Ya está aquí “Lightspheres on Their Way”, el tercer álbum de Lily Seabird. Grabado junto a Garrett Linck en la casa de este último, en la zona rural de Maine, durante los primeros días de 2026, y coproducido por ambos, reúne a Seabird (voz, guitarras, Wurlitzer, piano y harmonium), Linck (bajo, guitarras, EBow, piano), Rick Soszynski (guitarra, bajo y lap steel), Daniel Snyder (harmonium y batería), Eliza Niemi (cello) y Sam Atallah (trompeta). En total, nueve canciones editadas por Lame-O Records que son la continuación a su genial ”Trash Mountain” del año pasado. Se editó en formato físico la semana pasada, pero tendremos que esperar hasta octubre para escucharlo en plataformas. Edita Lame-O Records.
Escucha “Lightspheres on Their Way” de Lily Seabird aquí:
La diferencia respecto a ”Trash Mountain” , disco más áspero, se percibe desde el principio. Seabird no ha abandonado el folk ni el country alternativo, pero parece que quiere aprovechar el tirón y ser más ambiciosa. Ella misma ha hablado de un disco más centrado en los instrumentos, más experimental y ruidoso, con una fuerte presencia de guitarras y una influencia reconocida de Grateful Dead y Ween. Grandes referencias.
“The Pulley” quizás no sea la mejor manera de abrir un disco que contiene algunos de sus momentos más eléctricos. Apenas unas guitarras, un harmonium a lo Nico que respira al fondo y la voz de Seabird suspendida sobre una sucesión de preguntas. ¿Dónde queda la belleza cuando la vida parece haber perdido su equilibrio? La polea a la que hace ilusión el título es una metáfora de nuestra propia existencia. Vivir consiste muchas veces en encontrar la fuerza necesaria para mover aquello que creemos no poder levantar solos. ”Bindlestiff” tiene un aire mucho más campestre y luminoso. El pedal steel de Rick Soszynski intenta ensombrecer la historia sin conseguirlo. La canción habla de esos hombres que se marchan con promesas de regreso que se convierten en otra forma de ausencia.
”Election Day” cambia el paso con un sonido mucho más rockero. Las guitarras se endurecen, Daniel Snyder golpea con contundencia y Soszynski convierte el tema en una tormenta eléctrica. La canción nació, como su propio título indica, en un día de elecciones, aunque su asunto no sea la política sino la angustia de tener que elegir cuando ninguna de las opciones parece buena. Una sensación perfectamente acompañada por un sonido sucio y urgente que busca el de su banda favorita, Dinosaur Jr. ”Pennsy” vuelve a bajar la temperatura, pero no la intensidad. La guitarra acústica y el cello de Eliza Niemi construyen un paisaje cinematográfico, sobre el que Seabird intenta reconstruir recuerdos confusos que no regresan con claridad. Su natal Pensilvania, donde creció, es el marco de todo.
“Portal to the Past” nos trae el sonido de los mejores Neil Young y Crazy Horse, los de la época “Everybody Knows…”. Es una de las canciones centrales del álbum. Sus casi siete minutos de pérdida y amores rotos son de una épica que parece pertenecer a otro tiempo. El cello vuelve a tener un papel fundamental, pero la canción crece poco a poco hasta que las guitarras terminan explotando.
“Blackstar”, escrita en una servilleta durante una gira, comienza en un estado casi absurdo, entre botellas de agua, cansancio y la búsqueda desesperada de un cigarrillo y termina siendo una reflexión sobre la tentación de desaparecer. Un tema experimental que parece realizar una búsqueda tan profunda como la de otra de sus bandas favoritas, Grateful Dead. “Slipswitch” habla de la dureza de las giras y ese momento en el que estás rodeado de gente y solo quieres huir y quedarte a solas. Es la canción más desnuda del álbum, con el Wurlitzer matizando cada nota en medio de una instrumentación que se reduce hasta dejar todo el protagonismo a una voz que consigue sonar cansada.
“The Afterglow” es el tema más pop del conjunto. Con una presencia especialmente hermosa del cello y unos toques de Sam Atallah con la trompeta que la llenan de elegancia. Lily la compuso de una sentada el día que se enteró de la muerte de folk Michael Hurley, está llena de melancolía.
“Lightspheres on Their Way”, la pieza que da título al álbum y que devuelve el harmonium y las guitarras al lugar donde todo había comenzado. La estructura circular no es casual. Seabird ha pensado cuidadosamente el orden del disco, hasta el punto de concebirlo como un círculo que puede empezar y terminar en el mismo punto. Las “lightspheres” son precisamente eso: estrellas, luces, personas, recuerdos, relaciones, cualquier fuerza capaz de iluminar momentáneamente nuestra existencia antes de continuar su viaje. Empieza contenida, pero acaba creciendo hasta convertirse en lo que debería ser un himno en 2026. La letra define perfectamente lo que ha sido el disco: “Bajo esas estrellas del condado de Bucks con sus cigarrillos en la nieve/Con los ojos vidriosos y demasiado perdida, clamando por su dosis diaria de los Dead”.
Lily Seabird ha encontrado una manera de hacer convivir el duelo, la carretera, la ruptura, la memoria, la fe perdida y el placer de tocar en una misma corriente musical. Hay ecos de Neil Young y de Dinosaur Jr. pero también del folk más narrativo y del indie-rock de los noventa, muy en la línea de ese genio llamado Adrianne Lenker, que está marcando a toda una nueva generación con su manera de componer canciones. Lily se coloca con este nuevo disco en el pelotón de cabeza del género.
