Pulp es una banda que siempre ha hecho del directo una seña de identidad, ya en los lejanos años 80 cuando el proyecto personal de Jarvis Cocker, titubeante y polimorfo, se estrellaba una y otra vez en busca del éxito. Registros audiovisuales de sus actuaciones no faltan, desde los fascinantes conciertos londinenses en Brixton Academy en 1995 y en Finsbury Park en 1998 – recogidos en el DVD Ultimate Live – hasta el derroche en Glastonbury 2025 en el que aparecieron por sorpresa bajo otro nombre y del que hay sobrada constancia en internet. Faltaba, por tanto – más allá de la grabación del concierto televisado del Town & Country Club, Party Clowns: Live in London 1991 – un disco de directo en condiciones y resultaba anómalo que no existiera. Pero Pulp en sí es una anomalía, como lo es Jarvis Cocker.

Pensemos en una banda que cuando descubre la llave del estrellato con su álbum Different Class, deliberadamente se sale de la senda en sus dos discos siguientes, que además y durante dos décadas fueron los últimos. Pensemos que en el momento álgido de su popularidad deciden hacer un alto y desaparecen durante más de veinte años. Pensemos en un cantante que lo fue sin posibilidad de elección. Pensemos en Pulp.
Este disco está extraído del concierto en el O2 de Londres el día 13 de junio de 2025. Como se señala en la carpeta el concierto que hace el número 566 de su historia como banda. El momento es importante: solo siete días antes se había publicado More, el que era su nuevo y brillante disco después de un largo silencio desde 2001 y dos años después de su imprevista y gloriosa resurrección por los auditorios y festivales del Reino Unido, extendidos a continuación a Europa y América.
More. Pulp
En esos dos años de gira Pulp había ido creando un nuevo cuerpo de canciones que cristalizaron en el disco de estudio, canciones que eran testadas ante el público y confirmando que la banda estaba doblemente viva, que no se limitaba a reproducir de modo nostálgico sus canciones conocidas. Allí estaban todos los que eran cuando se despidieron, excepto el bajista Steve Mackay, que declinó sumarse a la gira y falleció poco después, antes de que empezara. Pulp no era un dinosaurio rescatado de la extinción, era un animal lleno de vida que había despertado de una larga siesta y se disponía a salir de noche. Live! da testimonio de su exuberante estado.
“Make Some Noise”. El doble álbum se abre con la voz de la actriz escocesa Kelly Macdonald que pide al público que hagan ruido, que se manifiesten, como cuando piden una canción más. En la pantalla del auditorio se reproduce la frase. Realmente no hacía falta: el público está entregado de antemano, como lo estuvo en el primer concierto de la gira cuando había mucha hambre atrasada de Pulp, como si fuera imposible saciarse.
La secuencia del álbum – que no coincide exactamente con la del concierto – se inicia con dos canciones del disco que acaba de publicarse: “Spike Island”, un nuevo enlace con el sonido festivo de los años 90, y “Slow Jam”, que conecta con el otro lado de Jarvis, el que cuenta historias sin necesidad de seguir bailando. No cuesta nada imaginarle haciéndolo mientras mueve a su manera las manos y retuerce su cuerpo.
El público corea el último verso, ya se lo sabe, lo ha aprendido rápidamente. Después la conocidísima “Sorted for E’s and Wizz”, canción escéptica acerca del fenómeno rave con la que el público del O2 empieza a entrar en el pasado, un pasado que explota en “Disco 2000”, canción que hablaba de un futuro que ahora ya es pretérito. Entre “Spike Island” y “Disco 2000” hay un nexo, un puente que se cruza bailando, una historia que no se explica sin la ciudad de Sheffield, la historia de Pulp y la de la ciudad que enfrentó la crisis con pies ligeros.
A estas alturas, con cuatro canciones ya está dicho casi todo. No todo. “Help the Aged”, suficientemente envejecida por el transcurso del tiempo se vuelve paradójicamente joven, gana en brío y en celebración, la de estar vivos, ellos y nosotros. “Farmers Market” trae de nuevo al cronista urbano que es Cocker. Es otra de las canciones nuevas. La lista va alternando lo nuevo y lo viejo, que no envejece. Entonces llega el minuto crucial en el que la historia de Pulp se revela totalmente, porque hay una parte irrenunciable, alejada de lo comercial y lo vistoso, oscura y a veces difícil de traspasar.
Ese lado lo representa a la perfección “This Is Hardcore”, una canción de la que sería fácil y comprensible huir en un concierto, o que podría caerse de la secuencia del disco. No es el caso: se quedan por el camino canciones luminosas como “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E” y la reciente “Tina”, interpretadas en la primera mitad, pero no falta esta pieza que se alarga casi ocho minutos, que navega por aguas profundas y emerge en un crescendo fabuloso. Jarvis lanza de ese modo a Pulp al terreno de los valientes, el que pisaba con frecuencia Bowie en sus conciertos y en sus discos en directo. El primer disco finaliza con una majestuosa “Sunrise”, el tema que cerraba su álbum We Love Life, la que durante todos estos largos años fue su última canción.
“Calles que fueron nuestras. El universo musical de Pulp Jarvis Cocker y Richard Hawley”, nuevo libro de Juan J. Vicedo
El segundo disco se abre con “Something Changed”, una de sus perlas de siempre, una canción que podría encabezar cualquier antología si no fuera porque pertenece a un disco que tiene más joyas que una corona, Different Class. Abordada en formato acústico, Jarvis invita al público a cantarla. Y la cantan, que no es fácil. Otra canción más de More, “Grown Ups”, un retorno más a Sheffield, y tras él, “O.U.”, el aterrizaje en el punto de partida, un single de cuando Pulp no eran famosos y Jarvis se extrañaba de que no lo fueran. A partir de ese momento ya no queda sitio más que para la fiesta, un encadenado de éxitos que incluye la impresionante dupla que es “Do You Remember the First Time?” y “Mis-Shapes”; la apuesta permanente por el eurodisco, que es algo que ya nadie recuerda, pero que renace esa misma semana en “Got to Have Love”; “Babies” o lo que es lo mismo la canción que nadie debería no conocer, preludiada por Jarvis al recitar la primera estrofa, esa que me hizo absolutamente necesario peregrinar hace años a Stanhope Road; y finalmente, antes del delicado bis que es “A Sunset”, llega el turno a la esperada “Common People”, que parecen obligados a cantar hasta el final de sus días, como los fabulosos Baker Boys cantaban Feelings en Año Nuevo hasta que Jeff Bridges y Michelle Pfeiffer se conjuraron para no hacerlo. Quizá Jarvis debería hacer como Dylan, que ya no canta “Like a Rolling Stone” si no le da la gana. Y no le da. Dos canciones que tratan de lo mismo, por cierto.
Calles que fueron nuestras, canciones que aún lo son
Ha sido algo más de hora y media. “El mejor día de mi vida… hasta mañana”, ha dicho en algún momento Jarvis Cocker. Quizá esa frase resuma lo que en la práctica significa este doble álbum en directo. Cabe preguntarse si aporta algo a la carrera de Pulp. La respuesta es sí. Si no fuera así, no estarías otra vez en el principio, escuchando la voz de Kelly Macdonald y preparándote para bailar y hacer ruido, sintiéndote vivo después de todos estos años. Como ellos.
JUAN J. VICEDO es autor del libro CALLES QUE FUERON NUESTRAS. El universo musical de Jarvis Cocker, Richard Hawley y Pulp. (Sílex Ediciones, 2019).