El segundo álbum de Brennan recoge canciones que ha ido escribiendo en distintas etapas de su vida y las convierte en un autorretrato sin compasión. Tras debutar hace siete años con el mucho más folk “Holy Water Branch”, la de Minneapolis dobla las apuestas. La producción de Katie Crutchfield (Waxahatchee) y Brad Cook, con Lindsey Jordan (Snail Mail) aportando guitarras en dos temas, nos puede situar bastante. El sonido está en un territorio donde el country alternativo, el grunge y el rock de los noventa comparten espacio sin complejos. Sus canciones pueden recordar a Lucinda Williams pero, también, a Hole. El disco ha sido editado en ANTI Records.
Escucha “Brennan Wedl” de Brennan Wedl aquí:
Wedl llega aquí después de haber formado parte de Dazey and the Scouts, banda de punk queer que encontró una segunda vida viral durante la pandemia, y de haber desarrollado una carrera en solitario en segundo plano. Ha diseñado la etiqueta “grungetry”. Wedl dice que es algo así como el country y el punk compartiendo algo más importante que una colección de sonidos: ambos permiten contar la vida sin embellecerla en exceso. En “Scorpio”, que abre el álbum, ya aparecen la soledad urbana, el deseo, el cansancio y esa sensación de estar interpretando un papel que empieza a quedarte pequeño. La canción tiene un estribillo que se te queda enganchado sin remedio y un trote muy Waxahatchee. “I Know How It Goes” apuesta por un rock afilado más cercano a The Pretenders.
En “Pretty Little Fantasy”, una de las piezas rockeras, la artista arremete contra la imagen de niña correcta y dulce que otros han proyectado sobre ella. Las guitarras de Lindsey Jordan añaden aspereza a una canción que va con todo. “La rosa está entre mis dientes/ Seré tan dulce que te haré sangrar la lengua”. Por otro lado, “High Priestess” se mueve entre la dependencia afectiva y la conciencia de estar volviendo a tropezar con la misma piedra. Frágil y emocional, es una de las canciones más llenas de verdad y que nos convencen ante un talento. Quizás podamos ver aquí cierto toque a Sheryl Crow, una artista con la que le han comparado en ocasiones.
“Tasmanian Devil” es probablemente el corte más retorcido del disco. Sus imágenes de dientes afilados, manzanas, dinero, Jesús y promesas políticas dibujan un paisaje de paranoia pop y crítica social con un sonido que nos lleva al rock de NY. “Just Another Daddy Who Did Me Wrong”, con unas guitarras muy Lou Reed, tiene un título que ya lo dice todo. “¿Es que todavía soy lo suficientemente joven y tonta como para desperdiciar mi amor por ahí?”. Todos hemos construido fantasías alrededor de personas que no están a la altura de ellas, confundiendo pasión con destino. “Let’s Be Models”, mucho más luminosa, es una canción que reivindica el placer de estar vivos sin presupuesto ni planes preconcebidos. “Seamos modelos que no tienen un centavo y viven a la luz de la ciudad “.
En “Airplane Movies” cita a Elton John mientras recuerda que el destino guarda siempre sorpresas. El riff de guitarras que recorre la canción es de lo mejor del disco. “I Wanna Be Your TV” es un ejercicio de orgullo, de querer estar siempre en el pensamiento de un amor. “Fake Cowboy” es una canción especial. Su retrato de una noche en un honky-tonk de Nashville, entre hombres que interpretan versiones de sí mismos, alcohol barato y conversaciones que se deshacen bajo el calor sureño, tiene ese punto de observación irónica que distingue a los buenos narradores. Editada hace un par de años, se ha convertido en una de sus temas bandera, con su irónica mirada cercana a Lucinda Williams. La letra es fantástica, merece la pena leerla mientras suena la canción.
El tramo final mantiene esa combinación de humor y desencanto y lucidez. “2 Dollar Pistol” mira hacia quienes han perdido el rumbo pero todavía conservan el sueño de triunfar en un Nashville hiper competitivo. “June Gloom” se instala en la contradicción de instalarse en una depresión cuando el verano llama a la puerta. Su sonido es el más cercano al country alternativo que se está haciendo un hueco en el mainstream poco a poco. “When The Crazy Comes Out”, con su planteamiento más desnudo, cierra el disco con una preciosa melodía. Como un clásico perdido de Lucinda, se pregunta si alguien será capaz de quedarse contigo cuando desaparezcan las máscaras y aparezca la peor versión de ella misma. “¿Aún me querrás cuando salga la locura?”.
Brennan Wedl puede estar orgullosa. Es un disco muy bien construido, donde las influencias no definen nada. Solo son guías que desencadenan un talento por la composición que está por encima de la media. La producción de Crutchfield y Cook proporciona una base perfecta que permite a Wedl moverse entre los géneros y lograr un sonido contemporáneo en un disco que, con las sucesivas escuchas, va mostrando todas sus aristas.
