Jerid Reed Morris, líder de The Texases, reúne a músicos de Rose Windows y otros colaboradores en ”Boogedy Boogedy Boogedy Shoop”, un disco independiente grabado en Jett Bass Studios, en Windcrest (Texas), entre noviembre y diciembre de 2025. Producido por el propio Morris junto a Nils Petersen, el álbum mezcla pedal steel, fiddle, banjo y guitarras eléctricas con unos arreglos que, en ocasiones, desembocan en el mariachi. La idea es recuperar el country que sonaba en las emisoras estadounidenses durante los noventa, pero pasándolo por el filtro del rock alternativo y un sentido del humor muy peculiar.
Escucha “Boogedy Boogedy Boogedy Shoop” de Very Old Morris aquí:
“Howdy Arabia” abre el disco como un western delirante. Guitarras eléctricas y violines acompañan una letra repleta de imágenes absurdas, referencias a Texas y dardos contra variados tópicos del mainstream country. Morris conoce bien los códigos del género y se divierte retorciéndolos. Lo demuestra en “Might As Well Get Drunk”. Empieza como una típica canción de saloon y acaba convertida en una historia de soledad y destrucción. “Ese whisky que tienes en la mano es lo único a lo que te queda por aferrarte ahora/ No te va a devolver el amor, ni te acompañará cuando envejezcas”.
En “That’s No Way To Act” aparecen guitarras de jangle pop que remiten a Gin Blossoms, añadiendo variedad al disco. “Childress” cuenta la huida de un pueblo con ese nombre tras un mal divorcio. Y es que, “amigo, aquí en Childress, la cosa/ está bastante sombría, debo admitirlo”. La combinación de country tradicional y guitarras indie funciona gracias a unas canciones muy bien construidas.
Morris tiene oído para las melodías y sabe cuándo dejar que el fiddle y la pedal steel sostengan una canción y cuándo permitir que las guitarras eléctricas se desparramen por el arcén. Algo que podemos ver en “Ladies’ Darts Night” o “Girl’s Gone Wild”. Dos canciones que me recuerdan un poco a los sonidos de Susto y que siguen llenas de ironía. Empezar una canción con los versos “Gram Parsons murió con un cubito de hielo/ Derritiéndose donde no llega el sol” demuestra conocimiento de la historia y mucha osadía.
Las versiones terminan de perfilar el carácter del disco. “16 Maybe Less”, de Iron & Wine y Calexico, adquiere una delicadeza sombría gracias al gran trabajo vocal de Jordan Bryant. Pero la que nos deja sorprendidos es la relectura del “Thirty-Three”, de Smashing Pumpkins, transformada en un country canónico con banjo y un impresionante remate con mariachis. ¿Qué pensará Billy Corgan de semejante experimento? De todas formas, lo que podría quedarse en una ocurrencia acaba encajando en la lógica de un álbum que disfruta desmontando fronteras entre géneros.
“Long Oval” cierra el álbum abordando la fallida relación entre un padre y un hijo. La herencia familiar no es más que una mochila sentimental demasiado pesada y un viejo sombrero. Otra referencia a los tópicos del country que intenta parodiar en un disco lleno de guiños nostálgicos para los que crecimos con el rock alternativo de los 90. ¡Hasta aparece el mítico “Parental Advisory- Explicit Content”! Uno de esos discos que parecen modestos pero que crecen con las escuchas. A veces, las anomalías consiguen alumbrar el camino con una brillantez inesperada.
