente eufórico y una clarísima declaración de intenciones… No iba a haber ni un momento de respiro durante las casi dos horas siguientes. La línea inicial de la actuación rescató uno tras otro esos hits que marcaron el año 2006… White Unicorn, Apple Tree, Pyramid o la celebradísima Woman.
El timbre agudo de Stockdale, con reminiscencias del rock de Led Zeppelin, Grand Funk Railroad o Black Sabbath, inundó punta a cabo toda la sala But. La austeridad que se contemplaba en el escenario hacía incompatible la reciente comercialización de este género cuyo renacer ha ido pasando el testigo entre diferentes formaciones más modernas con un enfoque mucho más recargado… Wolfmother por su parte, desde sus inicios, no vinieron a renovar el género, más bien vinieron a recoger ese viejo legado para ratificar que está muy vivo.
Stockdale, que al día siguiente cumpliría 50 años derrochaba energía y buen humor por todas partes, bromeando sobre que tal vez su cumpleaños era realmente este mismo día… El distinto huso horario del que goza Australia y el cambio de hemisferio podría concederle la licencia de la relatividad del tiempo. También hizo mención al mundial de fútbol, bromeando y jugando a mantener en el aire a base de pequeños toques con el pie un vaso de mini de cerveza que hacía las veces de balón. Desde los confines del público también llegó hasta sus manos una camiseta de la selección española, que con gusto intercambió quitándose la camiseta de los ZZ Top para vestir ese apoyo incondicional.
El repertorio de esta gira viene marcado por el veinte aniversario de ese glorioso disco de debut de la banda, por lo que sonó prácticamente al completo, con un par de temas del Cosmic Egg (su segundo LP): New Moon Rising y California Queen; y uno más, Feelin’ Love, extraído de su último disco de estudio, Rock out, de 2021.
No faltaron miles de momentos a lo largo de toda la actuación en los que sonaron guiños a otras grandes bandas, como esos trocitos del Spoonman de Soundgarden que a punto estuvo de sonar entero y dejar de ser un guiño, o acordes salidos directamente de los primeros discos de Neil Young.
Aunque mucho más allá que un guiño puede decirse que fue el momento de los bises, el escenario se transformó de repente en su local de ensayo, donde bromean, cogen canciones de los grupos que les gustan y les dan un buen repaso… Después de hacer los bises programados, Love Train (de su primer disco también), Paranoid de Black Sabbath y Rock and Roll de Led Zeppelin, comenzaron a llegar las sorpresas… Solos imposibles de batería, a lo John Bonham… otros guiños que casi dejan de serlo: las versiones de How Many More Times, de Communication Breakdown, y una irreconocible versión de Lucy in the Sky With Diamonds… El grupo de músicos se había transformado de repente en una pequeña reunión de amigos haciendo las canciones que les apetecía hacer por el mero placer de hacerlas.
Volved pronto… Este lado del globo os necesita.

















