Soy de Michigan. He vivido en unos siete u ocho estados de EEUU, de costa a costa y de norte a sur, y vale, llevo ya unos cuantos años viviendo en España. O sea, tampoco es que sea de ninguna parte en realidad. Pero no soy “de aquí”.
Entonces, para que una banda “de aquí” me flipe, es difícil. No porque yo tenga un gusto de la hostia en cuanto a música (¡que lo tengo!) sino porque la música cantada en castellano no me suena siempre “natural”. Cuando preguntas a una banda española por qué canta en inglés, te lo dicen: suena diferente.
Tampoco relaciono la música con una juventud o una infancia que no viví aquí. Y ojo, la nostalgia tira muchísimo.
Cuando perdimos a Robe y a Jorge Ilegal hace poco, sus fans hablaban más de “la primera vez que escuché aquella canción” o “cuando le vi en directo con el chico que ahora es mi marido” o “mis colegas y yo íbamos con un pedal y empezó a sonar tal canción en la radio y…”.
Hasta yo tengo mis recuerdos de Robe que tienen más que ver con lo que me ha hecho sentir que con la música en sí. Son de los conciertos de Extremoduro con mi gente (las pre y post-cañas incluidas, of course), o de una noche en el Hebe Vallekano cuando sonó “La vereda de la puerta de atrás”, y de sentirme arropada de tanto amor y fraternidad mientras todos los “malotes” la coreaban al unísono, abrazados como niños chicos.
La música no es simplemente un conjunto de notas bien enlazadas y posicionadas. Es sentimiento. Es memoria. Y, con un poco de suerte, a veces es magia.
Dicen que también es un lenguaje universal; una especie de eco de lo que no podemos decir. Pero si ese lenguaje no nos es familiar, es más difícil que nos entre. Será por eso que algunas bandas estatales no han llegado mucho más lejos que el territorio español. Porque a veces no hay otra razón que explique la falta de éxito internacional que han tenido ciertas bandazas de este país.
Hamlet es una de esas tremendas bandas de la hostia “de aquí”.
Tuve suerte. El único tío que me ha roto el corazón (ya estoy bien, gracias) me los puso hace años. Él los conocía de su instituto, cuando Molly tocaba covers de Bon Jovi (¡a ver si una de Michigan te acaba de dar un dato que tú, amante del rock español, desconocías!). Sí, aunque no es difícil imaginar a J. cantando como Jon (creo que Molly podría cantar lo que sea), cuando piensas en Hamlet, no se te viene precisamente a la mente una música que, como bien decía mi tío, es “para hacerse la manicura mientras te depilas las piernas” (y no, Bon Jovi NO es ni heavy ni metal ni hard, por muy bien que tocara Sambora y por mucho buen “hair” que tuvieran jaja).
Aunque desafortunadamente Hamlet no se considere una banda épica en este país, creo que lo es. O sea. Vamos a ver. Están con su gira de 35º aniversario. Vale, no son los 50 años que llevan los Maiden, los Judas o Scorpions sobre las tablas, pero normal – los cinco siguen siendo unos chavales (ya nunca verás a Klaus en el pit como hace Molly ni a Adrian Smith saltando como Tárraga). Además, aparte de su estamina, según Wikipedia son los “pioneros del metal alternativo” en España (y todos sabemos que lo que hay en Wikipedia es ley).
Sí. Son épicos. Nos han regalado temazos como “Irracional”, “J.F.”, “Limítate” y “Dementes Cobardes”. Y vale, soy una sentimental y me parecen himnos como “Imagine” y “Antes y Después” unas fuçking obras maestras.
Hasta en un concierto acústico (creo recordar que mi primer concierto post-COVID fue ver a Hamlet en un auditorio en Getafe, sentada, al igual que la banda) son capaces de levantar ánimos y puños y hacerte sentir algo bastante fuerte mientras escuchas a salas enteras coreando CADA LETRA DE CADA CANCIÓN.
Si eso no te parece “épico”, apaga y vámonos.
Puede que ahí esté precisamente lo que me engancha de Hamlet.
No necesitan esconderse detrás de letras bonitas ni de metáforas especialmente elegantes para decir lo que quieren decir. Hay una irreverencia bastante más incómoda y mucho más valiente en su música. Ya desde su debut aparecen temas como sentirse incomprendido, juzgado o señalado por la sociedad, y luego tienes canciones como “J.F.” y “Denuncio A Dios”, cuyos títulos hacen innecesario cualquier análisis académico.
Quizá por eso funcionan tan bien en directo. Porque no son canciones que simplemente escuchas. Son canciones que GRITAS.
Y cuando una sala entera se sabe cada pu†ísima palabra, da bastante igual de dónde seas, qué idioma hables en casa, o si creciste escuchando Hamlet o los conociste mucho después.
Yo no he seguido a Hamlet durante 35 años. Pero sí los he visto más veces que ninguna otra banda estatal. Y cada vez que los vuelvo a ver, pasa lo mismo: me acuerdo de por qué volví.
No voy a intentar venderte nada. Simplemente estoy aquí para avisar: Hamlet estará celebrando su 35º aniversario en la Sala Wagon de Madrid el 13 de febrero de 2027.