Joy Oladokun carga con el peso de la esperanza en un disco que mira de frente al desorden de estos tiempos sin renunciar a buscar una salida. ”Hope Is A Heavy Thing”, publicado por Concord Records, vuelve a cruzar folk, soul, pop y ritmos africanos en doce canciones producidas por la propia Oladokun junto al nigeriano Spellz. La estadounidense lleva tiempo haciendo equilibrios entre la confesión íntima y el comentario social, pero aquí es más reivindicativa que nunca. Hay demasiadas cosas desmoronándose como para seguir fingiendo que todo va bien.
Escucha “Hope Is A Heavy Thing” de Joy Oladokun aquí:
“Raised By The Radio (A Reintroduction)” abre con guitarras luminosas y una mirada hacia las canciones que nos han acompañado desde pequeños. La música como refugio, como educación sentimental y también como posible escondite. Oladokun conoce bien esa doble cara: poner un disco puede salvarte la tarde, pero no va a arreglar el mundo cuando se termine. De ahí la denuncia de “Dear Maria” , sobre ver hundirse el mundo por televisión en un small town. Una canción que florece entre armonías de inspiración gospel y ritmos casi hip hop. Mientras, “Easy Company” se mueve sobre un ritmo sincopado que remite al afrobeat. La influencia de Fela Kuti se cuela en una canción que invita a bailar con el desastre al otro lado de la ventana.
“Kind” baja las revoluciones y deja que la voz haga su trabajo. Oladokun canta sobre la bondad, pero con resiliencia. No podemos dejar que los demás hagan contigo lo que quieran. Es una muestra más de un álbum que sobrevuela siempre el desgaste emocional. “TOGIAIM” se acerca al mainstream country. No olvidemos que ha colaborado con Dolly Parton o Chris Stapleton y que ha sido telonera de Jason Isbell o Tyler Childers. “Sage”, dueto con Adekunle Gold, encuentra la conexión entre las raíces nigerianas de Oladokun y su identidad estadounidense.
“The End Of The World” es una de las canciones más inmediatas. En la música, un guiño a la interpretación del himno americano por parte de Hendrix. Mientras, en la letra, su particular visión de la pandemia. En “Zombie”, la producción se acerca al pop para cantar la extrañeza de alguien que observa cuanto sucede a su alrededor con una mezcla de fascinación, impotencia y extrañeza. ¿Por qué todas las vidas parecen luminosas cuando no hay motivos para ello? El postureo en redes, una enfermedad sin solución. “Toothache” se apoya en un ritmo más ágil para hablar de alguien que incomoda a los demás con una rabia mal canalizada. A veces, el enfado y el miedo pueden convertirse en una forma de relacionarse con el mundo.
“Don’t Call Me Baby!” es una de esas baladas definitivas. Su reivindicación del amor sencillo y verdadero la convierte en un clásico instantáneo. Una temática parecida tiene “Die Young”. Es mejor envejecer con relativa felicidad que quemarlo todo en unos años. Y es que el tiempo es un río que, al final, limpia todas las heridas. Eso canta en “Time Is A River”, que cierra el disco con esa reflexión.

Oladokun se mueve con comodidad entre el pop, el americana, el soul y los ritmos africanos, pero un sonido demasiado convencional resta fuerza en algunos momentos. Es una interprete extraordinaria, pero quizás sacaría lo mejor de sí con otro tipo de producción. Si siguiera los pasos del excelente “Sweet Symphony” que grabó hace unos años con Chris Stapleton y se enfocara a sonidos más orgánicos, el resultado podría ser espectacular.